PARTE 2: LA NOCHE QUE CAMBIÓ NUESTRAS VIDAS.

Los pedazos del cheque seguían cayendo sobre el piso de mármol.

Ninguno de los dos se movió.

El magnate observaba a Mateo como si acabara de aparecer un fantasma.

Después de varios segundos consiguió hablar.

—Sal de mi oficina.

Mateo negó con tranquilidad.

—Llevo cinco años intentando hacerlo.

Aquellas palabras atravesaron el silencio como una cuchilla.

El empresario cerró los ojos un instante.

Cinco años.

Cinco años fingiendo que aquella noche nunca había existido.

Cinco años convenciéndose de que solo había sido un error provocado por el alcohol, la rabia y una reunión de negocios que terminó demasiado tarde.

Mateo dio un paso más.

—Fuiste tú quien me buscó al día siguiente.

El hombre respiró con dificultad.

—Basta.

—Me dijiste que olvidaríamos todo.

—¡Basta!

El grito retumbó en el despacho.

Mateo permaneció sereno.

—Lo intenté.

Me fui de la ciudad.

Renuncié a mi trabajo.

Acepté que nunca volvería a verte.

Pero hace seis meses descubrí quién era realmente la empresa que llevaba años destruyendo a mi familia.

Levantó lentamente la vista.

—La tuya.

El magnate sintió un vacío en el estómago.

La rivalidad entre ambas familias existía desde hacía más de veinte años.

Demandas.

Competencia.

Contratos perdidos.

Ninguno de los dos imaginó que el destino terminaría cruzándolos de aquella manera.

—No me acerqué a tu hija.

Ni siquiera sabía que era tu hija cuando la conocí en la universidad.

Fue ella quien insistió en hacerse mi amiga.

El empresario apretó los puños.

Ahora comprendía por qué su hija defendía tanto a aquel joven.

Nunca hubo una relación sentimental.

Todo había sido un malentendido alimentado por sus propios temores.

—Entonces…

¿Por qué viniste hoy?

Mateo sacó lentamente un sobre azul del bolsillo de su saco.

Lo dejó sobre el escritorio.

—Porque alguien quiere que volvamos a destruirnos.

Dentro había fotografías.

Correos electrónicos.

Transferencias bancarias.

Y un contrato confidencial.

El empresario comenzó a leer.

Su expresión cambió por completo.

—Esto es imposible…

Las empresas rivales no habían provocado su enfrentamiento por casualidad.

Alguien llevaba años manipulando ambas compañías para mantener viva aquella guerra.

El objetivo era simple.

Debilitar a las dos familias al mismo tiempo.

Mateo señaló la última hoja.

—Mira la firma.

El magnate sintió que la sangre abandonaba su rostro.

Reconocía perfectamente aquella rúbrica.

Era la de su director financiero.

El hombre que llevaba dieciocho años administrando cada inversión del grupo.

—No puede ser él…

Mateo respiró lentamente.

—Eso mismo pensé cuando descubrí que también era consejero secreto de la empresa de mi padre.

Los dos guardaron silencio.

Por primera vez dejaron de verse como enemigos.

Comprendieron que ambos habían sido utilizados.

En ese instante alguien llamó a la puerta.

La secretaria asomó la cabeza, visiblemente nerviosa.

—Señor…

Acaban de llegar los agentes de la Unidad Anticorrupción.

Traen una orden judicial.

El empresario frunció el ceño.

—¿Contra quién?

La mujer tragó saliva antes de responder.

—Contra usted… y contra el señor Mateo.

Dicen que existe una denuncia firmada por la misma persona que aparece en ese contrato.

Y que los dos serán arrestados como responsables de un fraude multimillonario cometido durante los últimos diez años.

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