PARTE 2: EL HIJO QUE CAMBIÓ MI DESTINO.

Durante los tres días siguientes no dejé de mirar los comentarios transparentes que aparecían frente a mis ojos.

Nunca fallaban.

Cada advertencia terminaba cumpliéndose.

Por eso, cuando leí que la fábrica sufriría un accidente, sentí un escalofrío.

No deseaba la muerte de nadie.

Pero tampoco iba a regresar para salvar a quienes me habían destruido.

Aquella mañana abrí mi puesto como siempre.

Chen Xing, sentado sobre un pequeño banco de madera, jugaba con una cuchara mientras saludaba a los clientes.

—Mamá, más carne.

Reí por primera vez en muchos años.

A media mañana un estruendo sacudió todo el mercado.

La gente salió corriendo hacia la avenida principal.

Un repartidor llegó jadeando.

—¡La fábrica Zhao explotó!

El mercado entero quedó en silencio.

—Dicen que el almacén de acero se incendió.

—Hay muchos heridos.

Mi corazón dio un vuelco.

No por Zhao Gang.

Sino por los antiguos compañeros con quienes había trabajado durante nueve años.

Esa misma tarde comenzaron a circular los rumores.

El accidente había sido provocado por materiales de baja calidad comprados para ahorrar dinero.

Los documentos llevaban una sola firma.

Zhao Gang.

En menos de cuarenta y ocho horas fue destituido.

La fábrica inició una investigación.

Los bancos congelaron sus cuentas.

Los proveedores exigieron el pago inmediato de las deudas.

La poderosa familia Zhao empezó a derrumbarse.

Cinco días después, mientras servía un plato de estofado, vi a dos figuras acercarse lentamente.

Eran Zhao Gang y mi exsuegra.

La ropa elegante había desaparecido.

Él llevaba la barba descuidada.

Ella sostenía una bolsa de tela remendada.

Se quedaron frente a mi puesto.

—Chen… —murmuró Zhao Gang.

No respondí.

Bajó la cabeza.

—Necesito trabajo.

El hombre que me había llamado estéril ahora no era capaz de sostener mi mirada.

Mi exsuegra dio un paso al frente.

—Sabemos que tu negocio va bien.

—Podrías ayudarnos un tiempo.

Chen Xing dejó la cuchara sobre la mesa.

Se levantó despacio y caminó hasta colocarse delante de mí.

Aunque apenas tenía cuatro años, abrió los brazos como si quisiera protegerme del mundo entero.

—Mi mamá trabaja mucho.

—Los malos no comen aquí.

Alrededor del puesto comenzaron a escucharse algunas risas.

Zhao Gang sintió cómo el rostro se le encendía de vergüenza.

Antes de marcharse, levantó la vista por última vez.

Fue entonces cuando otro comentario apareció frente a mis ojos.

【Dentro de una hora llegará el abuelo biológico de Chen Xing. Lleva diez años buscándolo y ofrecerá una recompensa imposible de imaginar.】

Leí aquella frase dos veces.

Después miré al pequeño que seguía abrazando mi pierna.

Y comprendí que el verdadero cambio en nuestras vidas apenas estaba por comenzar.

Continuará…

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