—¿Por qué has vuelto tan tarde?
Lục Kiến Tinh salió de la cocina secándose las manos, como si aquella casa todavía le perteneciera.
Lo miré.
Luego miré a Tô Lan, vestida con mi pijama, y al niño que seguía saltando sobre mi sofá con los zapatos llenos de barro.
—¿Qué hacen aquí?
Kiến Tinh frunció el ceño.
—Tô Lan acaba de regresar al país. Todavía no ha encontrado un lugar adecuado. El niño necesita estabilidad, así que vivirán aquí temporalmente.
Solté una pequeña risa.
—¿Aquí?
—Sí. Tienes tres habitaciones vacías. No seas mezquina.
Tô Lan se levantó enseguida.
—Niệm Sơ, no te preocupes. Solo serán unos días. Kiến Tinh dijo que tú siempre has sido comprensiva.
Miré el pijama que llevaba puesto.
—¿Y también te dijo que podías usar mi ropa?
Ella bajó la mirada.
—Me duché y no tenía nada cómodo…
—Mamá también durmió en tu cama —interrumpió el niño.
El silencio cayó de golpe.
Mis dedos se cerraron alrededor del ramo que Thẩm Ước me había entregado unas horas antes.
Kiến Tinh reaccionó enseguida.
—El niño estaba cansado. No conviertas todo en un problema.
Entonces vio las flores.
Su expresión cambió.
—¿Quién te dio eso?
—Mi esposo.
Durante dos segundos nadie habló.
Después Kiến Tinh soltó una carcajada.
—¿Todavía sigues con esa tontería?
Saqué tranquilamente de mi bolso el certificado de matrimonio.
—No era una tontería.
Su sonrisa desapareció.
Tô Lan se acercó con curiosidad, pero Kiến Tinh me arrebató el documento antes de que ella pudiera tocarlo.
Lo abrió.
Vi cómo sus ojos se detenían en los nombres.
**Lâm Niệm Sơ.
Thẩm Ước.**
Su rostro perdió el color.
—¿Thẩm… Ước?
—Exactamente.
—¿El Thẩm Ước del Grupo Thẩm?
Asentí.
La mano con la que sostenía el certificado comenzó a tensarse.
—¿Te casaste con él solo para vengarte de mí?
Lo observé, sorprendida por su seguridad.
—Kiến Tinh, esta mañana te casaste con otra mujer delante de mí.
—¡Eso es diferente!
Su grito hizo que el niño dejara de saltar.
—Tô Lan es la madre de mi hijo. ¡Yo tenía una responsabilidad!
—Y ahora ella es tu esposa.
Extendí la mano.
—Devuélveme mi certificado.
Pero él no lo hizo.
—Puedes divorciarte.
Lo miré fijamente.
—¿Qué?
—Thẩm Ước lleva años detrás de ti. Se aprovechó de que estabas enfadada. Cuando regreses a tus cabales, puedes divorciarte de él.
Por primera vez comprendí algo que durante años no había querido ver.
Lục Kiến Tinh nunca había pensado que podía perderme.
Creía que podía casarse con Tô Lan, traerla a mi casa, permitir que su hijo me llamara amante…
Y que yo seguiría esperándolo.
Tô Lan apretó los labios.
—Kiến Tinh, si Niệm Sơ ya encontró su felicidad, deberíamos felicitarla.
Sus palabras parecían amables.
Pero sus ojos estaban clavados en mi certificado.
—Además —añadió suavemente—, ahora esta casa podría servirnos para criar al niño.
Sonreí.
Finalmente entendí por qué estaban allí.
—Salgan.
Kiến Tinh se quedó inmóvil.
—¿Qué dijiste?
—Que salgan de mi casa.
Su expresión se endureció.
—Niệm Sơ, yo pagué parte de la decoración.
—Pagaste dos lámparas y una mesa.
Señalé la puerta.
—La propiedad está registrada exclusivamente a mi nombre.
Tô Lan palideció.
—Pero el niño ya se acostumbró…
—Llegó hoy.
—¡Mala!
El pequeño agarró un jarrón decorativo y lo lanzó al suelo.
¡Crash!
