PARTE 2: LA ELECCIÓN QUE DESTRUYÓ SU DESTINO.

Mi madre seguía gritando al otro lado del teléfono.

—¡Clara! ¡Contéstame! ¿Qué hiciste?

Miré la lluvia caer sobre el ventanal del hotel.

—No hice nada.

—¡Mientes! ¡Sebastian está con tu hermana!

—Sí.

Hubo un largo silencio.

Después colgó.

No regresé.

No subí a la habitación.

Tampoco llamé a Sebastian.

Aquella noche decidí que el destino ya no sería responsabilidad mía.

A las seis de la mañana recibí otro mensaje.

Era de Sebastian.

“¿Puedes verme una vez?”

Lo borré sin responder.

Dos horas después regresé a la casa.

El ambiente era tan pesado que costaba respirar.

Mi padre caminaba de un lado a otro.

Mi madre lloraba en el sofá.

Valeria permanecía sentada con una manta sobre los hombros.

Cuando me vio entrar, levantó lentamente la cabeza.

Había una sonrisa apenas visible en sus labios.

Sabía que había ganado.

Mi madre fue la primera en hablar.

—La boda se cancela.

Asentí con tranquilidad.

—Está bien.

Ella quedó desconcertada.

Esperaba gritos.

Esperaba súplicas.

Esperaba que defendiera mi compromiso.

No hice ninguna.

Mi padre respiró profundamente.

—Sebastian acepta hacerse responsable de Valeria.

—Lo sé.

—¿No vas a decir nada?

Negué lentamente.

—No.

Valeria me observaba como si intentara descubrir una trampa.

No la había.

Porque ya conocía el final de aquella historia.

Sebastian llegó una hora después.

Parecía diez años mayor.

Traía los ojos completamente rojos.

Cuando intentó acercarse, di un paso atrás.

—Clara…

—¿Ya elegiste?

Bajó la cabeza.

No respondió.

No hacía falta.

Su silencio era la respuesta.

Mi madre tomó inmediatamente la palabra.

—La familia Wolfe ya aceptó cambiar a la novia.

La ceremonia seguirá adelante.

Solo cambia el nombre.

Miré directamente a Valeria.

—Felicidades.

Por primera vez desde que comenzó todo, ella dejó de sonreír.

Mi reacción no era la que esperaba.

No había lágrimas.

No había resentimiento.

Solo indiferencia.

Aquello parecía incomodarla mucho más.

Sebastian dio otro paso.

—Quiero explicarte…

Lo interrumpí con calma.

—No necesitas hacerlo.

—Sí necesito.

Respiró con dificultad.

—En mi vida anterior…

También recordaba.

Había confesado finalmente.

Mis padres fruncieron el ceño sin entender nada.

Valeria, en cambio, palideció.

Ella también había comprendido.

Solo quienes conservaban los recuerdos podían entender aquella conversación.

Sebastian cerró los ojos.

—Durante veinte años creí que podía compensarte.

Pero nunca pude perdonarme por la muerte de tu hermana.

Lo observé en silencio.

—Y al final descubriste que nunca me amaste lo suficiente.

Negó inmediatamente.

—No es eso.

—Entonces dime.

Si esa noche hubieras recibido el mensaje…

¿A quién habrías elegido?

El silencio volvió a responder por él.

Sonreí con tristeza.

—Ya lo entiendo.

No hacía falta escuchar nada más.

Tomé el anillo de compromiso.

Lo dejé sobre la mesa.

—Esta vez nadie te obligó.

Fuiste tú quien decidió.

Me di la vuelta.

Antes de salir escuché la voz desesperada de Sebastian.

—¡Clara!

Me detuve unos segundos.

—¿Qué?

Su voz apenas era un susurro.

—¿Podrás perdonarme algún día?

No me giré.

—Quizá.

Pero ya no en esta vida.

Salí de aquella casa con una sola maleta.

Exactamente igual que tres años después lo haría para marcharme al extranjero.

Solo que esta vez no escapaba.

Elegía.

Una semana después cancelaron oficialmente mi boda.

Tres semanas más tarde, Sebastian y Valeria se casaron.

Yo nunca asistí.

Ese mismo día recibí la carta de admisión definitiva para la Universidad de Wanaka.

Compré el primer boleto disponible.

Mientras esperaba para abordar, Noah apareció corriendo por la terminal.

Llevaba algo en las manos.

Era el cuaderno donde, cuando éramos niños, habíamos escrito todos nuestros sueños.

Lo abrió por la última página.

Seguía allí una promesa escrita con mi letra.

“Si algún día todo sale mal… volveremos a empezar desde el principio.”

Sonreí.

—Esta vez sí voy a cumplirla.

En ese instante mi teléfono vibró.

Era una noticia enviada por una antigua compañera.

Abrí el enlace.

La fotografía mostraba a Sebastian saliendo del hospital con Valeria.

Debajo del titular solo había una frase.

“La familia Wolfe suspende indefinidamente la luna de miel tras conocerse un resultado médico inesperado que cambia por completo el futuro de los recién casados.”

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