La luz azul quedó fija sobre mi pecho.
Un pitido grave inundó el laboratorio mientras el dispositivo analizaba cada célula de mi cuerpo.
“Objetivo biológico localizado.”
Retrocedí instintivamente.
La máquina avanzó por sí sola.
No tenía ruedas.
No flotaba.
Simplemente aparecía un metro más cerca cada vez que la luz parpadeaba.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
Apreté el pequeño manual contra mi pecho y pasé las páginas con manos temblorosas.
Las primeras solo contenían advertencias.
Las siguientes mostraban diagramas imposibles.
Hasta que encontré una sección marcada con tinta roja.
“Protocolo de emergencia para supervivientes.”
Antes de terminar de leer, la voz metálica volvió a sonar.
“Extracción iniciará en quince segundos.”
Corrí hacia la consola principal.
Las pantallas estaban llenas de símbolos desconocidos, pero uno de ellos coincidía exactamente con el dibujo del manual.
Lo presioné.
Nada ocurrió.
El contador siguió bajando.
Diez segundos.

Nueve.
Ocho.
Entonces descubrí una frase escrita al margen por el viejo profesor.
“Nunca actives el protocolo sin un ADN compatible.”
Sentí que el corazón dejaba de latir.
Miré el lugar donde Mateo había desaparecido.
Solo quedaba una fina capa de polvo brillante.
Con lágrimas en los ojos, recogí una pequeña muestra y la coloqué sobre el lector biológico.
La máquina se detuvo.
Por primera vez desde que comenzó la alarma, el zumbido desapareció.
La pantalla cambió.
“ADN del Usuario 01 detectado.”
Respiré aliviada durante apenas un segundo.
Después apareció una segunda línea.
“Restauración imposible. Memoria genética disponible.”
Antes de que pudiera comprender su significado, una esfera de luz salió del núcleo del dispositivo.
Frente a mí comenzó a formarse una silueta humana.
No era un cuerpo.
Era una proyección hecha de millones de partículas azules.
La figura levantó lentamente la cabeza.
Tenía el rostro de Mateo.
—Sofía… escúchame con atención…
Su voz sonaba lejana, como si atravesara siglos de distancia.
—Yo no desaparecí…
La imagen empezó a desintegrarse.
—Estoy atrapado… dentro de la máquina…
Antes de que pudiera acercarme, todas las pantallas del laboratorio se encendieron al mismo tiempo.
Un mensaje ocupó cada monitor.
“Memoria recuperada. Conexión establecida con la red de contenedores.”
Debajo apareció una cifra que me heló la sangre.
“Humanos almacenados actualmente: 8,436,219.”