PARTE 2: LA MUJER QUE ÉL CREYÓ HABER DESTRUIDO.

Ethan no dijo una sola palabra durante varios segundos.

Su mirada pasó del gerente general hacia mí.

Después volvió al enorme logotipo de Northstar Global detrás de la entrada.

—¿Tú… fundaste esta empresa?

Me quité los guantes lentamente.

—Hace cinco años.

El gerente general sonrió.

—La señorita Lin posee el sesenta y ocho por ciento del grupo.

El rostro de Ethan perdió el color.

Cinco años atrás, cuando nos divorciamos, él estaba convencido de que yo no sobreviviría sola.

Yo no tenía contactos.

No tenía una fortuna familiar.

No tenía ninguna empresa.

Solo una pequeña cantidad de ahorros y una maleta.

Ethan había firmado el divorcio creyendo que tarde o temprano volvería.

Incluso me había dicho:

—Cuando descubras cómo funciona el mundo sin mí, podrás llamarme.

Nunca lo hice.

Ahora era él quien había venido a pedirme dinero.

—Señor Lu —dijo mi director financiero—, tenemos preparada la reunión sobre la solicitud de inversión de Lu Technologies.

Ethan apretó la mandíbula.

—Necesito hablar con Clara en privado.

—No.

Mi respuesta fue inmediata.

Entré al edificio.

—Aquí soy la presidenta de Northstar. Si tienes algo que decirme sobre tu empresa, puedes hacerlo durante la presentación.

Ethan caminó detrás de mí.

—¿Sabías que yo vendría?

—Vi tu nombre en el expediente.

—¿Y aceptaste revisar nuestra solicitud?

Me detuve frente al ascensor.

—Northstar no toma decisiones basándose en matrimonios terminados.

Las puertas se abrieron.

Entré.

—Solo en números.

Aquello pareció dolerle más que cualquier insulto.

Porque cinco años atrás él había sido el centro de mi mundo.

Ahora era simplemente una empresa en problemas.

La reunión comenzó veinte minutos después.

Doce personas ocupaban la sala.

Ethan estaba frente a una pantalla mostrando resultados financieros.

Hablaba con seguridad.

Pero yo podía ver el problema inmediatamente.

Deuda creciente.

Ventas estancadas.

Tres productos retrasados.

Y una expansión demasiado agresiva financiada con préstamos.

Finalmente terminó.

—Con la inversión de Northstar podremos estabilizar operaciones durante los próximos dieciocho meses.

Cerró la presentación.

—Solicitamos ciento veinte millones de dólares.

Miré al director financiero.

—¿Valoración propuesta?

—Seiscientos millones.

Casi me reí.

—No.

Ethan se quedó inmóvil.

—¿No qué?

—No vale seiscientos millones.

Su expresión se endureció.

—Nuestros activos…

—Están comprometidos.

Abrí el informe.

—Tus patentes principales garantizan dos préstamos. La fábrica norte trabaja al cuarenta y tres por ciento de capacidad. Y tienes obligaciones que vencen en nueve semanas.

La sala quedó silenciosa.

Ethan me miró fijamente.

—Has investigado mucho.

—Es mi trabajo.

Pasé otra página.

—Northstar podría invertir.

Sus ojos cambiaron.

—Pero no por ciento veinte millones a esa valoración.

—¿Qué propones?

Lo miré.

—Adquirir el control.

Ethan se levantó.

—Eso es absurdo.

—Entonces recházalo.

—Quieres quitarme mi empresa.

—No.

Cerré la carpeta.

—Tu empresa ya está perdiéndose sola.

El silencio fue absoluto.

—Nosotros ponemos capital, asumimos parte de la deuda y reorganizamos operaciones.

—¿A cambio de qué?

—Cincuenta y uno por ciento.

Ethan soltó una risa amarga.

—Esto es venganza.

Lo miré durante varios segundos.

