Nadie se atrevió a romper el silencio.
Doña Teresa permanecía inmóvil mirando a su nieta.
Las palabras de Sofía habían caído como un rayo en medio de la sala.
Mateo frunció el ceño.
—¿Qué quisiste decir con eso, hija?
La pequeña señaló una vieja fotografía colocada sobre el aparador.
En ella aparecían sus abuelos muchos años atrás.
—Cuando fui a dormir con la abuela, abrió un cajón buscando una cobija.
Todos siguieron la dirección de su dedo.
—Allí había una foto del abuelo llorando.
Doña Teresa perdió el color del rostro.
—¡Eso no tiene nada que ver!
Pero Sofía continuó hablando.
—También encontré unas cartas.
Lucía miró sorprendida a la niña.
—¿Qué cartas?
—Las escribió el abuelo.

Mateo sintió un escalofrío.
Su padre había fallecido hacía cinco años.
Sofía habló con la inocencia de quien solo cuenta lo que vio.
—Decían que quería ahorrar para comprar una casita, pero la abuela siempre le quitaba todo el dinero.
Doña Teresa levantó la voz.
—¡Era mentira! ¡Tu abuelo era un irresponsable!
—No mientas, mamá.
La voz grave de un hombre se escuchó desde la puerta.
Todos giraron al mismo tiempo.
Era Roberto, el hermano mayor de Mateo.
Llevaba una carpeta vieja bajo el brazo.
Nadie lo esperaba.
Se acercó lentamente hasta la mesa y dejó la carpeta frente a todos.
—Papá me pidió que nunca la abriera mientras tú vivieras con él.
Abrió el primer documento.
Era un cuaderno escrito con la letra del abuelo.
En la primera página podía leerse:
“Si algún día mis hijos descubren esto, sabrán que nunca fui un mal padre. Solo fui un hombre al que le quitaron el derecho de decidir sobre el dinero que ganaba.”
Mateo sintió un nudo en la garganta.
Roberto pasó varias páginas.
Había recibos de sueldo.
Transferencias.
Préstamos.
Y anotaciones detalladas durante más de veinte años.
Cada mes aparecía la misma frase.
“Teresa retiró todo mi salario.”
Lucía levantó lentamente la mirada hacia su suegra.
—Así que por eso insiste en controlar el dinero de Mateo.
Era lo único que había hecho toda su vida.
Doña Teresa comenzó a llorar.
—¡Lo hice por esta familia!
Roberto negó con tristeza.
—No.
Sacó una última hoja de la carpeta.
Era el testamento del abuelo.
Mateo lo leyó rápidamente.
Después levantó la vista, completamente desconcertado.
—Papá dejó toda su herencia…
Miró a Roberto.
—…a nombre de Sofía.
La pequeña abrió mucho los ojos.
—¿A mí?
Antes de que alguien pudiera reaccionar, llamaron con fuerza a la puerta.
Un notario entró acompañado por dos agentes judiciales.
Buscó directamente a Doña Teresa.
—Señora Teresa, venimos a ejecutar una resolución relacionada con una investigación patrimonial.
La anciana comenzó a temblar.
—¿Qué investigación?
El notario abrió una carpeta y respondió con serenidad.
—Han aparecido nuevas pruebas que indican que la herencia de su esposo nunca le perteneció legalmente… y que durante más de veinte años ocultó un segundo testamento firmado por él.
Comenta “Sí” si quieres leer la parte 3. 👇😢