PARTE 2: LA VERDAD DETRÁS DE CAMILA.

El salón quedó completamente en silencio después de que la grabación terminara.

Las últimas palabras de Sebastián parecían seguir flotando en el aire, mezclándose con la música que alguien había olvidado detener.

Los invitados comenzaron a mirarse unos a otros, incapaces de comprender si acababan de presenciar una discusión de pareja o el descubrimiento de un crimen cuidadosamente planeado.

Sebastián dio un paso hacia Valeria.

—Eso está sacado de contexto.

Su voz ya no sonaba segura.

Por primera vez desde que lo conocía, Valeria descubrió miedo en sus ojos.

—¿Sacado de contexto? —preguntó ella con una calma que resultaba mucho más inquietante que cualquier grito—. ¿También está sacado de contexto que hables de convertirte en mi viudo?

Sebastián tragó saliva.

—Era una broma.

Algunas personas soltaron una risa nerviosa.

Nadie le creyó.

Entonces Mauricio levantó la mano.

—No mientas. Tenemos el archivo completo, con fecha, hora y metadatos originales. Si intentas decir que fue editado, puedo demostrar aquí mismo que no lo fue.

Sebastián giró lentamente hacia el abogado.

Durante unos segundos pareció calcular todas las salidas posibles.

Después volvió a mirar a Valeria.

—Amor…

Ella retrocedió.

—No vuelvas a llamarme así.

En ese mismo instante, Roberto observó algo que nadie más parecía notar.

Camila ya casi había llegado a la puerta principal del salón.

—¡Diego! —gritó.

El joven mesero reaccionó de inmediato.

Sin entender completamente lo que ocurría, cerró la puerta automática justo antes de que Camila pudiera escapar.

Ella golpeó el cristal con desesperación.

—¡Ábranme!

Dos invitados se interpusieron instintivamente.

Mauricio caminó hacia ella.

—Creo que todavía tienes algunas preguntas que responder.

Camila respiraba con dificultad.

—Yo no hice nada.

—Entonces explícame por qué huiste.

No respondió.

Valeria avanzó lentamente hasta quedar frente a quien había sido su mejor amiga desde la universidad.

Habían compartido exámenes, viajes, cumpleaños, lágrimas y secretos.

Incluso había sido Camila quien insistió en presentarle a Sebastián tres años atrás.

—Mírame a los ojos —dijo Valeria.

Camila no pudo hacerlo.

Ese simple gesto rompió el último hilo de confianza que aún quedaba.

—¿Desde cuándo?

Camila continuó guardando silencio.

—¿Desde cuándo sabías todo esto?

Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de la joven.

—No quería que terminara así…

Aquella respuesta provocó un murmullo colectivo.

Valeria sintió un nudo en el estómago.

—Eso no responde mi pregunta.

Camila cerró los ojos.

—Desde antes de que ustedes empezaran a salir.

Roberto sintió que el corazón se le detenía.

Valeria dio un paso atrás.

—¿Qué acabas de decir?

—Yo… yo conocía a Sebastián desde hacía mucho tiempo.

Sebastián levantó la voz.

—¡No le hagas caso! ¡Está confundida!

Pero ya era demasiado tarde.

Camila comenzó a hablar como si durante años hubiera esperado precisamente ese momento.

—Nos conocimos cuando ambos trabajábamos para una inmobiliaria.

—¿Eran pareja? —preguntó Mauricio.

Ella tardó varios segundos en responder.

—Sí.

El salón entero estalló en exclamaciones.

Valeria sintió que el piso desaparecía bajo sus pies.

Su prometido había sido novio de la mujer que ella llamaba hermana.

—Terminamos porque tenía demasiadas deudas —continuó Camila entre lágrimas—. Apostaba dinero, pedía préstamos… Siempre buscaba a alguien con patrimonio.

Sebastián golpeó una mesa.

—¡Cállate!

Roberto avanzó inmediatamente.

—Ni un paso más.

Dos invitados sujetaron al novio antes de que pudiera acercarse.

Camila respiró profundamente.

—Cuando supe que Valeria heredaría parte de la constructora… él volvió a buscarme.

Valeria permanecía inmóvil.

Cada palabra era una puñalada distinta.

—Me pidió que organizara encuentros casuales… que hablara bien de él… que pareciera un hombre humilde.

—¿Y aceptaste? —preguntó Valeria con la voz rota.

Camila comenzó a llorar con más fuerza.

—Me prometió que solo quería estabilidad económica.

—¿Solo eso?

Ella negó lentamente.

—Después… dijo que se había enamorado de ti.

Valeria soltó una risa amarga.

—Qué conveniente.

Mauricio intervino.

—¿Y cuándo descubriste que estaba planeando quedarse con su patrimonio?

Camila bajó la cabeza.

—Hace aproximadamente ocho meses.

—¿Por qué no hablaste?

—Porque…

Se hizo un silencio absoluto.

—Porque seguía viéndolo.

Las palabras fueron como una explosión.

Varios invitados llevaron las manos a la boca.

Roberto cerró los puños con tanta fuerza que los nudillos se volvieron blancos.

Valeria apenas podía respirar.

—¿Me estaban engañando?

Camila rompió a llorar.

—Decía que solo esperaba el momento adecuado para divorciarse…

Sebastián perdió completamente el control.

—¡Mientes!

Intentó soltarse de quienes lo sujetaban.

—¡Ella está obsesionada conmigo!

Pero Camila abrió lentamente su bolso.

—Entonces explica esto.

Sacó un segundo teléfono móvil.

No era el suyo habitual.

Era un dispositivo antiguo, protegido por una funda negra.

—Aquí están todos nuestros mensajes.

Sebastián quedó completamente inmóvil.

Por primera vez dejó de intentar defenderse.

Mauricio tomó el teléfono con extremo cuidado.

—Nadie lo toque.

Mientras revisaba la pantalla, su expresión cambió por completo.

Había cientos de conversaciones.

Fotografías.

Transferencias bancarias.

Ubicaciones compartidas.

Promesas.

Mentiras.

Y algo mucho más inquietante.

Mauricio levantó lentamente la vista.

—Roberto…

El padre de Valeria entendió inmediatamente que aquello era peor de lo esperado.

—¿Qué encontraste?

El abogado tragó saliva.

—Aquí hay conversaciones que no hablan solo del patrimonio de Valeria.

Todos esperaron.

—También mencionan a otra persona.

Sebastián palideció.

Camila comenzó a temblar.

—No…

Mauricio deslizó lentamente la pantalla.

Leyó una de las últimas conversaciones.

Su rostro perdió completamente el color.

—Esto cambia todo.

Valeria sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Qué dice?

Mauricio levantó la vista hacia ella.

Su voz apenas salió en un susurro.

—Hablan de alguien llamado Elena… y del día en que ella desapareció hace cuatro años.

En ese preciso instante, varias patrullas de la policía se detuvieron frente al salón de bodas, mientras uno de los agentes descendía del vehículo sosteniendo una carpeta con el mismo nombre que acababa de pronunciar Mauricio.

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