Camila abrió el correo de Andrés con las manos completamente firmes.
Esperaba encontrar otra transferencia.
Otra factura falsa.
Otro pago oculto.
Pero el archivo adjunto contenía algo mucho peor.
Una copia certificada de un acta de nacimiento.
El padre registrado era Rodrigo Alcázar.
La madre, Daniela Cruz.
El niño tenía dieciocho meses.
Camila leyó el documento tres veces.
No porque dudara de lo que veía.
Sino porque comprendía que Rodrigo no solo había mantenido una aventura durante años.
También llevaba casi dos años sosteniendo otra familia mientras cada noche besaba a Renata antes de dormir.
Andrés llamó de inmediato.
—Eso no es todo.
—¿Qué más encontraste?
—La clínica donde nació el niño pertenece al Grupo Médico Alcázar. El parto fue registrado como un programa de investigación financiado por la empresa.
Camila cerró los ojos.
Rodrigo había utilizado recursos corporativos para ocultar el nacimiento de su propio hijo.
Y eso convertía el caso en algo mucho más grave que una simple infidelidad.
Aquella misma tarde, fingió que todo seguía igual.

Preparó la cena.
Ayudó a Renata con un rompecabezas.
Incluso sonrió cuando Rodrigo llegó con un enorme ramo de flores.
—Perdón por perderme el cumpleaños —dijo él mientras abrazaba a la niña—. Papá tuvo mucho trabajo.
Renata corrió a enseñarle los regalos.
Rodrigo aprovechó para acercarse a Camila.
—¿Sigues molesta?
Ella negó con tranquilidad.
—Solo estoy cansada.
Él sonrió, convencido de que todo había pasado.
No imaginaba que cada una de sus cuentas ya estaba siendo revisada por auditores externos.
Dos días después se celebró la reunión trimestral del consejo del Grupo Médico Alcázar.
Asistieron inversionistas, investigadores y el fundador de la empresa, don Ernesto Alcázar.
Rodrigo inició la presentación con la seguridad de siempre.
Habló del crecimiento del tratamiento Oncoval.
De nuevos mercados.
De miles de millones en proyecciones.
Cuando terminó, Camila pidió la palabra.
Nadie esperaba escucharla.
Ella colocó una carpeta sobre la mesa.
—Antes de aprobar cualquier decisión, el consejo debe conocer cierta información.
Sacó las pruebas de las transferencias.
Los contratos falsos.
La compra del departamento.
El acta de nacimiento.
Y finalmente reprodujo los veintidós segundos de grabación que había obtenido frente a la oficina.
La sala quedó completamente en silencio.
Don Ernesto giró lentamente hacia su hijo.
—¿Todo esto es verdad?
Rodrigo intentó hablar.
No pudo.
Entonces Camila deslizó el contrato de accionistas sobre la mesa y señaló una única cláusula.
—Con estas pruebas queda acreditada la infidelidad y el abuso patrimonial. Desde este momento queda revocada la licencia exclusiva de explotación de Oncoval.
El secretario del consejo revisó el documento.
Después levantó la vista.
—La cláusula es válida.
Rodrigo perdió el color del rostro.
Pero el verdadero golpe llegó cuando la puerta de la sala volvió a abrirse.
Tres agentes de la Fiscalía Especializada entraron mostrando sus credenciales.
El primero pronunció una frase que nadie esperaba escuchar.
—Doctor Rodrigo Alcázar, queda detenido por fraude corporativo, administración desleal y apropiación ilícita de recursos destinados a investigación médica.