PARTE 2: LA CARTA QUE LO CAMBIABA TODO.

La puerta aún vibraba por el golpe cuando el silencio terminó de romper lo poco que quedaba de su corazón.

Elena permaneció inmóvil entre el vapor de la habitación.

Durante varios segundos no lloró.

Solo respiró.

Lenta.

Profundamente.

Después levantó la vista hacia el antiguo armario de madera donde su madre siempre guardaba los documentos importantes.

Algo dentro de ella le decía que todavía faltaba una pieza de aquel rompecabezas.

Abrió el último cajón.

Entre fotografías antiguas y un pañuelo bordado apareció un sobre amarillento con una única inscripción escrita a mano.

“Entrégaselo únicamente si él regresa.”

Su pulso comenzó a acelerarse.

Reconoció inmediatamente la caligrafía.

Era la letra de su madre.

Rompió el sello con manos temblorosas.

Dentro encontró una carta y una fotografía tomada muchos años atrás en aquellas mismas aguas termales.

En la imagen aparecía su madre sonriendo junto a otra mujer.

Y entre ambas había un niño de apenas ocho años.

Era él.

Pero no estaba solo.

A su lado aparecía otra pequeña niña.

Era ella.

Elena sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Nunca había visto aquella fotografía.

Nunca.

Abrió la carta.

“Si algún día lees esto, significa que alguien convirtió nuestros recuerdos en un arma.”

Las lágrimas comenzaron a caer sobre el papel.

“Ese niño jamás fue tu enemigo.”

El corazón de Elena latía con violencia.

“Su madre y yo prometimos proteger a nuestros hijos del mismo hombre.”

Ella dejó escapar un suspiro entrecortado.

¿El mismo hombre?

Continuó leyendo.

“Si alguna vez él te habla de las termas, escúchalo hasta el final. Solo ustedes dos conocen una parte de la verdad.”

Elena recordó inmediatamente la frase.

“Los juegos son tu familia.”

Siempre creyó que era una manipulación.

Pero ahora…

¿Y si aquella frase había tenido otro significado?

En ese instante sonó su teléfono.

Era un número desconocido.

Contestó con desconfianza.

—¿Señora Elena?

—Sí.

—Habla el notario Fuentes.

Necesito verla de inmediato.

Su madre dejó un testamento complementario que debía entregarse únicamente después de que usted descubriera la verdad sobre las termas.

Elena quedó completamente inmóvil.

—¿Qué contiene?

El notario guardó unos segundos de silencio.

—Las pruebas de quién ordenó realmente la muerte de su madre.

El aire abandonó sus pulmones.

—¿Quién fue?

La respuesta llegó con una calma devastadora.

—No fue el hombre al que usted acaba de acusar.

Antes de que pudiera reaccionar, la llamada se cortó.

Al mismo tiempo, al otro lado de la ciudad, él observaba la lluvia desde el asiento trasero de un automóvil negro.

Su escolta recibió un mensaje y palideció.

—Señor…

Él levantó la vista.

—¿Qué ocurre?

El escolta tragó saliva.

—Alguien llegó primero al despacho del notario.

Y se llevó el único documento capaz de demostrar quién ha estado manipulando sus vidas durante más de veinte años.

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