Parte 2: EL APELLIDO QUE CAMBIÓ SU DESTINO

Toda la recepción quedó en silencio.

La enfermera sostenía el certificado de nacimiento con las manos temblando.

—Señor… —balbuceó—. Solo el padre biológico puede firmar este documento.

Luca Moretti levantó la vista.

—No he dicho que vaya a firmar como padre biológico.

Sacó una tarjeta negra del bolsillo interior de su saco.

La colocó sobre el mostrador.

La directora del hospital, que acababa de llegar alertada por el revuelo, la vio y perdió el color.

—Señor Moretti…

No sabíamos que había regresado a la ciudad.

Luca no respondió.

Seguía mirando a la pequeña a través del cristal.


Yo respiré con dificultad.

—¿Quién es usted?

Por primera vez me miró directamente.

Sus ojos tenían una tristeza imposible de ocultar.

—Un viejo amigo de tu padre.

Sentí que el corazón se detenía.

—Mi padre murió hace ocho años.

Él negó lentamente.

—Eso fue lo que te hicieron creer.

El mundo pareció inclinarse bajo mis pies.


Antes de que pudiera responder, Derek volvió al pasillo.

Había olvidado las llaves del coche.

Al ver al desconocido junto al mostrador frunció el ceño.

—¿Quién demonios es este?

Luca ni siquiera giró la cabeza.

—El hombre que acaba de impedir que cometas el mayor error de tu vida.

Derek soltó una risa.

—No me interesa.

Se acercó para tomar nuevamente el formulario.

Luca colocó una mano sobre el documento.

Sin fuerza.

Pero Derek fue incapaz de moverlo.


—Retira la mano.

Luca sonrió apenas.

—Después de ti.

Brittany apareció detrás de Derek.

—Llamaré a seguridad.

La directora del hospital intervino inmediatamente.

—No.

Nadie llamó a seguridad.

Nadie.

Brittany quedó desconcertada.

—¿Por qué?

La mujer respiró hondo.

—Porque el señor Moretti es miembro del consejo que financió este hospital durante los últimos quince años.

El silencio fue absoluto.


Luca volvió a mirarme.

—Emma.

¿Tu padre nunca habló de Italia?

Negué lentamente.

—Jamás.

Él sacó una fotografía antigua.

Había dos hombres jóvenes abrazados.

Uno era Luca.

El otro…

Mi padre.

Las lágrimas comenzaron a caer sin control.


—Prometí que nunca volvería a acercarme a ti.

Dijo con voz baja.

—Solo rompería esa promesa si algún día te veía completamente sola.

Miró hacia la guardería.

—Hoy llegué demasiado tarde para evitar tus lágrimas.

Pero todavía estoy a tiempo para proteger a esa niña.


Derek comenzó a impacientarse.

—¿Terminamos con este drama?

Luca se giró finalmente hacia él.

—No.

Ahora empieza.

Sacó un sobre.

Lo deslizó frente a Derek.

—Ábrelo.

Dentro había una prueba genética.

Derek frunció el ceño.

—¿Qué es esto?

—La prueba que ordenaste hace dos semanas.

Su rostro perdió el color.

Yo lo miré sorprendida.

—¿Qué?

Luca respondió sin apartar la vista de Derek.

—Contrató un laboratorio privado antes del parto.

Quería asegurarse de no asumir responsabilidades si el resultado no le convenía.

Sentí que el aire desaparecía.


Derek abrió el informe con manos temblorosas.

La conclusión ocupaba una sola línea.

Probabilidad de paternidad: 99.9999 %.

Nadie habló.

Ni siquiera Brittany.


Luca volvió a tomar el certificado.

Lo entregó nuevamente a Derek.

—Ahora ya no tienes excusas.

Derek permaneció inmóvil.

No firmó.

Simplemente bajó la cabeza.

Entonces Luca dijo algo que nadie esperaba.

—No importa.

Todos lo miraron.

Él sonrió con absoluta tranquilidad.

—Porque una niña no necesita un apellido de alguien que solo aparece cuando un laboratorio le da permiso para ser padre.


Me acerqué lentamente a la ventana de la guardería.

Mi hija seguía dormida.

Ajena a todo.

Luca permanecía detrás de mí.

—¿Qué ocurrirá ahora?

Pregunté.

Él respondió sin dudar.

—Tú decidirás.

Si quieres que crezca con tu apellido…

La apoyaré.

Si quieres reclamar judicialmente la paternidad…

También.

Pero nunca volverás a enfrentar algo así sola.


Pensé que aquello había terminado.

Hasta que sonó el teléfono de Luca.

Contestó.

Escuchó apenas unos segundos.

Después levantó lentamente la vista hacia mí.

Su expresión cambió por completo.

—Emma…

Sentí un escalofrío.

—¿Qué ocurre?

Guardó el teléfono.

Respiró profundamente antes de hablar.

Acaban de abrir el testamento de tu padre… y resulta que nunca murió en bancarrota como te hicieron creer. Durante ocho años alguien administró en secreto toda su fortuna, esperando únicamente el nacimiento de su primer nieto para revelar quién era el verdadero heredero de la familia Moretti.

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