PARTE 2: EL TELÉFONO QUE DESMINTIÓ A TODOS.

El detective Hale levantó cuidadosamente el teléfono adherido al chasis.

La pantalla seguía encendida.

El contador descendía lentamente.

Dieciséis minutos.

Cincuenta y ocho segundos.

—¿Puede abrirlo? —pregunté.

Uno de los peritos negó con la cabeza.

—Ya está desbloqueado.

Solo reproduce automáticamente cuando termine la cuenta regresiva.

Mi suegra soltó una risa nerviosa.

—Seguro es otra de las locuras de Elena.

Nadie respondió.

Todos permanecimos observando el teléfono.

Cuando el contador llegó a cero, la pantalla cambió.

Apareció Daniel.

No el hombre impecable que había visto por videollamada.

Este tenía la camisa rota.

El rostro golpeado.

Las manos atadas con cinta.

Respiraba con dificultad.

—Si Elena está viendo esto…

Es porque lograron encontrar el teléfono.

Miró directamente a la cámara.

—La llamada que recibiste hace unos minutos no la hice yo.

Usaron mi teléfono.

Y alguien está haciéndose pasar por mí.

Sentí que las piernas dejaban de sostenerme.

Daniel continuó.

—No sé cuánto tiempo llevo aquí.

Me tienen encerrado.

Escuché a Lucas discutir con alguien.

Y también escuché a Vanessa.

Mi suegra dio un paso hacia atrás.

Vanessa perdió completamente el color.

El detective Hale levantó inmediatamente la mano.

Nadie podía moverse.

Daniel respiró con dificultad.

—Escúchenme bien.

No busquen en la camioneta.

Nunca hubo un cadáver allí.

Eso solo era para obligarlos a encontrar este teléfono.

Porque si la policía llegaba…

Ellos tendrían que improvisar.

Hale intercambió una mirada con los agentes.

Todo había sido una maniobra para atraerlos.

Daniel siguió hablando.

—Van a decir que estoy trabajando.

Después mostrarán un video.

No lo crean.

Está grabado.

La pantalla mostró un breve movimiento detrás de él.

Una puerta metálica.

Un sonido de tren.

Y una sirena lejana.

El detective ordenó inmediatamente detener la imagen.

—Amplíen eso.

Los técnicos comenzaron a trabajar.

Mientras tanto, mi suegra levantó la voz.

—¡Todo eso puede ser falso!

Hale giró lentamente hacia ella.

—Curioso.

Nadie ha dicho que usted aparezca involucrada.

¿Por qué intenta desacreditar el video antes de que termine?

La mujer guardó silencio.

Daniel volvió a hablar.

—Si logran encontrarme…

Revisen la nave número…

La imagen comenzó a distorsionarse.

El audio desapareció durante unos segundos.

Todos contuvimos la respiración.

Cuando volvió, solo alcanzamos a escuchar una palabra.

“…diecisiete.”

La grabación terminó.

El detective guardó cuidadosamente el teléfono.

—Necesito localizar todas las bodegas con una nave diecisiete cerca de una vía férrea.

En ese instante sonó otro teléfono.

No era el mío.

Era el de Vanessa.

Miró la pantalla.

Intentó rechazar la llamada.

Pero Hale fue más rápido.

—Conteste.

Ella obedeció con manos temblorosas.

Activó el altavoz.

Una voz masculina habló inmediatamente.

—¿Ya encontraron el teléfono debajo del coche?

El estacionamiento quedó completamente en silencio.

Vanessa cerró los ojos.

Sabía que todo había terminado.

La voz continuó.

—No importa.

En veinte minutos moveremos a Daniel a otra bodega.

Nadie podrá encontrarlo.

Hale hizo una señal inmediata.

Dos agentes sujetaron a Vanessa.

Ella comenzó a llorar.

—¡Yo no quería!

¡Lucas dijo que solo era para asustarlo!

Todos giramos hacia Lucas.

Pero ya no estaba allí.

El hermano de Daniel había desaparecido.

Un oficial gritó desde la entrada del estacionamiento.

—¡Detective!

¡El vehículo del señor Lucas Whitmore acaba de salir a toda velocidad!

Hale tomó la radio.

—Cierren todas las salidas.

Pero ya era demasiado tarde.

Lucas había huido.

Y mientras las patrullas salían del edificio con las sirenas encendidas, uno de los técnicos terminó de limpiar digitalmente el último fotograma del video.

Levantó lentamente la vista.

—Detective…

Ya sé dónde está Daniel.

Porque detrás de él no había solo una puerta metálica.

Había un enorme logotipo azul con el nombre de una empresa… una empresa cuyo único propietario registrado era la propia madre de Daniel.

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