Parte 2: EL HOMBRE QUE SÍ VINO

La puerta metálica golpeó contra la pared con un estruendo que hizo temblar todo el almacén.

Yo apenas podía mantener los ojos abiertos.

Entre las luces rojas y azules que atravesaban las ventanas rotas apareció un hombre alto, vestido con chaleco antibalas. Detrás de él entraron varios agentes.

Pero no era Ethan.

Era Daniel Hayes, comandante de Asuntos Internos y el hombre que mi esposo más detestaba dentro del departamento.

—¡Aquí! —gritó alguien.

Daniel corrió hacia mí.

Cuando vio la sangre bajo mis piernas, su expresión cambió.

—Necesitamos una ambulancia ahora.

Se arrodilló sin tocarme todavía.

—Olivia, soy Daniel. ¿Puedes escucharme?

Asentí débilmente.

—Mi bebé…

—Ya vienen los paramédicos.

Intenté incorporarme.

—¿Ethan?

Daniel guardó silencio.

Y ese silencio respondió antes que sus palabras.

—No está aquí.

Cerré los ojos.

Por supuesto que no.

Esta vez Ethan había conseguido exactamente lo que quería: llegar a tiempo para Sophia.

Mientras los paramédicos entraban, Daniel encontró mi teléfono destrozado junto a una silla.

—¿Los secuestradores llamaron a tu esposo?

—Muchas veces.

—¿Contestó?

Solté una risa amarga.

—Hasta que apagó el teléfono.

Daniel apretó la mandíbula.

Después miró a uno de sus agentes.

—Quiero el registro completo de llamadas. Y nadie informa al capitán Cole todavía.

Mis ojos se abrieron.

—¿Por qué?

Daniel me observó durante varios segundos.

—Porque Ethan dijo que esta amenaza era falsa.

Sentí un escalofrío.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque una patrulla recibió el aviso antes que nosotros. Cuando intentaron movilizar unidades, tu esposo ordenó cancelar la respuesta.

El mundo pareció detenerse.

En mi vida anterior, Ethan había venido.

En esta, no solamente me había ignorado.

Había impedido que otros vinieran.

—¿Entonces por qué estás aquí?

Daniel levantó del suelo una pequeña tarjeta dentro de una bolsa de evidencia.

—Porque alguien dejó esto en la entrada de Asuntos Internos esta mañana.

En la tarjeta había cuatro palabras:

BUSQUEN A OLIVIA COLE.

No había firma.

No había explicación.

Antes de que pudiera preguntar más, el dolor volvió y los paramédicos me llevaron hacia la ambulancia.

Durante el trayecto pensé únicamente en mi bebé.

No quería perderlo.

No después de haberlo visto morir una vez.

En urgencias me llevaron directamente a una sala de evaluación. Daniel permaneció afuera.

Pasaron minutos interminables hasta que la doctora finalmente me miró.

—Olivia, todavía hay actividad cardíaca fetal.

Las lágrimas brotaron antes de que pudiera detenerlas.

Mi bebé seguía conmigo.

—Pero necesitas reposo y vigilancia —añadió—. Las próximas horas son importantes.

Asentí mientras protegía mi vientre con ambas manos.

Entonces escuché una voz en el pasillo.

Una voz que conocía demasiado bien.

—¿Dónde está mi esposa?

Mi cuerpo entero se tensó.

Ethan.

La puerta se abrió.

Entró todavía vestido con uniforme. Parecía preocupado, casi desesperado.

Si no conociera la verdad, habría creído aquella actuación.

—Olivia.

Avanzó hacia mí.

—Gracias a Dios estás bien.

Retrocedí contra la almohada.

—No me toques.

Ethan se detuvo.

—Sé que estás enfadada.

Lo miré incrédula.

—¿Enfadada?

—Sophia estaba atravesando una emergencia. Creí que tú…

Se calló.

—¿Creíste qué?

—Creí que estabas intentando obligarme a elegir.

Sentí algo romperse definitivamente dentro de mí.

—Y elegiste.

Ethan frunció el ceño.

