Daniela no durmió un solo minuto aquella noche.
Reprodujo el video una y otra vez hasta memorizar cada movimiento de la mano de Elvira dejando caer las cuatro gotas dentro de la taza.
No podía presentar aquella grabación sin asegurarse de que todo encajara.
A la mañana siguiente llevó el residuo del café a un laboratorio privado y, antes de regresar, llamó a la única persona en quien todavía confiaba.
—Claudia, necesito verte. Hoy mismo.
Claudia Romero era la abogada que había redactado el testamento de la abuela de Daniela años atrás.
Cuando vio el video, permaneció en silencio durante varios segundos.
—No hagas ninguna acusación todavía. Primero revisaremos el poder notarial y el Registro Público.
Dos horas después, ambas salieron de la oficina con el rostro completamente serio.
El poder seguía vigente.
Pero eso no era lo peor.
Mauricio había solicitado información para hipotecar el departamento utilizando documentos que afirmaban falsamente que Daniela aceptaba garantizar una deuda cercana al millón de pesos contraída por Iván.
—Si esto se firma, perderás la casa aunque jamás hayas pedido ese préstamo —explicó Claudia.
Daniela sintió que las piernas dejaban de responderle.
Toda su herencia estaba siendo utilizada para rescatar a un hombre que nunca había trabajado más de tres meses seguidos.
Esa misma tarde decidió instalar una segunda cámara.

Esta vez dentro del estudio donde Mauricio guardaba sus documentos.
No tuvo que esperar demasiado.
Apenas salió a comprar pan con Mateo, la cámara registró a Mauricio abriendo una caja metálica.
Sacó las escrituras originales, varias copias certificadas y un expediente con una etiqueta que decía:
“Hipoteca – Garantía Daniela Ruiz.”
Entonces apareció Elvira.
—Cuando la internen una semana, todo estará firmado antes de que salga.
Mauricio dudó.
—¿Y si descubre algo?
—Con la presión como la tiene, nadie le creerá. Dirán que está confundida por los medicamentos.
Daniela dejó de respirar por un instante.
Aquello ya no era una sospecha.
Era un plan perfectamente organizado.
Claudia escuchó toda la grabación esa misma noche.
Después sonrió con una tranquilidad inesperada.
—Ahora sí tenemos lo suficiente.
—¿Qué hacemos?
La abogada cerró la carpeta roja que acababa de preparar.
—Nada.
—¿Nada?
—Mañana invítalos a desayunar.
—¿Después de todo esto?
—Sí. Que se sienten frente a ti creyendo que todavía controlan la situación.
Daniela levantó lentamente la mirada.
Por primera vez desde que comenzó aquella pesadilla, dejó de sentir miedo.
Porque ellos todavía pensaban que las escrituras seguían escondidas en la caja metálica.
Sin embargo, unas horas antes, Claudia ya las había sustituido por otra carpeta.
Una carpeta llena de copias sin valor… y una citación judicial que Mauricio aún no había abierto.
La parte 3 está en los comentarios.