Parte 2: EL HOMBRE QUE DESPERTÓ

Emma dejó de respirar.

Los dedos de Ethan seguían sujetando los suyos.

No era un espasmo.

No era un reflejo.

Era una presión firme.

Consciente.

Sus párpados volvieron a temblar.

Muy despacio.

Hasta que una estrecha franja de sus ojos apareció bajo las pestañas.

Entonces la puerta comenzó a abrirse.

Emma reaccionó por instinto.

Sin pensar.

Volvió a acomodar con suavidad la mano de Ethan sobre la sábana justo antes de que entrara una enfermera.

—¿Todo bien, señora Thornton?

Emma sintió que el corazón iba a salírsele del pecho.

Miró rápidamente a Ethan.

Sus ojos ya estaban cerrados otra vez.

Como si nada hubiera ocurrido.

—Sí… solo estaba hablando con él.

La enfermera sonrió con tristeza.

—Dicen que los pacientes en coma pueden escuchar.

Revisó el monitor cardíaco.

Todo parecía normal.

Después salió de la habitación.

La puerta volvió a cerrarse.

Emma permaneció inmóvil durante varios segundos.

—¿Lo imaginé?

Miró nuevamente la mano de Ethan.

Temblando, volvió a entrelazar sus dedos con los de él.

Nada.

Respiró hondo.

—Si de verdad puedes oírme…

No terminó la frase.

Porque Ethan volvió a apretar su mano.

Esta vez con más fuerza.

Emma sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.

—Dios mío…

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

—Estás despierto…

Los labios de Ethan apenas se movieron.

No salió ningún sonido.

Pero Emma pudo distinguir un leve esfuerzo.

Como si intentara hablar.

Ella acercó el oído.

—No te esfuerces.

Él volvió a mover ligeramente los labios.

Solo una palabra.

Tan débil que apenas pudo entenderla.

—…No…

Emma frunció el ceño.

—¿No?

Ethan reunió las pocas fuerzas que tenía.

Repitió el mismo movimiento.

—…No… confíes…

Un fuerte golpe interrumpió todo.

La puerta volvió a abrirse.

Esta vez entró Jason Thornton.

Sonreía exactamente igual que durante la boda.

Pero aquella sonrisa desapareció al encontrar a Emma inclinada sobre Ethan.

—¿Interrumpo algo?

Emma dio un paso atrás.

—Solo estaba hablando con él.

Jason caminó lentamente hasta la cama.

Observó atentamente el rostro de su primo.

Después miró el monitor.

—Supongo que ya te explicaron que no responde.

Emma guardó silencio.

Jason acarició distraídamente la barandilla metálica de la cama.

—Es una tragedia.

Hizo una pausa.

—Aunque algunos dirían que también es una oportunidad.

Ella levantó la vista.

—¿Qué quieres decir?

Jason sonrió.

—La vida sigue.

Miró directamente a Emma.

—Y una mujer joven no debería desperdiciar sus mejores años esperando un milagro.

Aquellas palabras hicieron que Emma sintiera un profundo rechazo.

No respondió.

Jason se acercó un poco más.

—Si algún día necesitas ayuda para adaptarte a esta familia…

Su mirada recorrió lentamente el rostro de Emma.

—Puedes acudir a mí.

Antes de salir, apoyó la mano sobre el hombro de Ethan.

—Descansa, primo.

Cuando la puerta volvió a cerrarse, Emma sintió que el ambiente cambiaba.

Miró inmediatamente a Ethan.

Los músculos de su mandíbula estaban completamente tensos.

Su respiración había aumentado ligeramente.

Como si hubiera escuchado cada palabra.

Emma tomó nuevamente su mano.

—¿Puedes oírme?

Los dedos de Ethan respondieron con una leve presión.

Ya no quedaban dudas.

Estaba consciente.

Pero por alguna razón no podía despertar completamente.

Emma recordó entonces la advertencia.

“No confíes…”

¿En quién?

¿En Jason?

¿En alguien más de la familia?

Mientras intentaba ordenar sus pensamientos, Vivian Thornton regresó al dormitorio.

La anciana observó a Emma durante unos segundos.

—¿Cómo te encuentras?

—Bien.

Vivian miró a su nieto.

—Los médicos dicen que su estado no ha cambiado.

Emma dudó.

Podía contarlo.

Podía decir que Ethan acababa de mover la mano.

Pero algo la detuvo.

Recordó la mirada de Jason.

Y aquella extraña advertencia.

“No confíes…”

Decidió guardar silencio.

Vivian asintió lentamente.

—Esta casa tiene muchos secretos, Emma.

La joven sintió un escalofrío.

—¿Qué quiere decir?

La anciana no respondió directamente.

Solo acarició el cabello de Ethan.

—Hay personas que desean desesperadamente que nunca despierte.

Emma sintió que el aire desaparecía de la habitación.

Vivian salió sin añadir una sola palabra más.

Cuando volvió el silencio, Emma abrió lentamente el cajón de la mesita de noche buscando un pañuelo.

Encontró algo completamente inesperado.

Un pequeño cuaderno de cuero negro.

Estaba escondido bajo varios libros.

En la primera página había una única frase escrita con la elegante caligrafía de Ethan:

“Si estás leyendo esto, significa que desperté demasiado tarde… o que alguien intentó impedir que lo hiciera.”

Emma levantó la vista hacia la cama.

Ethan seguía inmóvil.

Pero, en ese mismo instante, sus dedos volvieron a cerrar con fuerza la mano de ella.

Y esta vez, con un esfuerzo desesperado, consiguió abrir apenas los ojos y pronunciar tres palabras que hicieron que Emma comprendiera que su matrimonio jamás había sido una simple transacción:

No… fue… un accidente.

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