Parte 2: LA HEREDERA DESAPARECIDA

Emma permaneció inmóvil.

El hombre de traje negro seguía frente a ella con los ojos llenos de lágrimas.

Durante varios segundos nadie habló.

Finalmente, el director médico rompió el silencio.

—Señor Lancaster…

El hombre levantó lentamente la mano.

No apartaba la vista de Emma.

—Tiene los ojos de su madre.

Emma sintió que el aire desaparecía de la habitación.

—Creo… que me está confundiendo con otra persona.

El anciano negó lentamente.

Con manos temblorosas abrió la carpeta que llevaba consigo.

Sacó una fotografía antigua.

Una mujer joven sostenía a un bebé envuelto en una manta blanca.

Después colocó otra fotografía al lado.

Era Emma de niña.

El parecido era imposible de ignorar.

Las mismas cejas.

La misma sonrisa.

Los mismos ojos.

Emma sintió que las piernas dejaban de sostenerla.

—¿Quién… era ella?

El hombre acarició la fotografía.

—Mi hija.

Respiró profundamente.

—Elizabeth Lancaster.

Su voz se quebró.

—Y tú desapareciste con ella hace veintisiete años.

Emma apenas podía comprender lo que escuchaba.

—Pero… mis padres adoptivos…

—Te encontraron.

El doctor Hale intervino con calma.

—Según los registros de adopción, usted fue localizada sola después de un accidente ocurrido cuando era muy pequeña.

Nadie consiguió identificar a su familia biológica en aquel momento.

El anciano cerró los ojos.

—Nunca dejamos de buscarte.

El silencio volvió a llenar la habitación.


En ese mismo instante, el teléfono de Emma vibró.

Era Adrian.

No contestó.

Volvió a sonar.

Después llegó un mensaje.

“Necesito que vengas hoy mismo a firmar.”

Cinco segundos después apareció otro.

“No compliques más las cosas.”

Emma apagó la pantalla.

Ya no tenía fuerzas para responder.

El señor Lancaster observó el gesto.

—¿Es tu esposo?

Ella sonrió con amargura.

—Mi exesposo.

—Casi.

Respiró hondo.

—Hoy quiere terminar definitivamente el divorcio.

El anciano guardó silencio unos segundos.

—Entonces iremos contigo.

Emma negó inmediatamente.

—No.

—No quiero que esto se convierta en un espectáculo.

Él sonrió con tristeza.

—Llevamos veintisiete años esperándote.

Hizo una breve pausa.

—Un día más no cambiará nada.


Dos horas después…

Emma llegó al despacho jurídico donde debía firmar los documentos finales.

Vestía exactamente la misma ropa sencilla con la que había ido al hospital.

Adrian ya estaba sentado.

Olivia también.

Los dos sonrieron con evidente superioridad.

—Pensé que no vendrías —dijo Adrian.

Emma tomó asiento.

No respondió.

Olivia deslizó los papeles hacia ella.

—Solo firma.

—Después cada uno seguirá su camino.

Emma tomó el bolígrafo.

Justo cuando iba a escribir, la puerta volvió a abrirse.

Entró el doctor Marcus Hale.

Detrás de él apareció el hombre mayor de traje negro.

Y después tres abogados.

Todos se quedaron inmóviles.

Adrian frunció el ceño.

—¿Quiénes son?

Uno de los abogados habló con absoluta tranquilidad.

—Representamos a la familia Lancaster.

Olivia soltó una pequeña risa.

—¿Y eso qué tiene que ver con este divorcio?

El abogado colocó una carpeta sobre la mesa.

—Mucho.

Miró directamente a Emma.

—La señorita Emma Collins ha sido identificada oficialmente como Emma Elizabeth Lancaster.

El bolígrafo cayó de la mano de Adrian.

El silencio fue absoluto.

Olivia perdió la sonrisa.

—Eso… eso es imposible.

El señor Lancaster dio un paso adelante.

Por primera vez tomó suavemente la mano de Emma.

—Mi hija ya no está sola.

Adrian comenzó a respirar con dificultad.

Recordó inmediatamente todas las ocasiones en que había humillado a Emma.

Las amenazas.

La presión para que firmara.

La forma en que Olivia se había burlado de ella frente a su pequeño apartamento.

Todo pasó por su mente en cuestión de segundos.

Olivia intentó recuperar el control.

—Aunque fuera cierto…

Miró a Emma con desprecio.

—Sigue siendo una mujer divorciada y sin nada.

Nadie respondió.

Uno de los abogados abrió otra carpeta.

—En realidad…

Sacó varios documentos notariales.

—Como única descendiente directa de Elizabeth Lancaster, la señora Emma Lancaster recupera inmediatamente todos los derechos sucesorios que permanecieron suspendidos desde su desaparición.

Adrian sintió un nudo en el estómago.

—¿Qué significa eso?

El abogado lo miró con serenidad.

—Que la participación patrimonial que acaba de recuperar supera ampliamente el valor de todo el grupo empresarial Blake.

Olivia quedó completamente pálida.

Emma seguía sin decir una sola palabra.

Todavía intentaba comprender cómo había cambiado su vida en menos de un día.

Entonces el doctor Hale recibió una llamada.

Escuchó apenas unos segundos.

Su expresión cambió por completo.

Colgó lentamente.

Miró primero a Emma.

Después al señor Lancaster.

Y habló con una voz que hizo que toda la sala volviera a quedarse en silencio.

Acaban de llegar los resultados completos de los análisis prenatales… y hay algo relacionado con el bebé que cambia por completo este caso familiar.

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