Parte 2: EL VIDEO QUE HIZO CALLAR A 180 INVITADOS

Renata no regresó llorando.

Regresó una hora después.

Con la misma ropa manchada.

Con el cuello todavía enrojecido por el consomé.

Y con una pequeña memoria USB dentro del bolso.

La fiesta seguía.

El mariachi había vuelto a tocar.

Los invitados fingían que nada había ocurrido.

Teresa levantaba una copa mientras recibía felicitaciones.

Cuando Renata cruzó nuevamente la puerta del salón, varias personas comenzaron a murmurar.

—¿Todavía se atreve a volver?

—Seguro viene a pedir perdón.

Mauricio sonrió con suficiencia.

—Ya entendió que no tiene a dónde ir.

Renata caminó directamente hacia el escenario.

Tomó el micrófono.

—Perdón por interrumpir el cumpleaños.

Solo necesito cinco minutos.

Teresa golpeó la mesa.

—¡Bájenla de ahí!

Pero ninguno de los empleados se movió.

Muchos de ellos conocían a Renata.

Sabían quién había organizado realmente aquella celebración.

Ella señaló la pantalla gigante utilizada para proyectar fotografías familiares.

—Solo voy a mostrar una pequeña sorpresa.

Mauricio dio un paso adelante.

—Apaga eso.

Renata conectó la memoria USB.

La primera imagen apareció inmediatamente.

Era un estado de cuenta de la empresa.

Pago realizado con la tarjeta corporativa.

Bolso de diseñador: 21,500 pesos.

Beneficiaria: Camila.

El salón quedó en silencio.

Julián frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

Renata cambió a la siguiente diapositiva.

Fotografías de Camila saliendo de una boutique de lujo con la bolsa al hombro.

La fecha coincidía exactamente con el cargo.

Mauricio tragó saliva.

—Eso… eso no demuestra nada.

—Tienes razón.

Por eso traje más.

La siguiente imagen mostró decenas de transferencias realizadas durante los últimos dieciocho meses.

Viajes.

Restaurantes.

Hoteles.

Joyería.

Todos pagados con recursos de la empresa.

Todos autorizados por Mauricio.

Octavio se puso de pie.

—¡Eso son asuntos privados!

Renata lo miró.

—No cuando el dinero pertenece a los socios y ustedes lo presentaban como gastos de operación.

Los murmullos comenzaron a recorrer el salón.

Varios invitados eran precisamente accionistas minoritarios.

Uno de ellos pidió acercarse a la pantalla.

Reconoció los números de las cuentas.

Su expresión cambió por completo.

—Estos cargos nunca aparecieron en los reportes financieros.

Mauricio sintió que el color abandonaba su rostro.

Pero todavía faltaba lo peor.

Renata respiró profundamente.

—Ahora entiendo por qué me llamaban inútil cada vez que preguntaba por las finanzas.

La siguiente diapositiva apareció lentamente.

Era una prueba de ADN.

Probabilidad de paternidad: 99.9998 %.

Padre biológico: Mauricio Castañeda.

Hijo analizado: Emiliano.

El salón entero dejó de respirar.

Julián miró la pantalla.

Después volvió la vista hacia Mauricio.

—¿Qué clase de broma es esta?

Camila comenzó a llorar.

—Julián…

Él retrocedió.

—Dime que es mentira.

Ella no pudo hacerlo.

Teresa cerró los ojos.

Octavio permaneció inmóvil.

Renata observó sus rostros.

—Lo sabían.

Los dos.

Desde hace cinco años.

Julián giró hacia sus padres.

—¿Ustedes también?

Ninguno respondió.

El silencio fue suficiente.

Julián dejó caer la copa que sostenía.

El cristal explotó contra el piso.

—Me hicieron criar al hijo de mi propio hermano mientras todos me miraban la cara.

Mauricio intentó acercarse.

—Déjame explicarte.

Julián lo empujó.

—¡No me toques!

Renata creyó que aquello era el final.

Pero Iván apareció junto al escenario.

Traía otra carpeta.

La colocó sobre la mesa principal.

—Todavía no terminamos.

Sacó varios contratos.

—Durante dos años utilizaron empresas fantasma para justificar las compras personales realizadas con recursos corporativos.

Aquí están las facturas.

Las cuentas bancarias.

Y los nombres de quienes autorizaron cada operación.

Los ojos de Octavio se abrieron con desesperación.

—¿Cómo conseguiste eso?

Iván sonrió.

—Ustedes olvidaron que el servidor guarda copias de respaldo.

Mientras todos discutían por una bolsa de diseñador…

Nadie revisó el resto de los movimientos.

Renata tomó nuevamente el micrófono.

—Pensaban que el mayor problema era una amante.

No.

La bolsa de 21,500 pesos solo fue la primera compra que descubrimos.

Encendió el televisor conectado a las noticias financieras.

En ese mismo instante apareció un reportaje de última hora.

“Autoridades investigan presunto desvío de recursos y fraude fiscal en Grupo Castañeda. La Fiscalía confirmó cateos simultáneos en oficinas corporativas.”

Las cámaras mostraban agentes entrando al edificio principal de la empresa.

También aparecían cajas siendo retiradas como evidencia.

Los invitados comenzaron a levantarse de sus mesas.

Algunos accionistas llamaban desesperadamente a sus abogados.

Otros abandonaban el salón sin despedirse.

Mauricio permanecía inmóvil.

Mirando la pantalla.

Mirando a su familia.

Mirando todo lo que acababa de derrumbarse.

Renata dejó el micrófono sobre la mesa.

—Cuando me llamaron inútil, ya sabían que llevaban años robando.

Solo olvidaron una cosa.

Quien organizaba sus eventos…

También era quien revisaba todas las facturas.

Y mientras ustedes celebraban creyendo que el escándalo terminaba con una bolsa de lujo…

La investigación financiera apenas estaba comenzando.

Porque la memoria USB no solo contenía pruebas contra Mauricio.

También incluía documentos que vinculaban directamente a Teresa y Octavio con millones de pesos desaparecidos de la empresa durante los últimos seis años.

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