Ethan Cross llegó cuarenta minutos después.
No preguntó por qué lo había llamado.
No preguntó por Adrian.
Ni siquiera preguntó si estaba segura.
Simplemente bajó de un sedán negro frente al pequeño café donde yo lo esperaba, entró con su traje oscuro todavía abrochado y se sentó frente a mí.
Durante varios segundos me observó en silencio.
Yo tenía los documentos del registro civil sobre la mesa.
—Estoy casada —dije.
Ethan miró los papeles.
—Lo sé.
Levanté la cabeza de golpe.
—¿Qué?
—Me enteré esta mañana.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿Cómo?
Ethan apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Sophia, alguien utilizó tus datos personales para registrar un matrimonio. Cuando tu nombre apareció vinculado a Victor Cole, uno de mis equipos jurídicos detectó una irregularidad.
—¿Por qué tu equipo estaba revisando mi nombre?
Él no respondió inmediatamente.
Por primera vez, el hombre que dirigía una de las instituciones más poderosas del país pareció incómodo.
—Porque hace meses sospecho que Adrian está involucrado en algo más grave que una aventura emocional.
Mi cuerpo se tensó.
—¿Qué significa eso?
—Significa que tu matrimonio falso podría ser solo una pieza de algo mucho mayor.
Ethan sacó una carpeta de su maletín.
Dentro había fotografías, registros de vuelos y transferencias bancarias.
Vi el nombre de Ella Hayes.
Después, el de su padre.
Después, varias empresas que jamás había escuchado mencionar.
—La familia Hayes está siendo investigada por manipulación de contratos aeronáuticos —dijo Ethan—. Y Adrian ha firmado documentos relacionados con dos de esas compañías.
Me quedé sin palabras.
—Adrian jamás…
Me detuve.
Iba a decir que jamás haría algo ilegal.
Pero horas antes también habría jurado que jamás falsificaría mi matrimonio.
Ethan comprendió mi silencio.
—No sé cuánto sabe Adrian —continuó—. Puede ser culpable. Puede estar siendo utilizado. Pero sé algo con certeza: alguien necesitaba que tú aparecieras legalmente vinculada a Victor Cole.
—¿Por qué?
—Eso tenemos que descubrirlo.
Cerré la carpeta.
—No quiero investigar a Adrian.

—Sophia…
—Quiero terminar con él.
Ethan me miró fijamente.
—Entonces lo haremos.
—Y quiero anular ese matrimonio.
—También.
Respiré profundamente.
—Y después…
Mis dedos temblaron.
Ethan esperó.
—Después quiero cumplir lo que te pregunté por teléfono.
Por primera vez desde que entró, su expresión cambió.
—Sophia, no voy a casarme contigo porque estés herida.
—No estoy herida.
—Sí lo estás.
La respuesta me atravesó.
Ethan acercó su silla.
—No quiero ser el hombre que uses para olvidar a otro. Quiero ser el hombre que elijas cuando ya no necesites escapar de nadie.
Sentí lágrimas en los ojos.
No de tristeza.
De vergüenza.
Porque Noah había intentado decirme exactamente lo mismo aquella mañana.
Yo había querido convertir un matrimonio en una puerta de emergencia.
Ethan tomó la carpeta.
—Primero recuperaremos tu vida.
Se levantó.
—Después, si todavía quieres casarte conmigo, tendrás que preguntármelo otra vez.
Antes de irse, dejó algo sobre la mesa.
Una fotografía.
Era Victor Cole.
Pero en aquella imagen no llevaba uniforme de chofer.
Vestía traje.
Y estaba entrando en un edificio gubernamental.
En la esquina de la fotografía aparecía una fecha.
Tres años antes de que comenzara a trabajar para los Hayes.
Miré a Ethan.
—¿Quién es realmente Victor?
Su expresión se endureció.
—Eso mismo quiero saber yo.