PARTE 2 – LA CARTA REVELÓ POR QUÉ LA ABUELA VIVÍA ATERRORIZADA

Marta tomó el papel arrugado de las manos de su hijo.

Su esposo intentó arrebatárselo.

—Dámelo ahora mismo.

—No —respondió ella—. Esta vez voy a leerlo.

La abuela seguía sentada frente al plato intacto.

Había dejado de temblar.

Por primera vez aquella noche, miraba al hombre sin bajar la cabeza.

Marta desdobló la carta.

La tinta estaba descolorida y algunas palabras apenas podían distinguirse.

En la parte superior aparecía una fecha de doce años atrás.

Era el día anterior a la muerte de su padre.

Marta sintió que el pecho se le cerraba.

—¿Por qué tenías esto escondido?

El hombre no respondió.

Ella comenzó a leer en voz alta.

“Querida hija, si recibes esta carta significa que no pude contarte personalmente lo que descubrí sobre tu marido.”

Marta se quedó inmóvil.

Su hijo se acercó a ella.

La carta continuaba.

“Él no entró en nuestra familia por amor. Desde el principio buscaba las escrituras de la casa y las cuentas de tu madre.”

El rostro del hombre perdió todo el color.

—Tu padre estaba confundido —murmuró—. No sabía lo que escribía.

La abuela golpeó la mesa con la palma.

—Sabía perfectamente lo que decía.

Marta la miró sorprendida.

La anciana señaló a su yerno.

—La noche en que murió tu padre, este hombre estuvo en su habitación.

El silencio se volvió insoportable.

—Mamá, siempre dijiste que papá falleció mientras dormía.

—Porque él me amenazó.

La abuela comenzó a llorar.

Contó que aquella noche escuchó una discusión.

Su esposo había descubierto documentos falsificados y quería denunciar a su yerno.

Horas después apareció muerto junto a una taza de té.

El médico de la familia certificó una causa natural sin realizar más preguntas.

—Yo vi cómo escondía el frasco —dijo la anciana—. Pero me aseguró que te quitaría a tu hijo si hablaba.

Marta retrocedió horrorizada.

—Eso es mentira —gritó el hombre—. La vieja ya no sabe lo que dice.

Entonces el niño sacó otro objeto de su bolsillo.

Era un pequeño teléfono.

—Anoche te grabé.

Reprodujo el audio.

La voz de su padre llenó la cocina.

“Cuando la anciana firme, venderemos la casa. Después la enviaremos lejos, igual que hicimos con el viejo.”

Marta se llevó una mano a la boca.

Su esposo se lanzó hacia el niño.

Pero la puerta principal se abrió de golpe.

Dos policías entraron acompañados por una mujer con una carpeta negra.

—Señor, aléjese del menor —ordenó uno de los agentes.

La desconocida se presentó como investigadora de delitos patrimoniales.

Sobre la mesa colocó copias de transferencias, firmas falsas y el expediente médico del padre de Marta.

—Recibimos una denuncia anónima esta mañana —explicó—. Alguien nos entregó pruebas guardadas durante doce años.

Marta miró a su madre.

—¿Fuiste tú?

La anciana negó lentamente.

La investigadora abrió la carpeta.

—La denuncia fue presentada por el médico que firmó el certificado de defunción.

El hombre comenzó a correr hacia la puerta trasera.

Los agentes lo detuvieron antes de que pudiera escapar.

Cuando lo esposaban, miró a la abuela con odio.

—Tú todavía no sabes toda la verdad.

La anciana se puso de pie.

—Sí la sé.

Se volvió hacia Marta con lágrimas en los ojos.

—La carta que tienes no fue escrita para ti.

Marta observó nuevamente el papel.

Debajo de su nombre aparecía una línea que no había visto.

“Cuando Marta descubra la verdad, dile que el hombre al que llama padre sigue vivo.”

Lee la Parte 3.

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