PARTE 2: LA VERDAD QUE ESCONDÍA EL HOMBRE EN QUIEN MÁS CONFIABA.

Valeria permaneció encerrada en la habitación de invitados del ala norte.

Nadie podía verla.

Nadie podía hablar con ella sin autorización de Alejandro.

Los empleados evitaban cruzar frente a esa puerta. En la hacienda todos daban el caso por resuelto. La prometida del jefe había secuestrado a una empleada por celos y las pruebas parecían irrefutables.

Solo había una persona que no terminaba de creer aquella historia.

Elena.

A pesar del dolor en las muñecas y los tres días de encierro, no dejaba de repetir lo mismo.

—No fue ella.

Alejandro frunció el ceño.

—Elena, encontré la llave en su cuarto. Hay grabaciones. Hay llamadas. Hay planos de seguridad.

Ella negó lentamente.

—Cuando Valeria salió de la cava, iba llorando. Antes de cerrar la puerta escuché otra voz.

—¿De quién?

—No alcancé a verla… pero era un hombre.

Aquellas palabras hicieron que Alejandro recordara un detalle.

Cuando rompieron el candado, Víctor había llegado apenas unos segundos después.

Demasiado rápido.

Como si hubiera sabido exactamente dónde estaban.

Alejandro decidió no decir nada.

Aquella misma noche llamó discretamente a Mateo, el jefe de seguridad electrónica de una de sus empresas.

—Necesito que revises todas las cámaras de la hacienda.

—¿Las grabaciones de hace tres días?

—No.

Alejandro bajó la voz.

—Quiero las originales. No las que revisó Víctor.

Dos horas después, Mateo entró en el despacho con una computadora portátil.

—Jefe… alguien borró cuarenta y siete minutos de video.

Alejandro sintió que el estómago se le cerraba.

—¿Puedes recuperarlos?

Mateo respiró hondo.

—No desde el servidor principal… pero olvidaron una copia automática en el respaldo interno.

Las imágenes aparecieron lentamente.

En la pantalla se veía a Valeria y Elena bajar juntas a la cava, riéndose mientras elegían una botella.

Cinco minutos después, Valeria salió sola.

Exactamente igual que en la grabación presentada por Víctor.

Pero unos segundos más tarde ocurrió algo que nadie había visto.

Un hombre apareció por un pasillo oculto.

Llevaba gorra, cubrebocas y guantes.

Empujó nuevamente a Elena hacia el interior de la cava cuando ella intentó escapar.

Después colocó el candado desde afuera.

Al levantar ligeramente la cabeza para hablar por radio, una cicatriz cruzó su cuello.

Alejandro reconoció aquella marca de inmediato.

Había visto esa cicatriz casi todos los días durante diecisiete años.

Era Víctor.

El vaso de whisky explotó entre los dedos de Alejandro.

—Maldito…

Mateo tragó saliva.

—Hay más.

En la siguiente grabación, Víctor entraba al dormitorio de Valeria mientras toda la casa dormía.

Usando unos guantes, colocó una llave dentro del tocador.

Después dejó una carpeta en la caja fuerte.

Y, antes de salir, tomó el teléfono de Valeria para realizar varias llamadas de apenas unos segundos.

Exactamente las llamadas que después aparecerían como prueba en su contra.

El despacho quedó en silencio.

Alejandro sintió por primera vez que había condenado a una mujer inocente.

Sin perder un segundo, corrió hasta la habitación donde mantenían encerrada a Valeria.

Cuando abrió la puerta, ella seguía sentada en el suelo, con los ojos hinchados de tanto llorar.

Ni siquiera levantó la vista.

—¿Vienes a decirme cuánto tiempo más piensas tenerme presa?

Alejandro cayó de rodillas frente a ella.

—Perdóname…

Valeria levantó lentamente la cabeza.

—¿Qué dijiste?

—Todo fue una trampa. Víctor falsificó las pruebas.

Las lágrimas comenzaron a rodar por el rostro de Valeria.

No eran de alivio.

Eran de decepción.

—Yo te supliqué que confiaras en mí.

Alejandro bajó la mirada, incapaz de sostener sus ojos.

En ese mismo instante, uno de sus hombres irrumpió sin tocar la puerta.

Tenía el rostro completamente desencajado.

—¡Jefe!

—¿Qué pasó?

—Víctor desapareció.

—¿Qué?

—Se llevó toda la información financiera del cártel… y también a Alma.

El mundo de Alejandro volvió a detenerse.

Porque entendió demasiado tarde que Elena nunca había sido el verdadero objetivo.

La verdadera pieza que Víctor necesitaba para completar su plan… era la pequeña que lo había visto todo desde el principio.

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