Los guardaespaldas no apuntaban hacia mí.
Apuntaban hacia Ethan.
En menos de dos segundos, toda la boutique quedó rodeada.
Los clientes fueron conducidos discretamente hacia una salida privada.
Victoria soltó el brazo de Ethan.
—¿Qué está pasando?
El gerente apareció con el rostro completamente pálido.
—Señor Romano… por favor, mantenga la calma.
Ethan ni siquiera lo miró.
Sus ojos seguían clavados en mi vientre.
—¿Es mío?
Sentí que el corazón se me rompía.
Durante meses había imaginado ese momento.
Pensé que gritaría.
Que lo negaría todo.
Pero estaba demasiado cansada para mentir.
—Sí.
El silencio fue absoluto.
Victoria dio un paso atrás.
—¿Qué acabas de decir?
Ethan cerró lentamente los ojos.
Cuando volvió a abrirlos, toda la dureza había desaparecido.
Solo quedaba miedo.
—¿Por qué huiste de mí?
Respiré profundamente.
—Porque el día que pedí el divorcio prometiste que ningún hijo crecería lejos de la familia Romano.
Y yo no quería que nuestro bebé creciera rodeado de violencia.
Victoria soltó una carcajada incrédula.
—¿Hablas en serio?
¿Abandonaste al hombre más poderoso de Nueva York por eso?
La miré por primera vez.
—Lo abandoné porque dejé de reconocer al hombre con quien me casé.
Ethan dio otro paso.
Los escoltas levantaron ligeramente las armas.
Él se detuvo.
—Nunca te habría hecho daño.
Sentí un nudo en la garganta.
—No.
Pero sí habrías convertido a nuestro hijo en el heredero de un mundo que nunca elegí para él.
Antes de que pudiera responder, uno de sus hombres entró apresuradamente en la boutique.
—Jefe…
Tenemos un problema.
Le entregó una tableta.
El rostro de Ethan cambió inmediatamente.
—¿Qué ocurrió?
—Interceptamos comunicaciones hace una hora.
Alguien descubrió que la señora Bennett estaba embarazada.
No eran nuestros hombres.
Otra organización ya viene por ella.
Sentí que el aire desaparecía.
—¿Qué significa eso?
El escolta respondió con gravedad.
—Que no solo sabían que usted seguía viva.
También saben quién es el padre del bebé.
Y creen que secuestrar a ese niño les permitirá controlar el futuro de la familia Romano.
Victoria palideció.
—¿Hay otra familia involucrada?
Ethan asintió lentamente.
—Desde hace años.
Nunca encontraron una forma de acercarse a mí.
Ahora creen que la encontraron.
Se volvió hacia mí.

Por primera vez desde que lo conocía, vi auténtico terror en sus ojos.
No por él.
Por nuestro hijo.
—Bella…
No importa lo que pienses de mí.
Ya no estás huyendo de mí.
Estás huyendo de ellos.
En ese instante se escuchó una fuerte explosión en el estacionamiento subterráneo.
Las luces parpadearon.
Los cristales vibraron.
Uno de los guardaespaldas gritó por el comunicador.
—¡Vehículos armados aproximándose!
¡Son demasiados!
Ethan reaccionó sin vacilar.
Se quitó el abrigo y lo colocó cuidadosamente sobre mis hombros.
Después apoyó una mano sobre mi vientre.
Nunca antes lo había visto hacerlo.
Su voz apenas fue un susurro.
—Lo protegeré.
Aunque tenga que enfrentarme a toda Nueva York.
Las puertas blindadas comenzaron a cerrarse.
Los disparos resonaban cada vez más cerca.
Comprendí entonces que había pasado meses creyendo que Ethan era el mayor peligro para mi hijo.
Pero el verdadero enemigo nunca había sido el hombre del que escapé.
Era la gente que estaba esperando el momento perfecto para utilizar a nuestro bebé como el arma más poderosa contra él.
Y aquella guerra acababa de comenzar.