—Olivia…

—Once llamadas.

Su rostro cambió.

—¿Qué?

—Los secuestradores te llamaron once veces.

Daniel apareció detrás de él.

—Y tenemos los registros.

Ethan giró lentamente.

La tensión entre ambos llenó la habitación.

—Esto es un asunto familiar —dijo Ethan.

Daniel soltó una risa seca.

—Dejó de serlo cuando utilizaste tu autoridad para cancelar una respuesta policial a un secuestro real.

Por primera vez vi miedo en los ojos de Ethan.

Duró apenas un segundo.

Después volvió a ponerse la máscara.

—La información disponible indicaba que podía tratarse de una falsa alarma.

—¿Basándote en qué?

Ethan no respondió.

Daniel dio un paso adelante.

—Voy a averiguarlo.

Mi esposo me miró.

Ya no parecía preocupado.

Parecía furioso.

—Necesito hablar con Olivia a solas.

—No —respondí.

Una sola palabra.

Pero decirla se sintió diferente esta vez.

En mi vida anterior había pasado años intentando que Ethan me eligiera.

Ahora comprendía que mi libertad comenzaba cuando dejaba de esperar su elección.

—Quiero que se vaya.

Ethan palideció.

—Soy tu esposo.

—Precisamente.

Daniel llamó a dos agentes.

Ethan no discutió delante de ellos.

Antes de marcharse, sin embargo, se inclinó ligeramente hacia mí.

—Cuando estés más tranquila, hablaremos.

Su tono parecía amable.

Sus ojos no.

Aquello era una amenaza.

Horas después, cuando el hospital quedó silencioso, Daniel regresó.

Traía una carpeta.

—Encontramos algo.

La dejó sobre mi cama.

Dentro había fotografías del almacén, registros telefónicos y copias de documentos.

—Los hombres que te secuestraron pertenecen a una banda vinculada con un detenido llamado Marcus Vale —explicó—. Querían intercambiarte por él.

Eso ya lo sabía.

Lo que no esperaba fue lo siguiente.

—Marcus debía ser trasladado esta mañana —continuó Daniel—. Pero alguien cambió la ruta del transporte pocas horas antes de tu secuestro.

—¿Quién?

Daniel permaneció callado.

Luego deslizó un documento hacia mí.

En la parte inferior aparecía una autorización electrónica.

CAPITÁN ETHAN COLE.

Sentí que se me helaba la sangre.

—No entiendo.

—Yo tampoco.

Daniel señaló otra hoja.

—Pero hay algo peor. Tus secuestradores conocían tu horario, tu vehículo y la ruta exacta que tomabas cada jueves.

Mi respiración se volvió lenta.

—¿Estás diciendo que Ethan…?

—Estoy diciendo que alguien dentro del departamento les proporcionó información.

Antes de que pudiera responder, mi teléfono nuevo vibró sobre la mesa.

Número desconocido.

Daniel y yo nos miramos.

Contesté.

—¿Hola?

Durante unos segundos solamente escuché respiración.

Entonces habló una mujer.

—Olivia.

Reconocí inmediatamente aquella voz.

Sophia Reed.

—Necesito verte —susurró.

Miré a Daniel.

—¿Por qué?

Sophia comenzó a llorar.

—Porque Ethan acaba de descubrir que estás viva.

Mi corazón dio un vuelco.

—Claro que sabe que estoy viva. Estuvo aquí.

Silencio.

Después Sophia dijo algo que hizo que Daniel se acercara al teléfono.

—No entiendes. Ethan no estaba conmigo esta tarde para salvarme.

Apreté el aparato.

—¿Entonces dónde estaba?

Sophia respiró profundamente.

—Buscando a los hombres que te secuestraron.

Daniel se quedó inmóvil.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque escuché una conversación.

Su voz bajó hasta convertirse en un susurro.

—Olivia, creo que Ethan sabía que iban a secuestrarte antes de que ocurriera.

En ese instante se apagaron todas las luces de mi habitación.

Y desde el pasillo llegó el sonido lento de unos pasos acercándose a nuestra puerta.

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