PARTE 2: LA CARPETA LLAMADA “PRUEBAS”.

A la mañana siguiente, Valeria llegó a la sala de juntas treinta minutos antes que el resto del equipo.

Colocó su computadora sobre la mesa.

Respiró hondo.

No había dormido más de dos horas.

Poco después entraron Mauricio y Fernanda.

Él sonreía como si nada hubiera ocurrido.

—Buenos días.

Espero que hoy podamos comportarnos como profesionales.

Valeria levantó apenas la vista.

—Eso espero.

Fernanda evitó mirarla.

Llevaba un abrigo nuevo.

No el de Mauricio.

Las conversaciones comenzaron cuando llegaron los representantes del cliente.

Era el contrato más importante del año para la empresa.

Si el proyecto se aprobaba, supondría una expansión nacional.

Mauricio tomó la palabra.

—Como director comercial, quiero presentar a quien será la futura responsable del proyecto.

Señaló a Fernanda.

—Ella ha demostrado un talento extraordinario.

Valeria permaneció inmóvil.

Aquellas diapositivas.

Los planos.

El presupuesto.

Incluso el cronograma.

Todo era exactamente el trabajo que ella llevaba desarrollando durante ocho meses.

Solo habían cambiado el nombre de la autora.

Uno de los inversionistas frunció el ceño.

—Pensé que este proyecto pertenecía a la arquitecta Valeria Ortega.

Mauricio respondió sin titubear.

—Ella colaboró al principio.

Pero la mayor parte del trabajo la realizó Fernanda.

Valeria cerró lentamente su computadora.

Después abrió una carpeta azul.

En la portada solo había una palabra.

PRUEBAS.

—Antes de continuar…

Creo que el comité debería ver algo.

Conectó una memoria al proyector.

La primera imagen mostró el historial completo del proyecto.

Cada plano.

Cada modificación.

Cada versión.

Todas registradas automáticamente durante ocho meses.

El nombre del autor aparecía una y otra vez.

Valeria Ortega.

Las fechas eran irrefutables.

Después aparecieron los correos electrónicos.

Más de doscientas conversaciones donde Mauricio le pedía terminar informes durante las noches.

Solicitaba cambios urgentes.

Le agradecía haber salvado reuniones con clientes.

Y en varios mensajes escribía claramente:

“Necesito que lo hagas tú porque Fernanda todavía no sabe.”

El salón quedó en absoluto silencio.

Mauricio comenzó a ponerse nervioso.

—Eso no demuestra…

Valeria cambió de archivo.

Ahora apareció el video del autobús.

Se veía claramente cómo Mauricio entregaba su chamarra a Fernanda.

Cómo le cedía el asiento número siete.

Y cómo exigía que Valeria fuera quien renunciara al suyo.

Después sonó el audio.

—Eres directora, mi prometida y una mujer madura.

¿No puedes ser un poco generosa?

Nadie dijo una palabra.

Uno de los socios cerró lentamente su carpeta.

—¿Todo esto ocurrió ayer?

—Sí —respondió Valeria.

Entonces abrió el último archivo.

Era una carpeta con documentos bancarios.

—Y esto ocurrió durante los últimos dos años.

Mauricio dejó de respirar.

Ella proyectó decenas de transferencias.

Pagos de hoteles.

Boletos de avión.

Restaurantes.

Compras de ropa.

Todo realizado con la tarjeta corporativa asignada exclusivamente para gastos del proyecto.

Las facturas coincidían exactamente con los días en que Mauricio aseguraba estar “visitando clientes”.

El director financiero tomó una copia.

—Estas operaciones nunca fueron autorizadas.

Mauricio dio un paso adelante.

—Puedo explicarlo.

Valeria negó con calma.

—Todavía falta una prueba.

Sacó un pequeño sobre.

Dentro estaba el contrato prenupcial que Mauricio se había negado a firmar durante meses.

Sobre la primera página había una nota escrita por él de su propio puño y letra.

“No firmes todavía. Después de la boda todo será de los dos.”

Valeria sonrió por primera vez.

—Incluyendo mi patrimonio.

El presidente del consejo se puso de pie.

Miró a Mauricio durante varios segundos.

—Queda suspendido de inmediato mientras inicia la investigación interna.

Dos miembros del área jurídica se acercaron.

Fernanda rompió a llorar.

—Yo no sabía nada.

Valeria la miró con serenidad.

—Eso lo decidirá la investigación.

Cuando Mauricio intentó salir de la sala, uno de los abogados recibió una llamada urgente.

Escuchó unos segundos y levantó lentamente la vista.

—Acaba de llegar una denuncia presentada esta madrugada.

Mauricio frunció el ceño.

—¿Qué denuncia?

El abogado dejó el teléfono sobre la mesa.

—No la presentó la señorita Valeria.

La presentó otra exempleada de la empresa.

Y afirma que hace tres años ocurrió exactamente lo mismo que con Fernanda… solo que aquella vez la joven renunció después de negarse a encubrir un fraude financiero.

Toda la sala quedó en silencio.

Porque aquella mujer acababa de enviar un archivo con cientos de mensajes, fotografías y grabaciones… que demostraban que Mauricio llevaba años utilizando el mismo método con cada nueva becaria que entraba a la empresa.

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