PARTE 2: LAS SIETE MENTIRAS HUNDIERON EL IMPERIO QUE NATHAN HABÍA CONSTRUIDO SOBRE ENGAÑOS.

Emma presionó el botón.

La primera imagen apareció en la pantalla principal de la sala.

Era una fotografía tomada siete años atrás.

Nathan y Sophie salían abrazados de un hotel en París durante el mismo fin de semana en que Nathan le había dicho a Emma que estaba negociando una expansión para Cole Enterprises.

Nadie habló.

La segunda imagen apareció inmediatamente.

Un registro de vuelos.

Nathan había realizado treinta y cuatro viajes con Sophie usando el avión corporativo, pero todos figuraban en la contabilidad como reuniones con Whitmore Holdings.

El director financiero palideció.

—Esos gastos fueron cargados a la empresa…

Emma asintió.

—Durante siete años.

Nathan no solo me engañó a mí.

También utilizó el dinero de nuestras compañías para mantener una doble vida.

Richard Whitmore apretó los puños.

—Sigue.

Emma abrió el tercer archivo.

Transferencias bancarias.

Apartamentos.

Joyas.

Un automóvil deportivo registrado a nombre de una empresa fantasma.

Todo pagado con fondos que Cole Enterprises había declarado como gastos de representación.

Los abogados comenzaron a tomar notas.

—¿Cómo obtuviste toda esta información? —preguntó uno de los consejeros.

Emma respiró con calma.

—Porque durante siete años Nathan creyó que yo solo organizaba cenas benéficas y sonreía frente a las cámaras.

Hizo una pausa.

—Olvidó que soy directora de auditoría estratégica de esta empresa.

La pantalla mostró entonces un correo electrónico.

Fecha.

Cinco años atrás.

Remitente: Nathan Cole.

Destinataria: Sophie Lane.

“Después del matrimonio, el control del fideicomiso Whitmore será mucho más sencillo.”

El silencio se volvió absoluto.

Richard leyó aquellas palabras dos veces.

—Nunca pensó casarse por amor.

Emma negó lentamente.

—No.

Pensó casarse con las acciones de esta familia.

En ese momento, la puerta de la sala se abrió de golpe.

Nathan entró acompañado por Sophie.

Los dos llevaban todavía la ropa preparada para la ceremonia de compromiso.

—¡Emma! —gritó Nathan—. ¿Qué demonios estás haciendo?

Ella ni siquiera lo miró.

—Llegas justo a tiempo.

La siguiente diapositiva apareció sola.

Título.

MENTIRA NÚMERO SIETE.

Sophie perdió el color antes de que apareciera el contenido.

Emma levantó una pequeña caja de terciopelo.

—Anoche encontré esto en mi dormitorio.

Abrió la caja.

Dentro no había un anillo.

Había una llave USB.

Nathan dio un paso involuntario hacia atrás.

Emma la conectó.

Comenzó un video grabado con una cámara de seguridad privada.

La fecha era de seis meses atrás.

Nathan y Sophie estaban reunidos con un hombre desconocido en una oficina.

La voz de Nathan se escuchó perfectamente.

—Después del compromiso anunciaremos el embarazo.

Sophie sonrió en la grabación.

—¿Y Emma?

Nathan respondió sin la menor emoción.

—Cuando nazca el bebé, diremos que hubo una confusión médica. Ella siempre quiso formar una familia. Criará al niño creyendo que es suyo mientras nosotros seguimos controlando la empresa.

El aire desapareció de la habitación.

Richard Whitmore golpeó la mesa con tanta fuerza que un vaso cayó al suelo.

Emma observó a Sophie.

—¿Ese era el plan?

Sophie rompió a llorar.

—Yo…

—¿Pretendían entregarme a tu hijo para que siguiera financiando sus vidas?

Nathan intentó acercarse.

—Ese video está manipulado.

Uno de los abogados habló inmediatamente.

—No lo está.

Acabamos de verificar la firma digital del archivo.

Es auténtico.

Nathan comprendió que ya no tenía salida.

Pero Emma todavía no había terminado.

Sacó un sobre blanco.

—Hace una hora firmé la venta de todas mis acciones personales en Cole Enterprises.

Nathan sonrió con alivio.

—Entonces todavía podemos negociar.

Emma negó.

—No las vendí.

Las doné.

Todos la miraron sorprendidos.

—¿A quién?

Emma colocó el contrato sobre la mesa.

—A la Fundación Whitmore para Educación Infantil.

Desde hoy, cualquier beneficio que produzca esa participación financiará becas para niños durante los próximos cincuenta años.

Nathan sintió que el rostro se le descomponía.

Aquellas acciones eran precisamente las que esperaba controlar después del matrimonio.

Acababan de desaparecer para siempre de su alcance.

—¡No puedes hacer eso!

Emma sonrió por primera vez desde la noche anterior.

—Lo hice hace tres horas.

Sophie tomó a Nathan del brazo.

—Tenemos que irnos.

Pero cuando intentaron salir, dos agentes de la unidad de delitos financieros entraron acompañados por un fiscal.

—Señor Nathan Cole.

El hombre levantó una carpeta.

—Queda formalmente notificado de una investigación por fraude corporativo, administración desleal, falsificación de gastos y conspiración financiera.

Nathan giró desesperado hacia Emma.

—¿Fuiste tú?

Ella negó con tranquilidad.

—No.

Todos siguieron su mirada.

Detrás de los agentes apareció una mujer de unos sesenta años.

Cabello plateado.

Traje azul oscuro.

Nathan dejó de respirar.

—¿Madre?

La señora Eleanor Cole sostuvo otra carpeta mucho más gruesa.

—Fui yo.

Sophie la miró confundida.

—¿Qué significa esto?

Eleanor avanzó lentamente hasta la mesa.

—Llevo tres años reuniendo pruebas.

Nathan abrió mucho los ojos.

—¿Tres años?

Su madre asintió.

—Desde el día en que descubrí que no solo engañabas a Emma.

También habías vaciado el patrimonio que tu padre dejó para tus propios hijos.

Nathan retrocedió.

—¿Qué hijos?

Eleanor dejó caer la carpeta sobre la mesa.

Dentro había certificados de nacimiento.

Dos.

Con fechas diferentes.

Y dos apellidos que nadie esperaba ver.

Emma frunció el ceño.

Sophie dejó escapar un grito.

Porque ninguno de aquellos niños era hijo de Emma.

Y ninguno era hijo de Sophie.

La madre de Nathan levantó la vista.

—Antes de destruir esta familia…

Hizo una pausa.

—Mi hijo ya había destruido otras dos.

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