PARTE 2: EL VIDEO DE LA ESCALERA.

La ambulancia llegó en menos de cinco minutos.

Carlos no soltó mi mano en ningún momento.

Mientras los paramédicos me colocaban sobre la camilla, señalé débilmente a Sofía.

—Por favor…

No la lastimen.

Ella no quiso hacerlo…

Mi voz se apagó antes de terminar la frase.

Carlos giró lentamente hacia Sofía.

Sus ojos estaban llenos de una furia que ella jamás le había visto.

—No vuelvas a acercarte a ella.

Sofía permanecía inmóvil.

Las flores seguían esparcidas sobre el mármol.

—Carlos…

Acabo de regresar del jardín.

No sé qué pasó.

Él ni siquiera respondió.

Las puertas de la ambulancia se cerraron.


Esa misma noche.

Toda la familia esperaba noticias en el hospital.

Mi madre no dejaba de llorar.

Mi padre caminaba de un lado a otro.

Sofía seguía intentando explicar lo ocurrido.

—Revisen las cámaras.

Yo no estaba dentro de la casa.

Mi padre levantó la vista.

—¿Qué cámaras?

El jefe de seguridad palideció.

—Las de la escalera…

Hace tres días dejaron de funcionar.

Carlos sintió un escalofrío.

—¿Cómo que dejaron de funcionar?

El hombre bajó la cabeza.

—Alguien cortó el sistema principal.

El silencio fue absoluto.

Sofía comenzó a desesperarse.

—¡Yo no hice nada!

—¿Y quién más tenía acceso? —preguntó Carlos.

Nadie respondió.


Mientras tanto, en mi habitación del hospital, abrí lentamente los ojos.

Estaba sola.

Sonreí apenas.

Todo estaba saliendo exactamente como lo había planeado.

Saqué un segundo teléfono escondido entre las cobijas.

Marqué un número.

—¿Todo salió bien? —preguntó una voz masculina.

—Mejor de lo esperado.

—¿Él le creyó?

Miré por la ventana.

—Completamente.

—¿Y Sofía?

Cerré los ojos.

—Ya comenzó a perderlo todo.

Colgué la llamada.

No sabía que alguien había permanecido detrás de la puerta durante toda la conversación.

Carlos.

Había regresado para traerme mi cargador.

Y acababa de escuchar cada una de mis palabras.

No abrió la puerta.

No hizo ruido.

Solo activó la grabadora de su teléfono.

Su expresión cambió por completo.

Por primera vez comprendió que Sofía podía estar diciendo la verdad.

Pero aún necesitaba pruebas.

A la mañana siguiente regresó a la mansión.

No habló con nadie.

Fue directamente al cuarto de vigilancia.

—Muéstrame los discos duros de las cámaras.

El técnico negó lentamente.

—Señor…

Los archivos de la escalera fueron borrados.

Carlos permaneció en silencio unos segundos.

—¿Borrados… o reemplazados?

El técnico abrió el sistema de respaldo.

Comenzó a revisar los registros digitales.

Después de unos minutos frunció el ceño.

—Esto es extraño.

Carlos se acercó.

—¿Qué encontraste?

El hombre amplió la pantalla.

—El video del accidente fue eliminado…

Pero alguien olvidó borrar los registros del sensor de movimiento.

Marcó la línea de tiempo.

—Según estos datos…

La señorita Sofía estaba en el jardín exactamente cuando ocurrió la caída.

Carlos dejó de respirar.

Eso significaba que ella no podía haber empujado a nadie.

Sin embargo, había otro dato que llamó la atención del técnico.

—Hay alguien más.

Carlos observó la pantalla.

—¿Quién?

El técnico señaló una segunda activación.

—Cinco minutos antes del accidente…

La propia señorita Elena subió sola a la escalera.

Y durante los siguientes cuarenta segundos…

No hubo ningún otro movimiento.

Carlos sintió que el mundo se detenía.

Porque aquellos registros demostraban una posibilidad aterradora.

Nadie había empujado a Elena.

Ella había permanecido completamente sola… justo antes de caer por las escaleras.

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