Parte 2: EL ROSTRO IMPOSIBLE

El detective dejó el video congelado.

Nadie respiraba.

La imagen mostraba con absoluta claridad el rostro de la tercera persona.

Tyler retrocedió un paso.

—No…

Su voz salió quebrada.

—Eso es imposible.

Vanessa comenzó a llorar.

—No sabía que iba a venir…

El detective giró lentamente la pantalla hacia mí.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Porque conocía perfectamente a aquella mujer.

Era Margaret Collins.

La madre de Tyler.

Mi consuegra.

La misma mujer que, durante tres años, había fingido adorar a Rachel delante de todos.

La misma que aparecía cada domingo con comida casera y regalos para la bebé.

Y ahora estaba allí, en alta definición, diciendo con una tranquilidad escalofriante:

—Dejen al bebé adentro. Hace que su crisis parezca creíble.

El detective reanudó la grabación.

Margaret tomó el teléfono de Rachel.

Lo apagó.

Después abrió el bolso del bebé.

Sacó el llavero de repuesto.

Lo guardó en su bolso.

Tyler permanecía inmóvil.

Como si acabara de descubrir que la mujer que lo había criado era una desconocida.

Entonces Margaret volvió a hablar.

—Cuando empiece a marearse, no podrá explicar nada.

—Todos creerán que sufrió otro episodio después del parto.

Vanessa empezó a negar desesperadamente.

—Ella dijo que solo quería asustarla…

—Juró que nadie moriría…

El detective levantó inmediatamente la vista.

—¿Está diciendo que esto fue planeado?

Vanessa se llevó ambas manos a la boca.

Había hablado demasiado.

Tyler cerró los ojos.

—Vanessa…

Pero ya era tarde.

El detective hizo una señal.

Dos agentes que esperaban fuera de la oficina entraron inmediatamente.

—Nadie sale de esta casa.

Uno de ellos tomó el teléfono de Tyler.

El otro confiscó el bolso de Vanessa.

Tyler perdió completamente la calma.

—¡No pueden hacer esto!

—¡Mi madre jamás intentaría matar a Lily!

El detective respondió con absoluta frialdad.

—Eso lo decidirá un jurado.

Yo seguía mirando la pantalla.

Cada segundo del video era una nueva puñalada.

Margaret comprobó que Rachel apenas reaccionaba.

Luego cerró cuidadosamente todas las puertas del automóvil.

Probó cada manija.

Se aseguró de que estuvieran bloqueadas.

Después miró hacia la bebé.

Lily todavía movía sus pequeñas manos.

Margaret sonrió.

Y se alejó.

Como si acabara de terminar una tarea doméstica cualquiera.

Sentí náuseas.

Jamás imaginé que una abuela pudiera abandonar así a su propia nieta.

El detective detuvo nuevamente la grabación.

—Necesitamos localizar inmediatamente a Margaret Collins.

Tyler bajó lentamente la cabeza.

—No la encontrarán.

Todos lo miramos.

—¿Qué quiere decir?

Respiró profundamente.

—Hace una hora me llamó.

—Dijo que, si algo salía mal…

—…tomaría el avión privado de mi padre.

El detective tomó inmediatamente el teléfono.

—Que cierren todos los aeropuertos ejecutivos.

Pero antes de que pudiera terminar la llamada, otro agente irrumpió en la oficina.

Su expresión era completamente distinta.

—Detective…

—Acaba de llegar el laboratorio del hospital.

El hombre entregó un sobre.

El detective leyó el informe.

Su rostro cambió por completo.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

Me mostró lentamente los resultados.

La sangre de Rachel contenía una concentración anormalmente alta de un potente sedante.

No era un medicamento recetado.

Era una sustancia utilizada normalmente en veterinaria para inmovilizar animales grandes.

Por eso apenas podía moverse dentro del automóvil.

Por eso hablaba con dificultad.

Por eso ni siquiera había logrado abrir la puerta.

No estaba sufriendo un episodio emocional.

La habían drogado.

El detective levantó la vista hacia Tyler.

—Su esposa no fue abandonada por accidente.

—Fue incapacitada antes de ser encerrada.

Tyler se dejó caer sobre una silla.

Parecía completamente destruido.

Entonces murmuró algo que hizo que toda la habitación quedara en silencio.

—Mi madre…

…ya hizo esto una vez.

El detective dio un paso hacia él.

—¿Qué acaba de decir?

Tyler comenzó a temblar.

—Mi padre…

—Todos dijeron que murió por un golpe de calor dentro de su coche…

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

Tyler levantó lentamente la mirada.

Había terror auténtico en sus ojos.

—Pero ahora…

—Ahora creo que nunca fue un accidente.

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