Parte 2: LA MEMORIA USB QUE LOS CONDENÓ

El ahuehuete crujió con un sonido seco.

Mariana sintió cómo el costal se balanceaba violentamente sobre el barranco mientras la lluvia seguía golpeando su rostro.

Apenas podía respirar.

El sedante comenzaba a perder efecto.

Con las manos todavía atadas, logró llevar una de ellas hasta el bolsillo interior de su chamarra militar.

Allí seguía.

La memoria USB.

Era tan pequeña que los hombres nunca la encontraron durante el secuestro.

La apretó con todas sus fuerzas.

No por su valor económico.

Sino porque contenía exactamente aquello por lo que Teresa Robles había decidido matarla.

Un nuevo crujido atravesó la montaña.

La rama terminó de romperse.

El costal cayó varios metros antes de quedar atrapado entre unas enormes rocas al fondo de la barranca.

El golpe le arrancó un gemido de dolor.

Pero seguía viva.

Y el bebé también.

Arriba, Sergio “El Tuerto” maldecía mientras observaba el derrumbe.

—¡Búsquenla!

Uno de los hombres negó con la cabeza.

—Patrón, la camioneta desapareció.

—¡Me importa un demonio la camioneta!

Teresa dio un paso adelante bajo la lluvia.

—Quiero el cuerpo.

—No podemos bajar con este terreno.

Ella abrió la maleta.

Sacó varios fajos de billetes.

—Un millón más.

El silencio fue absoluto.

—Pero la quiero muerta.

Sergio respiró hondo.

—Vamos.

Cuarenta minutos después descendieron con cuerdas y linternas.

Encontraron el costal atrapado entre las piedras.

Sergio hizo una señal.

Uno de sus hombres abrió lentamente la cuerda que cerraba el saco.

Esperaban encontrar un cadáver.

En cambio…

Los ojos de Mariana se abrieron lentamente.

Cubiertos de barro.

Llenos de sangre.

Pero completamente conscientes.

Respiró con dificultad.

Miró fijamente a los cinco hombres.

Después pronunció una sola frase.

Si me matan… ustedes morirán antes que Teresa.

Nadie habló.

Sergio frunció el ceño.

—¿Qué dijiste?

Mariana levantó lentamente la mano.

Entre los dedos sostenía la memoria USB.

—Toda la contabilidad ilegal de Grupo Robles está aquí.

Los hombres intercambiaron miradas.

—Las empresas fantasma.

—Los sobornos.

—Los contratos falsificados.

—Los nombres de todos los que recibieron dinero.

Su voz era apenas un susurro.

—Incluidos ustedes.

Sergio sintió un escalofrío.

—Eso es mentira.

Mariana sonrió con dificultad.

—Pregúntale… cuánto tiempo lleva desviando dinero mediante Constructora Sierra Azul.

El rostro de Sergio cambió por completo.

Ese nombre nunca había salido de la boca de nadie fuera del círculo de Teresa.

Solo tres personas conocían aquella empresa.

Teresa.

Su contador.

Y él.

Mariana continuó hablando.

—También sé cuánto recibiste hace dos años por desaparecer a un auditor.

Uno de los sicarios dio un paso hacia atrás.

—Jefe…

Sergio permanecía inmóvil.

Mariana respiró profundamente.

—Teresa les pagó dos millones.

Después los eliminará para borrar cualquier testigo.

Los hombres comenzaron a mirarse entre sí.

—¿Cómo sabes eso?

Ella levantó nuevamente la memoria.

—Porque durante seis meses audité toda la empresa por orden de Alejandro.

—¿El mayor?

—Sí.

—Él ya sospechaba de su madre.

El silencio se hizo insoportable.

En Guadalajara, exactamente al mismo tiempo, el mayor Alejandro Robles aterrizaba inesperadamente en la Base Aérea Militar Número 5.

La misión en Chiapas había sido suspendida.

Su primer pensamiento fue llamar a Mariana.

No respondió.

Volvió a intentarlo.

Nada.

Marcó entonces a su madre.

Teresa contestó al segundo tono.

—Hijo…

Fingió sorpresa.

—¿Ya regresaste?

—¿Dónde está Mariana?

Hubo una pausa.

—Salió de viaje.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Embarazada de cuatro meses?

—Necesitaba descansar.

Algo dentro de él comenzó a inquietarse.

Pidió hablar con el personal de seguridad de la residencia.

Ninguno había visto salir a Mariana.

El sistema de cámaras aparecía misteriosamente desconectado desde hacía treinta horas.

El mayor dejó de hacer preguntas.

Subió inmediatamente a su vehículo militar.

Mientras tanto, en la barranca, Sergio observaba fijamente la memoria USB.

—¿Qué quieres?

Mariana apenas podía mantenerse consciente.

—Llévenme a un hospital.

Uno de los hombres intervino.

—¿Y luego?

—Les entregaré una copia.

Sergio negó lentamente.

—¿Y el original?

Mariana sonrió.

—Ya no está solo aquí.

Todos guardaron silencio.

Era mentira.

Pero necesitaba ganar tiempo.

—Si desaparezco…

Tosió sangre.

—…el archivo se enviará automáticamente.

Los hombres comenzaron a murmurar.

Ninguno quería terminar en prisión.

Mucho menos muerto.

Sergio respiró profundamente.

Después tomó una decisión inesperada.

—Suban a la mujer.

Uno de los sicarios protestó.

—¿Y Teresa?

Sergio respondió sin apartar la vista de Mariana.

—Teresa ya dejó de ser nuestro problema.

En ese mismo instante sonó el teléfono de Sergio.

Era Teresa.

Contestó.

—¿Ya terminaron?

Él observó a Mariana.

Luego respondió con absoluta frialdad.

—Sí.

—¿No quedó rastro?

Sergio miró nuevamente la memoria USB.

—No quedó ninguno.

Teresa sonrió al otro lado de la llamada.

—Perfecto.

Colgó convencida de haber eliminado el último obstáculo.

No sabía que, mientras celebraba su victoria, el convoy militar de Alejandro acababa de cruzar el portón principal de la residencia.

Y tampoco sabía que el contador de Grupo Robles, aterrorizado por las noticias del supuesto accidente en la sierra, acababa de entrar en la Fiscalía Anticorrupción con una carpeta azul bajo el brazo.

Dentro llevaba exactamente los mismos documentos que contenía la memoria USB de Mariana.

Porque Alejandro había previsto una traición.

Y había ordenado guardar dos copias idénticas.

Cuando Teresa vio entrar a su hijo uniformado, sonrió con aparente tranquilidad.

Pero la sonrisa desapareció en cuanto él dejó sobre la mesa una fotografía tomada por un satélite militar.

La imagen mostraba claramente la cantera abandonada.

La fosa abierta.

La camioneta destruida.

Y a cinco hombres cargando un costal blanco.

Entonces Alejandro levantó lentamente la mirada.

Y formuló una única pregunta.

Mamá… ¿quieres explicarme por qué el GPS del teléfono de Mariana terminó exactamente donde alguien intentó enterrarla viva?

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