PARTE 2 – EL DÍA QUE LO PERDIÓ TODO

A las ocho de la mañana, Adrian llegó a Walker Technologies sin haber dormido un solo minuto.

Durante toda la noche llamó más de cien veces.

Ninguna fue respondida.

Cuando entró en la sala de juntas, el ambiente era extraño.

Los directivos evitaban mirarlo.

Su secretario se acercó con el rostro completamente pálido.

—Señor Walker… tenemos un problema.

Adrian dejó el maletín sobre la mesa.

—¿Qué ocurre?

El secretario tragó saliva.

—El Grupo Bennett acaba de cancelar el contrato del proyecto Horizon.

Adrian levantó la cabeza.

—¿Qué?

Era el contrato más importante de la empresa.

Representaba casi el sesenta por ciento de los ingresos del año.

Sin él, Walker Technologies tendría graves problemas de liquidez.

—Llama inmediatamente al presidente Bennett.

—Lo intentamos desde las seis de la mañana.

—¿Y?

—Rechazó todas las llamadas.

En ese momento, la pantalla de la sala se encendió.

Apareció un comunicado oficial.

“El Grupo Bennett pone fin a toda cooperación comercial con Walker Technologies por incumplimiento de principios éticos y reputacionales.”

Los accionistas comenzaron a murmurar.

Adrian sintió un escalofrío.

Jamás había relacionado aquel contrato con Emily.

Siempre creyó que era un acuerdo conseguido gracias a sus propios méritos.


Al mismo tiempo, el video completo de la boda se había convertido en tendencia.

No solo mostraba a Serena caminando con mi vestido.

También se escuchaban claramente las risas de los invitados.

Y la frase de Adrian:

—”Es solo ropa. No arruines la boda.”

La opinión pública cambió en cuestión de horas.

Las redes sociales se llenaron de críticas.

Varias empresas anunciaron que revisarían sus relaciones comerciales con Walker Technologies.


A miles de kilómetros de allí, yo observaba el amanecer desde la sala VIP del aeropuerto.

Mi teléfono vibró.

Era Daniel, director de operaciones del Grupo Bennett.

—Señorita Emily, toda la decoración fue retirada.

—¿Y el salón?

—La familia Walker tuvo que terminar la fiesta en un restaurante cercano.

No pude evitar sonreír.

—Perfecto.

—Hay algo más.

—¿Qué ocurre?

—El señor Adrian lleva toda la mañana intentando averiguar quién autorizó la cancelación del contrato.

Miré por la ventana.

—Todavía no lo sabe.

—No.

—Déjalo descubrirlo solo.


A las diez de la mañana, la puerta de la sala de juntas volvió a abrirse.

Entró el presidente del banco principal de la empresa.

No llevaba buena cara.

—Señor Walker.

—¿También viene por el contrato?

El hombre negó lentamente.

—No.

Dejó una carpeta sobre la mesa.

—Venimos a suspender temporalmente la renovación de su línea de crédito.

Adrian golpeó la mesa.

—¡Eso es absurdo!

—Después del escándalo público y de la cancelación del proyecto Horizon, el comité considera que el riesgo ha aumentado.

El silencio volvió a apoderarse de la sala.


En ese instante sonó el teléfono del secretario.

Contestó.

Escuchó unos segundos.

Después levantó lentamente la vista.

—Señor Walker…

—¿Qué pasa ahora?

—El presidente Bennett está dispuesto a recibirlo.

Adrian respiró aliviado.

—Preparad el coche.

Media hora después llegó al edificio más alto del Grupo Bennett.

Lo condujeron directamente al último piso.

La secretaria abrió la puerta del despacho principal.

—Puede pasar.

Adrian entró convencido de que convencería al presidente.

Pero se quedó inmóvil.

La enorme silla de cuero estaba ocupada.

No por un anciano.

No por un empresario desconocido.

Sino por mí.

Vestía un traje blanco.

Sobre la mesa descansaba el mismo broche que mi madre me había dejado.

Levanté lentamente la vista.

—Buenos días, señor Walker.

El color desapareció por completo de su rostro.

—Emily…

Negué suavemente.

—Aquí todos me llaman presidenta Bennett.

Él dio un paso atrás.

—¿Tú… eres la presidenta?

—La heredera.

Empujé hacia él una carpeta.

—El contrato que mantuvo viva tu empresa durante tres años siempre llevó mi firma.

Sus manos comenzaron a temblar.

Recordó todas las ocasiones en que me pidió que no hablara durante las cenas de negocios.

Todas las veces que aseguró que yo no entendía de empresas.

Y comprendió que la persona que había menospreciado era precisamente quien había sostenido su futuro.

Intentó acercarse.

—Emily… podemos hablar.

Lo miré con absoluta serenidad.

—La mujer que quería hablar contigo estaba esperando en el altar.

Hice una breve pausa.

—La presidenta Bennett solo hace negocios.

Pulsé el botón del intercomunicador.

—Seguridad.

Dos guardias entraron inmediatamente.

—Acompañen al señor Walker a la salida.

Antes de que lo sacaran del despacho, pronuncié una última frase.

—Por cierto, Adrian.

Él volvió la cabeza.

—Serena ya aceptó una entrevista en directo.

Frunció el ceño.

—¿Qué entrevista?

Le mostré la pantalla de mi tableta.

En ella aparecía el anuncio del programa.

“La verdadera historia detrás de la novia sustituta: Serena Hayes rompe el silencio.”

Y yo sabía algo que Adrian todavía ignoraba.

Serena no iba a defenderlo.

Iba a contar toda la verdad sobre el plan que ambos habían preparado durante meses… y el nombre de la persona que realmente había organizado la humillación.

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