—Si quisiera vengarme, no necesitaría gastar ciento veinte millones para hacerlo.

Sus labios se tensaron.

—La oferta estará vigente cuarenta y ocho horas.

Me levanté.

—Eso es todo.

Cuando salí, Ethan me siguió hasta el pasillo.

—Clara.

No me detuve.

—Clara, espera.

Esta vez sí lo hice.

—¿Qué?

—¿Todo esto ocurrió después de que te fuiste?

—Sí.

—¿Cómo?

Sonreí apenas.

—Trabajando.

—No me refiero a eso.

Su frustración aumentó.

—¿Cómo pasaste de no tener nada a construir Northstar?

Aquella pregunta me hizo comprender algo.

Ethan todavía necesitaba creer que había una explicación extraordinaria.

Un inversionista secreto.

Una herencia.

Un hombre poderoso detrás de mí.

Cualquier cosa excepto aceptar que había subestimado completamente a su exesposa.

—Empecé vendiendo productos en internet desde una habitación alquilada.

Lo miré.

—Dormía cuatro horas. Empaquetaba pedidos personalmente. Perdí dinero durante ocho meses.

—Nunca me dijiste nada.

—Estábamos divorciados.

Ethan bajó la mirada.

Entonces preguntó:

—¿Estás casada?

Solté una risa incrédula.

—Eso no tiene ninguna relación con tu financiación.

—Solo quiero saberlo.

—Y yo no quiero responder.

Caminé hacia mi oficina.

Antes de entrar, Ethan habló otra vez.

—El niño que viste con Olivia no es mío.

Me detuve.

No quería hacerlo.

Pero lo hice.

Giré lentamente.

—¿Qué?

—No es mi hijo.

Mi corazón golpeó contra el pecho.

—Entonces ¿de quién es?

Ethan miró hacia el suelo.

—De su exnovio.

—¿Y por qué estaban juntos?

—Porque Olivia trabaja conmigo desde hace dos años.

Lo observé.

—¿No están juntos?

—No.

Sentí vergüenza de la pequeña parte de mí que experimentó alivio.

Lo odié.

—Eso ya no importa.

Entré en mi oficina y cerré la puerta.

Pero Ethan acababa de abrir una grieta en una historia que yo llevaba cinco años creyendo.

Aquella tarde regresé al hospital.

Mi madre estaba despierta.

Noah estaba junto a ella.

Cuando entré, ambos dejaron de hablar.

—¿Qué ocurre?

—Nada —respondió Noah demasiado rápido.

Miré a mi madre.

—Mamá.

Ella evitó mis ojos.

Me senté.

—Ethan dijo que nunca estuvo con Olivia.

Mi madre cerró los ojos.

Noah soltó un suspiro.

—Te dije que algún día iba a descubrirlo.

Lo miré.

—¿Descubrir qué?

Mi madre empezó a llorar.

—Clara, perdóname.

Sentí frío.

—¿Por qué?

—Cuando te divorciaste, tú creías que Ethan te había traicionado con Olivia.

Mi respiración se detuvo.

—Los vi juntos.

—Sí.

—Encontré mensajes.

Silencio.

—¿Qué estás diciendo?

Mi madre se cubrió el rostro.

—Los mensajes no eran de Ethan.

Me levanté.

—Mamá.

Noah intervino.

—Alguien utilizó su cuenta.

—¿Quién?

Nadie respondió.

—¿QUIÉN?

Mi madre levantó finalmente la mirada.

—Olivia.

Todo dentro de mí quedó inmóvil.

—No.

—Estaba enamorada de él.

—No.

—Era muy joven. Estaba celosa. Pensó que si ustedes se separaban…

Retrocedí.

—¿Me estás diciendo que mi propia hermana falsificó mensajes para hacerme creer que mi esposo me engañaba con ella?

Las lágrimas caían por el rostro de mi madre.