Los fragmentos se dispersaron sobre el mármol.
Tô Lan corrió a abrazarlo.
—Cariño, no pasa nada. Mamá está aquí.
Kiến Tinh me miró como si la culpable fuera yo.
—Mira lo que provocaste.
No respondí.
Saqué el teléfono y llamé a seguridad.
Aquello finalmente lo hizo perder el control.
—¡Lâm Niệm Sơ!
Avanzó hacia mí.
—¿Vas a echar a un niño de cinco años a la calle por tus celos?
—No.
Lo miré directamente.
—Estoy echando a un matrimonio que entró en mi casa sin permiso.
Su rostro se puso rojo.
Tô Lan comenzó a llorar.
—Olvídalo, Kiến Tinh. Vámonos. Niệm Sơ tiene razón. Después de todo, nosotros somos una familia y ella… ella ya es una extraña.
Aquella frase hizo que Kiến Tinh se quedara rígido.
Antes de que pudiera responder, sonó mi teléfono.
Era Thẩm Ước.
Contesté.
—¿Llegaste bien?
Su voz sonaba cansada.
—Sí.
—¿Y por qué estás hablando tan bajito?
Miré a las tres personas frente a mí.
—Tengo invitados inesperados.
Hubo un breve silencio.
—¿Lục Kiến Tinh?
No pregunté cómo lo sabía.
—Sí.

La voz de Thẩm Ước cambió inmediatamente.
—Niệm Sơ, escucha. No discutas con él. Acabo de recibir información sobre la familia Lục.
Mi corazón se tensó.
—¿Qué información?
Antes de que pudiera responder, Kiến Tinh me quitó el teléfono.
—Thẩm Ước, deja de meterte en nuestra relación.
La risa fría de Thẩm Ước atravesó el altavoz.
—¿Nuestra?
Kiến Tinh apretó la mandíbula.
—Niệm Sơ estuvo conmigo siete años.
—Y lleva unas horas siendo mi esposa. Con eso me basta.
Kiến Tinh colgó.
Luego arrojó mi teléfono sobre el sofá.
—No sabes nada de ese hombre.
Recogí el móvil.
—Sé suficiente.
En ese momento llamaron a la puerta.
Pensé que era seguridad.
Pero cuando abrí, encontré a tres hombres vestidos con traje oscuro.
El primero me entregó una carpeta.
—Señora Thẩm, disculpe la hora. El señor Thẩm nos pidió que le entregáramos esto inmediatamente.
Kiến Tinh se acercó.
—¿Qué es?
Abrí la carpeta.
En la primera página aparecía el nombre de su familia.
GRUPO LỤC — INVESTIGACIÓN DE ACTIVOS Y TRANSFERENCIAS IRREGULARES.
Sentí un escalofrío.
Tô Lan dejó de llorar.
Y, por primera vez desde que había aparecido aquella mañana, vi verdadero miedo en sus ojos.
Pasé la página.
Había transferencias, sociedades, propiedades y varias fotografías.
Una mostraba a Tô Lan entrando en un banco meses antes de regresar al país.
Otra mostraba a Kiến Tinh reuniéndose secretamente con un abogado.
Pero fue la tercera fotografía la que me dejó inmóvil.
El niño aparecía junto a un hombre desconocido.
Debajo había una línea escrita en rojo:
«Resultado preliminar: la identidad del padre biológico presenta inconsistencias.»
Kiến Tinh me arrancó la carpeta.
—¡Dame eso!
Tô Lan se levantó de golpe.
—¡No lo leas!
Demasiado tarde.
Kiến Tinh ya había visto la siguiente página.
Su rostro se volvió completamente blanco.
Miró al niño.
Después miró a Tô Lan.
—¿Qué significa esto?
Ella retrocedió.
—Kiến Tinh, puedo explicarlo…
Entonces mi teléfono volvió a sonar.
Era un mensaje de Thẩm Ước.
Solo contenía una frase:
«Niệm Sơ, no dejes que Tô Lan salga de esa casa. El niño no es el verdadero problema. Acabo de descubrir por qué regresó.»
Y justo cuando terminé de leerlo, Tô Lan corrió hacia la puerta.