Álvaro retrocedió la grabación hasta la fecha marcada tres semanas antes.
La imagen mostraba a Ximena entrando al cuarto de Camila con una caja de cartón.
Sacó varios juguetes, ropa y libros.
Los guardó sin decir una palabra.
Después tomó el celular y comenzó a grabar.
—Miren cómo vive esta niña —dijo mirando a la cámara—. Siempre deja todo tirado. Ya no sé qué hacer con ella.
Álvaro sintió un escalofrío.
Conocía perfectamente ese cuarto.
Camila era obsesivamente ordenada.
Cuando Ximena terminó de grabar, volvió a sacar todas las cosas de la caja.
Las acomodó exactamente donde estaban.
Todo había sido una actuación.
Siguió avanzando las grabaciones.
Cinco días después apareció otra escena.
Ximena preparó un biberón.
Vertió la mitad de la fórmula en el fregadero.
Luego tomó una fotografía del envase casi vacío.
—Otra vez gastaste toda la leche de tu hermano —le dijo a Camila, que permanecía inmóvil con lágrimas en los ojos.
La niña negó con la cabeza.
—Yo no fui…
—Si sigues mintiendo, tu papá dejará de quererte.
Álvaro cerró los puños.
Camila nunca respondió.
Solo bajó la mirada.
Comprendió entonces por qué, durante meses, su hija pedía perdón por todo.
Incluso por cosas que jamás había hecho.
El último video era el peor.
Ximena hablaba por videollamada con una mujer.

—Cuando Álvaro consiga la coordinación regional, venderemos la casa y nos iremos.
—¿Y los niños? —preguntó la otra voz.
Ximena sonrió.
—Camila terminará con su abuela.
El bebé irá con su padre.
Yo empezaré de cero.
Álvaro sintió que le faltaba el aire.
No solo había abandonado a sus hijos.
Llevaba semanas planeando separarlos para siempre.
En ese momento entró la doctora.
—Señor Méndez, el DIF ya fue notificado.
Necesitamos conservar cualquier evidencia que tenga.
Álvaro levantó el teléfono.
—Tengo meses completos de grabaciones.
Y nadie volverá a hacerle daño a mis hijos.
Mientras hablaban, Trueno comenzó a ladrar con fuerza hacia la puerta del hospital.
Segundos después, Ximena apareció en el pasillo usando ropa deportiva y lentes oscuros.
No preguntó por Camila.
No preguntó por Emiliano.
Lo primero que dijo fue:
—Dame las llaves de la casa antes de que llegue mi abogado.
Álvaro la observó en silencio.
Luego levantó el teléfono donde seguía reproduciéndose la videollamada en la que ella confesaba su verdadero plan.
Pero ninguno de los dos imaginaba que quien acababa de bajar del elevador detrás de Ximena era la misma persona con la que había organizado todo desde el principio.