—Ethan nunca supo por qué realmente pediste el divorcio.

Recordé las discusiones.

Mi silencio.

Mi orgullo.

Ethan preguntándome una y otra vez qué había hecho.

Yo nunca le enseñé los mensajes.

Pensaba que negaría todo.

—¿Y ustedes lo sabían?

Noah bajó la cabeza.

—Lo descubrimos después.

—¿Cuándo?

—Hace tres años.

Sentí que me mareaba.

—Tres años.

Miré a mi madre.

—¿Y nunca me lo dijiste?

—Ya estabas reconstruyendo tu vida.

—¡ESA DECISIÓN ERA MÍA!

El monitor junto a su cama aceleró sus pitidos.

Noah intentó calmarme.

—Clara…

—No me toques.

Salí de la habitación.

Necesitaba aire.

Pero al abrir la puerta del pasillo, encontré a Olivia.

Estaba allí.

Sola.

Pálida.

Había escuchado todo.

—Clara…

Me acerqué.

—¿Es verdad?

Empezó a llorar.

—Tenía diecinueve años.

—¿Es verdad?

—Sí.

La palabra me atravesó.

—¿Por qué?

—Porque estaba enamorada de Ethan.

Sentí náuseas.

—¿Y conseguiste lo que querías?

Olivia negó desesperadamente.

—Nunca estuvo conmigo.

—Pero destruiste mi matrimonio.

—Lo sé.

—Cinco años.

Mi voz se quebró.

—Perdí cinco años porque tú querías a mi marido.

—Clara, perdóname.

—No.

Me alejé.

Entonces Olivia dijo algo que me hizo detenerme.

—Hay otra cosa que Ethan tampoco sabe.

Giré lentamente.

—¿Qué cosa?

Ella apretó las manos.

—La noche antes de que te fueras…

Sus labios temblaron.

—Papá habló conmigo.

—¿Papá?

Nuestro padre había muerto dos años después de mi divorcio.

—Él sabía lo que hice.

Sentí un escalofrío.

—¿Y?

Olivia bajó la cabeza.

—Me dijo que no te contara la verdad.

—¿Por qué?

—Porque quería que te divorciaras de Ethan.

—Eso no tiene sentido.

—Sí lo tiene.

Sacó de su bolso un sobre viejo.

—Encontré esto entre sus documentos después de que murió.

Me lo entregó.

Dentro había una copia de un contrato.

Dos apellidos aparecían repetidamente.

Lin.

Lu.

Y una cláusula firmada décadas atrás.

—¿Qué es esto?

Olivia respiró profundamente.

—Un acuerdo entre nuestras familias.

Levanté la vista.

—¿Qué acuerdo?

—Papá descubrió que si tú seguías casada con Ethan durante cinco años, una participación enorme de las empresas Lu pasaría legalmente a tu nombre.

Me quedé helada.

—¿Cuánto?

Olivia tragó saliva.

—El cuarenta por ciento.

No pude hablar.

—Papá necesitaba que se divorciaran antes de que se cumpliera el plazo.

—¿Por qué?

Olivia comenzó a llorar otra vez.

—Porque había usado esa participación como garantía secreta de una deuda familiar.

Miré el contrato.

Entonces comprendí que quizá mi divorcio nunca había sido únicamente consecuencia de los celos de una hermana.

Había sido planeado.

Y la persona que más había ganado con nuestra separación llevaba años muerta.

Pero antes de poder seguir leyendo, una voz sonó detrás de mí.

—Clara.

Me giré.

Ethan estaba al final del pasillo.

Su rostro estaba completamente pálido.

Sus ojos estaban clavados en el documento que sostenía.

—Ese contrato no dice que recibirías el cuarenta por ciento después de cinco años.

Sentí que el corazón se me detenía.

—¿Entonces qué dice?

Ethan avanzó lentamente.

—Dice que ya era tuyo desde el día de nuestra boda.

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