Parte 2: LA MEMORIA USB QUE LOS HUNDIÓ

La sala permaneció en un silencio absoluto.

Mariana observó a Daniel sin apartar la mirada.

—¿Tú sabías?

Él bajó la cabeza.

—Sí.

Aquella única palabra pesó más que cualquier grito.

Beatriz cruzó los brazos con una sonrisa de superioridad.

—Ya basta de dramatizar. Tus padres no podían seguir viviendo en un departamento tan grande mientras nosotros necesitábamos ese dinero.

Octavio deslizó el contrato sobre la mesa.

—Firma y terminemos con esto.

Mariana ni siquiera tocó los papeles.

Abrió lentamente su portafolio.

Sacó una carpeta azul.

Después dejó sobre la mesa las escrituras originales.

—El departamento sigue inscrito legalmente a nombre de mi padre.

Octavio sonrió con suficiencia.

—Eso puede cambiar.

Mariana levantó una ceja.

—No cuando cada movimiento queda registrado en el Registro Público.

Beatriz soltó una carcajada.

—Siempre encuentras excusas.

—No son excusas.

Mariana sacó el teléfono.

—Ya pedí una certificación electrónica hace una hora.

La pantalla mostró el documento oficial.

Propietario: Roberto Salgado.

Sin gravámenes.

Sin compraventas.

Sin poderes notariales inscritos.

La sonrisa de Octavio desapareció por primera vez.


—¿Entonces cómo entraron al departamento? —preguntó Mariana.

Nadie respondió.

—¿Quién cambió las chapas?

Silencio.

—¿Quién entregó las llaves a esa familia?

Daniel cerró los ojos.

—Fue Octavio.

Beatriz giró furiosa hacia su esposo.

—¡Cállate!

Pero ya era demasiado tarde.


Mariana abrió otro compartimento de su portafolio.

Sacó una pequeña memoria USB.

Negra.

Sin etiquetas.

La colocó frente a Octavio.

Él perdió inmediatamente el color.

—¿De dónde sacaste eso?

Mariana sonrió apenas.

—Del escritorio de mi padre.

El hombre tragó saliva.

—No sabes lo que contiene.

—Al contrario.

Levantó la memoria entre los dedos.

—Lo revisé durante el vuelo de regreso.

Daniel la miró confundido.

—¿Qué hay ahí?

Mariana respiró profundamente.

—Todo.


Conectó la memoria al televisor del salón.

Apareció una carpeta.

Luego otra.

Después decenas de documentos escaneados.

Poderes notariales.

Identificaciones.

Contratos de compraventa.

Firmas.

Sellos.

Beatriz comenzó a inquietarse.

—¿Qué significa eso?

Mariana abrió uno de los archivos.

Era un contrato de compraventa del departamento.

Como vendedor aparecía Roberto Salgado.

Pero la firma era grotescamente distinta.

Luego abrió otro documento.

Y otro.

Y otro más.

Todos tenían exactamente la misma falsificación.

Daniel observaba incrédulo.

—Eso no puede ser…

Mariana abrió el último archivo.

Era un video.

Grabado con una cámara oculta.

Octavio aparecía sentado frente a un escritorio.

A su lado había un hombre con uniforme de notaría.

—Con esta firma basta.

—¿Y si el dueño reclama?

Octavio soltó una risa.

—Cuando se dé cuenta, el inmueble ya tendrá otro propietario.

El notario dudó.

—Eso es un delito.

Octavio dejó un sobre lleno de dinero sobre la mesa.

—Llámalo un trámite acelerado.

El video terminó.

La sala quedó completamente muda.


Daniel dio un paso hacia atrás.

Miró a su madre.

—¿Sabías esto?

Beatriz evitó responder.

—¡Contéstame!

Ella respiró agitadamente.

—Solo quería ayudar a la familia.

—¡Falsificando documentos!

Octavio intentó levantarse.

—Esto está sacado de contexto.

Mariana ya había tomado nuevamente la memoria.

—No.

Sacó el teléfono.

Marcó un número.

—Licenciado Herrera.

Hizo una breve pausa.

—Sí.

Encontré todo.

Escuchó unos segundos.

Después respondió con calma.

—Puede entrar.

Todos se volvieron hacia la puerta.

Tres segundos después sonó el timbre.

No era un abogado.

Eran cuatro agentes de la Fiscalía Especializada en Delitos Patrimoniales.

El comandante mostró una orden.

—Octavio Rivas.

El hombre retrocedió.

—¿Qué significa esto?

—Queda detenido por su probable participación en los delitos de fraude inmobiliario, falsificación de documentos, despojo y asociación delictuosa.

Beatriz comenzó a gritar.

—¡Esto es un abuso!

Uno de los agentes abrió otra carpeta.

—Señora Beatriz…

La miró fijamente.

—Su nombre también aparece en la investigación.

Daniel sintió que las piernas le fallaban.

—¿Investigación?

El comandante asintió.

La memoria USB no contiene únicamente documentos del departamento de los padres de la señora Mariana. Contiene registros de treinta y siete propiedades más, todas obtenidas mediante el mismo esquema de falsificación. La Fiscalía llevaba dos años buscando al responsable… sin saber que la prueba definitiva había permanecido escondida dentro del escritorio de un maestro jubilado que nunca imaginó haber guardado el archivo que podía desmantelar toda una red criminal.

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