Rodrigo apagó el teléfono apenas entró al salón donde su madre celebraba sus sesenta y cinco años.
La música cubría cualquier preocupación.
Doña Consuelo sonrió al verlo.
—Sabía que no me ibas a fallar.
Él levantó su copa.
—Jamás.
Mientras todos brindaban, el celular permanecía lleno de llamadas perdidas.
Siete de Mariana.
Tres de un número desconocido.
Después, una llamada del Hospital Universitario.
Rodrigo nunca contestó.
Creyó que todo era otro intento de arruinar la fiesta.
Fue hasta la madrugada cuando encendió el teléfono para revisar los mensajes.
El primero era del hospital.
“Su esposa ingresó de urgencia con hemorragia obstétrica.”
El segundo provenía de un médico.
“La paciente fue sometida a cesárea de emergencia. Comuníquese inmediatamente.”
Sintió un vacío en el estómago.
Marcó de inmediato.
Nadie respondió.
Condujo hasta el hospital a toda velocidad.
Al llegar, una enfermera revisó su nombre en el sistema.
Su expresión cambió de inmediato.
—¿Usted es Rodrigo Salas?
Él asintió desesperado.
—¿Cómo está mi esposa? ¿Y mi hijo?
La enfermera guardó silencio unos segundos.
—Llegó demasiado tarde.
Rodrigo sintió que las piernas le temblaban.

—¿Qué significa eso?
—La señora Mariana fue trasladada hace dos días.
—¿Trasladada adónde?
—No podemos darle esa información.
—¡Soy su esposo!
En ese momento apareció un coronel del Ejército vestido con uniforme de campaña.
Se acercó con paso firme.
—¿Rodrigo Salas?
—Sí.
El militar lo observó fijamente.
—La señora Mariana ya no desea recibir ninguna visita suya.
Rodrigo frunció el ceño.
—¿Quién demonios es usted?
El coronel ignoró la pregunta.
Sacó un sobre.
—Ella pidió que le entregáramos esto únicamente cuando apareciera.
Rodrigo abrió la carta con manos temblorosas.
Solo había una hoja.
“Mientras tú brindabas con tu madre, yo luchaba entre la vida y la muerte junto a nuestro hijo.”
“Sobrevivimos gracias a personas que jamás nos abandonaron.”
“No vuelvas a buscarnos.”
Rodrigo levantó la vista.
—Necesito verla.
—Eso no será posible.
—¡Es mi esposa!
El coronel respondió con absoluta frialdad.
—Está equivocado.
La solicitud de divorcio fue presentada ayer.
Y ella cuenta con protección especial.
Rodrigo salió furioso del hospital.
Intentó llamar una y otra vez.
Mariana había cambiado de número.
Fue hasta su casa dos días después convencido de que todo podía arreglarse.
Pero al doblar la esquina, pisó el freno de golpe.
La calle estaba completamente bloqueada.
Había camionetas militares.
Soldados armados.
Dos vehículos blindados.
Y agentes controlando el acceso.
Su antigua casa estaba rodeada por uniformados.
Rodrigo bajó del coche completamente desconcertado.
—¿Qué está pasando aquí?
Un soldado le cerró el paso.
—Zona restringida.
—Yo vivo aquí.
El militar revisó una tableta electrónica.
Después negó lentamente con la cabeza.
—No, señor.
Esta propiedad pertenece únicamente a la señora Mariana Salas.
—¡Soy su esposo!
El soldado permaneció impasible.
—Legalmente, el proceso de separación ya fue iniciado.
Además, tenemos órdenes directas de impedir su ingreso.
Rodrigo quedó completamente atónito.
En ese instante, la puerta principal se abrió.
Mariana apareció sosteniendo a su bebé en brazos.
Estaba pálida.
Más delgada.
Pero caminaba con la cabeza en alto.
A su lado avanzó el mismo coronel que había visto en el hospital.
El hombre tomó al recién nacido con absoluta naturalidad.
Después saludó militarmente a Mariana.
Todos los soldados presentes hicieron exactamente lo mismo.
Más de treinta uniformados levantaron la mano al mismo tiempo.
Rodrigo observó aquella escena sin entender nada.
—Mariana… ¿qué significa todo esto?
Ella lo miró por primera vez desde que la había abandonado.
Su voz fue tranquila.
—Significa que el día que me dejaste morir para ir al cumpleaños de tu madre…
…también descubriste demasiado tarde quién era realmente la familia que siempre estuvo detrás de mí.
Antes de que Rodrigo pudiera decir una sola palabra más, un general descendió de una camioneta oficial, caminó directamente hacia Mariana y pronunció unas palabras que hicieron que el rostro de Rodrigo perdiera todo el color.
—Coronel Mariana Salas… el Alto Mando solicita su presencia inmediata.