Parte 2: EL VIAJE QUE LE COSTÓ SU MATRIMONIO

Sonreí antes de responder.

—¿No estabas en Nueva York?

Del otro lado hubo un silencio absoluto.

Tan largo que pude imaginar perfectamente el color abandonando su rostro.

—¿Qué… qué quieres decir?

—Pensé que estabas en una reunión con unos inversionistas.

Respiró con dificultad.

—Lauren… puedo explicarlo.

—No hace falta.

Ya me lo explicó mi hermano.

Escuché un golpe seco.

Probablemente acababa de sentarse.

—¿Tu hermano?

—El dueño del hotel donde llevas dos días disfrutando de unas vacaciones con otra mujer.

Ya no intentó mentir.

Sabía que había perdido.


—Lauren, escúchame…

Esto no es lo que parece.

Solté una pequeña risa.

—¿No?

Porque desde aquí parece exactamente un hombre infiel usando el dinero de su esposa para llevar a su amante a Hawái.

—Ella solo es una compañera de trabajo.

—¿Las compañeras de trabajo también duermen en la habitación 804?

No respondió.


Mientras hablábamos, mi hermano me enviaba fotografías.

Ethan estaba en recepción.

Vestía la misma camisa blanca con la que supuestamente había viajado a Nueva York.

A su lado, una mujer de cabello largo discutía con el gerente.

Ambos parecían desesperados.

Mi hermano escribió un solo mensaje.

“Acaban de intentar pagar con otra tarjeta. También fue rechazada.”

Sonreí.

Había olvidado un pequeño detalle.

Las tarjetas adicionales también estaban vinculadas a la misma cuenta.


Ethan seguía hablando.

—Necesito que envíes dinero.

Nos tienen retenidos porque no hemos podido pagar la habitación.

—Qué situación tan incómoda.

—Lauren, por favor.

La mujer está aquí.

No me humilles.

Aquellas palabras casi me hicieron reír.

—¿Te preocupa que tu amante pase vergüenza?

—No es mi amante.

—Entonces supongo que no le importará dormir en el aeropuerto.


Mi hermano volvió a escribir.

“¿Quieres que llame a seguridad?”

Contesté inmediatamente.

“Todavía no.”

Tenía una idea mejor.


—Ethan.

—¿Sí?

—Pon el teléfono en altavoz.

—¿Para qué?

—Hazlo.

Escuché el sonido del altavoz activándose.

Después la voz femenina.

—¿Quién es?

Respondí con absoluta calma.

—Hola.

Soy Lauren.

La esposa de Ethan.

El silencio fue inmediato.


La mujer habló primero.

—Él…

Él me dijo que estaba divorciado.

Miré la fotografía de ambos abrazados junto a la piscina.

—Pues mintió.

Seguía casado.

Y sigue usando el dinero de su esposa para pagar sus vacaciones.

Escuché una respiración agitada.

Después otro silencio.

Finalmente la mujer preguntó:

—¿Eso también era mentira?

—Todo indica que sí.


Mi hermano me llamó unos minutos después.

No podía dejar de reír.

—Acaba de pasar algo increíble.

—¿Qué ocurrió?

—La mujer le lanzó el anillo que Ethan le había regalado.

Después le dio una bofetada delante de toda la recepción.

Y acaba de pedir otra habitación para ella sola.

No pude evitar sonreír.

Por primera vez en dos días, sentí que volvía a respirar.


Pero aquello apenas comenzaba.

Llamé inmediatamente al banco.

Solicité cerrar la cuenta conjunta.

Transferí el resto de mis fondos.

Después llamé a mi abogado.

—Quiero iniciar el divorcio hoy mismo.

—¿Hay pruebas de la infidelidad?

Miré las fotografías enviadas por mi hermano.

Las grabaciones del hotel.

Los recibos.

Los movimientos bancarios.

—Más de las que necesita.


Aquella misma tarde mi hermano me envió un sobre escaneado.

Era la factura completa del hotel.

Suite presidencial.

Restaurante.

Spa para dos.

Excursión privada en catamarán.

Joyería.

Todo cargado a la cuenta de Ethan.

Más de veintidós mil dólares.

Pero hubo un detalle que llamó mi atención.

El primer cargo aparecía tres días antes del supuesto viaje de negocios.

Fruncí el ceño.

Eso significaba que Hawái nunca había sido un plan improvisado.

Llevaba semanas organizándolo.


Dos días después Ethan regresó a casa.

Encontró la vivienda completamente vacía.

Mi ropa ya no estaba.

Tampoco mis documentos.

Ni las cuentas compartidas.

Solo había un sobre sobre la mesa del comedor.

Dentro estaban los papeles del divorcio.

Y una fotografía.

La misma en la que aparecía abrazando a aquella mujer frente al océano.

En la parte de atrás escribí únicamente una frase.

“Espero que el viaje haya valido la pena.”


Aquella noche pensé que todo había terminado.

Me equivocaba.

A la mañana siguiente mi hermano volvió a llamarme.

Su voz sonaba mucho más seria.

—Lauren…

Hay algo que necesito contarte.

Fruncí el ceño.

—¿Qué pasó?

Respiró profundamente.

—Revisando las cámaras del hotel descubrimos que Ethan no llegó con esa mujer.

Llegó acompañado de alguien más.

—¿Quién?

Hubo un largo silencio.

Después respondió lentamente.

La persona que organizó todo el viaje, pagó la reserva inicial y presentó a esa mujer como “la futura esposa de Ethan”… fue alguien de tu propia familia.

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