PARTE 2 – EL DIRECTOR HABLÓ

El silencio cayó sobre el pasillo como una losa.

Nadie apartó la vista.

Ni las enfermeras.

Ni los pacientes.

Ni los guardias de seguridad.

Preston Harlan observó alternativamente a Olivia y al doctor Elliot Mercer, incapaz de comprender lo que acababa de escuchar.

—¿Su… sobrina? —repitió con incredulidad.

Elliot dio un paso al frente.

—La crié desde que tenía nueve años. Firmé cada autorización médica, asistí a cada graduación y estuve a su lado el día que enterró a sus padres. No necesito compartir su sangre para ser su familia.

Cassandra cruzó los brazos con una sonrisa burlona.

—Qué historia tan conmovedora.

Luego señaló a Olivia.

—Pero sigue siendo la mujer que está casada con Preston.

—Por muy poco tiempo —respondió Olivia con serenidad.

Preston sintió un sobresalto.

—Olivia, basta.

—No. Ya basta de ti.

La enfermera regresó con la silla de ruedas.

—Señora Harlan…

Elliot levantó una mano.

—Llévenla inmediatamente a obstetricia. Quiero monitorización fetal completa, ecografía y evaluación de trauma abdominal.

Dos enfermeras se acercaron enseguida.

Cuando una de ellas intentó ayudar a Olivia, Cassandra volvió a dar un paso hacia adelante.

—Nadie la va a tratar como una princesa por un simple empujón.

Elliot giró lentamente la cabeza.

La dureza de su mirada hizo que incluso Cassandra retrocediera medio paso.

—Señora Vale, este hospital tiene cámaras con audio en todos los pasillos principales.

Señaló discretamente hacia el techo.

—Su agresión quedó registrada desde tres ángulos distintos.

La sonrisa de Cassandra desapareció.

Preston sintió cómo el estómago se le cerraba.

—Doctor Mercer, podemos resolver esto de manera privada.

—¿Privada?

Elliot lo miró con frialdad.

—Su amante acaba de patear a una mujer embarazada de ocho meses delante de decenas de testigos.

—Fue un accidente.

Una enfermera no pudo contenerse.

—No fue un accidente.

Todos volvieron la vista hacia ella.

La joven tragó saliva, pero continuó.

—Yo lo vi todo. La señora dio un paso hacia atrás para evitar el café y ella levantó la pierna deliberadamente.

Otro paciente levantó la mano.

—Yo también lo vi.

Después habló el anciano que permanecía en la silla de ruedas.

—Y yo.

De repente comenzaron a escucharse más voces.

—Yo estaba esperando el ascensor.

—También quedó frente a mi teléfono.

—Lo grabé completo.

Cassandra sintió cómo el color abandonaba su rostro.

No esperaba tantos testigos.

Preston miró alrededor.

Había al menos seis personas sosteniendo sus celulares.

Sabía perfectamente lo que significaba.

En menos de una hora aquel video estaría en todas las redes sociales.

Su empresa abriría los mercados con un escándalo imposible de contener.

Se acercó rápidamente a Olivia.

—Podemos hablar.

Ella negó con la cabeza.

—Ya no.

—Olivia…

—Hace seis semanas intenté hablar contigo sobre nuestro matrimonio.

—Estabas alterada.

—Hace tres semanas intenté hablar contigo sobre nuestra hija.

—No era el momento.

—Y hace diez minutos tu amante me pateó mientras tú me pedías que no hiciera un espectáculo.

Cada palabra era un golpe.

Preston ya no tenía respuestas.

Elliot recibió una carpeta que acababa de traer una asistente administrativa.

La abrió tranquilamente.

—Curioso.

Preston frunció el ceño.

—¿Qué sucede?

—Esta mañana recibimos una solicitud urgente presentada por el bufete Harlan & Pierce.

Olivia cerró los ojos un instante.

Sabía exactamente de qué hablaba.

Elliot levantó el documento.

—Solicitaban acceso inmediato al expediente prenatal de mi sobrina.

Preston permaneció inmóvil.

—Yo…

—La solicitud incluía una petición para adelantar una prueba genética y una evaluación de capacidad parental antes del nacimiento.

Las enfermeras comenzaron a mirarse entre ellas.

Olivia sintió un vacío en el pecho.

Preston nunca le había mencionado aquello.

Elliot continuó leyendo.

—”Con el fin de preparar una estrategia de custodia exclusiva desde el momento del parto.”

El pasillo quedó completamente en silencio.

Olivia levantó lentamente la vista hacia su esposo.

—¿Ya estabas preparando quitarme a nuestra hija?

Preston intentó acercarse.

—Déjame explicarte.

—Respóndeme.

Él guardó silencio.

Ese silencio fue suficiente.

Una lágrima descendió por la mejilla de Olivia.

No por tristeza.

Sino porque acababa de comprender que el hombre con quien compartía su vida llevaba semanas planeando arrebatarle a su bebé.

Elliot cerró la carpeta.

—Señor Harlan, acaba de perder cualquier posibilidad de que este hospital coopere con esa solicitud.

Preston apretó los puños.

—Tengo influencia suficiente para…

—No aquí.

La voz del director fue firme.

—Aquí protegemos pacientes. No fortunas.

En ese momento, uno de los guardias de seguridad recibió una llamada por el auricular.

Su expresión cambió inmediatamente.

Se acercó al director.

—Doctor Mercer…

—¿Sí?

—Acaban de llegar dos detectives de la Unidad de Delitos Contra Personas. Preguntan por la agresión ocurrida en este pasillo.

Cassandra abrió mucho los ojos.

—¿La policía?

El guardia asintió.

—Traen una orden para asegurar todas las grabaciones de seguridad.

Preston sintió que el mundo comenzaba a derrumbarse.

Pero entonces uno de los detectives cruzó las puertas automáticas, miró directamente a Olivia… y pronunció una frase que dejó helado incluso al director Elliot Mercer.

—Señora Bennett… necesitamos hablar con usted inmediatamente.

—¿Por qué?

El detective sostuvo un sobre sellado.

—Porque alguien presentó hace una hora una denuncia anónima asegurando que la verdadera identidad del padre de la bebé… no es la que aparece en su acta matrimonial.

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