Claire no volvió a mirar atrás.
Tomó a Emma en brazos, salió de la mansión y condujo directamente al dentista infantil.
Dos dientes de leche habían salido de su lugar.
El médico terminó el examen y levantó la vista.
—Va a recuperarse.
Miró con tristeza a la pequeña.
—Pero alguien la golpeó con mucha fuerza.
Claire respiró hondo.
—Lo sé.
Mientras Emma descansaba, firmó los papeles de divorcio.
No pidió explicaciones.
No pidió otra oportunidad.
Solo escribió su nombre de soltera.
Claire Whitmore.
Aquella noche…
La Gala Anual de la Fundación Whitmore reunía a empresarios, políticos y filántropos de todo el estado.
Derek llegó del brazo de Sloane.
Sonreía.
Estaba convencido de que Claire no aparecería.
Después de todo, siempre había evitado los conflictos.
Vivian caminó orgullosa entre los invitados.
—Por fin esa mujer entendió cuál era su lugar.
Sloane sonrió.
—Supongo que ya estará empacando sus cosas.
En ese instante, las puertas principales se abrieron.
Todo el salón volvió la cabeza.
Claire entró tomada de la mano de Emma.
Vestía un elegante vestido azul oscuro.
Emma llevaba un pequeño vestido blanco y una discreta curita junto a la boca.
El murmullo recorrió el salón.
Derek frunció el ceño.
—¿Qué hace aquí?
Sloane respondió con desprecio.
—Quiere llamar la atención.
No alcanzó a terminar la frase.
Todos los miembros del consejo directivo comenzaron a ponerse de pie.
Uno tras otro.
Después apareció un hombre de cabello plateado.
Los invitados lo reconocieron inmediatamente.
Richard Whitmore.
Fundador del Grupo Whitmore.
Uno de los empresarios más poderosos del país.
Caminó directamente hacia Claire.
La abrazó.
—Bienvenida a casa, hija.
El silencio fue absoluto.
Derek sintió que el rostro perdía todo el color.
—¿Hija?
Vivian abrió mucho los ojos.
—Eso… eso no puede ser.
Richard tomó la mano de Emma.
—Y tú debes ser mi nieta.
La pequeña sonrió tímidamente.
—Sí, señor.
Él la levantó en brazos.
—Puedes llamarme abuelo.
Varias personas comenzaron a murmurar.
Derek retrocedió un paso.
Durante seis años creyó que Claire había roto con su familia por orgullo.
Nunca imaginó que pertenecía a la familia que financiaba buena parte de sus proyectos inmobiliarios.
Richard tomó el micrófono.
—Antes de comenzar la gala…
Miró directamente a Derek.
—Quiero hacer un anuncio.
El salón quedó completamente en silencio.
—A partir de esta tarde, el Grupo Whitmore cancela toda relación financiera con Holloway Development.
Los inversionistas comenzaron a mirarse entre sí.
Richard continuó.
—También hemos solicitado una auditoría completa de todos los proyectos respaldados por nuestros fideicomisos.
Derek apenas podía respirar.
Se acercó desesperadamente a Claire.

—Podemos hablar.
Ella negó lentamente.
—Ya hablamos durante seis años.
—Claire…
—Hoy solo estás escuchando por primera vez.
Sloane dio un paso al frente.
—Todo esto es una exageración por un accidente.
Claire la observó fijamente.
—¿Accidente?
Se volvió hacia Emma.
—Cariño…
La niña levantó la vista.
—¿Puedes decirnos qué pasó esta mañana?
Emma guardó silencio unos segundos.
Después miró a Sloane.
Y con la inocencia que solo tiene un niño, dijo una sola palabra.
—Bruja.
El salón entero quedó inmóvil.
Emma continuó con voz temblorosa.
—La bruja me pegó…
Se tocó la boca.
—Y papá dijo que yo no valía la pena.
Nadie habló.
Nadie se movió.
El silencio pesaba más que cualquier discurso.
Richard abrazó con fuerza a su nieta.
Después miró a Derek.
—Un hombre que no defiende a su propia hija…
Hizo una breve pausa.
—No merece dirigir una empresa construida sobre la confianza de otras familias.
En ese momento, el abogado de Whitmore entregó una carpeta a Richard.
Él la abrió.
Después levantó lentamente la vista hacia Derek.
—Hay algo que acabamos de descubrir durante la auditoría preliminar.
El rostro de Derek se tensó.
—¿Qué cosa?
Richard cerró la carpeta con calma.
—Parece que el problema más grave de Holloway Development no es el divorcio… sino varios movimientos financieros que deberán ser explicados ante las autoridades.