La mano de Doña Elena quedó suspendida en el aire.
Sofía sostuvo el teléfono con firmeza.
Por primera vez desde que entró a aquella casa, dejó de temblar.
—Antes de decir una sola mentira sobre mí… será mejor que todos vean esto.
Mateo la miró confundido.
Ella pulsó el botón de reproducción.
La voz de Doña Elena llenó la sala.
—No dejes que Mateo vea los moretones.
—Si preguntas, di que te caíste.
—En esta casa se hace lo que yo ordeno.
El video había sido grabado semanas antes.
La imagen mostraba a Doña Elena sujetando con fuerza el brazo de Sofía mientras la obligaba a repetir que nunca contaría nada a su esposo.
El silencio fue absoluto.
El color desapareció del rostro de Doña Elena.
—Eso… está sacado de contexto.
Sofía negó lentamente.
—Todavía no termina.
El video continuó.
Ahora aparecía la cocina.
Doña Elena arrojaba al suelo el plato de comida de Sofía.
—Una nuera primero sirve a la familia.
Después, si sobra algo, come.
Mateo sintió un nudo en la garganta.
Recordó todas las veces que Sofía decía no tener hambre.
Todas las ocasiones en que su madre aseguraba que ella estaba haciendo dieta.
Todo era mentira.
La grabación siguió avanzando.

Se veía claramente cómo Doña Elena escondía las vitaminas prenatales que el médico había recetado.
—No las necesita.
Las mujeres de antes teníamos hijos sin tantos cuidados.
Mateo cerró los ojos con rabia.
—¿También hiciste eso?
Su madre intentó acercarse.
—Hijo, yo solo quería educarla.
—No.
La voz de Mateo fue más fría que nunca.
—Querías controlarla.
Doña Elena comenzó a llorar.
—Todo lo hice por ti.
—No quería que esa mujer te alejara de mí.
Mateo dio un paso atrás.
—Fuiste tú quien me alejó.
Tomó la maleta de Sofía.
—Nos vamos.
Cuando llegaron a la puerta, Doña Elena gritó desesperada.
—¡Si cruzan esa puerta, no vuelvan nunca!
Mateo no respondió.
Abrió la puerta y salió junto a su esposa.
Pero apenas llegaron al automóvil, el teléfono de Sofía comenzó a sonar.
Era un número desconocido.
Contestó.
Una voz masculina habló con rapidez.
—¿La señora Sofía?
—Sí.
—Llamo del despacho del licenciado Arturo Ferrer.
Necesitamos verla hoy mismo.
Encontramos documentos relacionados con la sucesión del señor Ricardo Salazar.
Sofía frunció el ceño.
—No conozco a ningún Ricardo Salazar.
Hubo un breve silencio.
—Según estos documentos…
…era su padre biológico.
Sofía quedó inmóvil.
Había crecido creyendo que era huérfana desde los tres años.
Nunca conoció a su familia.
Nunca supo de dónde venía.
El abogado continuó.
—Y hay algo más.
La persona que durante veinte años administró la herencia que debía recibir…
…es la misma mujer que hoy aparece en ese video.
Mateo giró lentamente hacia su madre, que seguía de pie en la puerta de la casa.
Por primera vez comprendió que los maltratos quizá nunca habían sido solo por crueldad.
Tal vez Doña Elena llevaba décadas ocultando un secreto capaz de destruir a toda la familia.