Me quedé frente al cartel durante varios segundos.
Jason sonreía en aquella fotografía como nunca había sonreído en nuestras fotos juntos.
Evelyn Song llevaba las joyas que él había comprado aquella misma tarde.
Detrás de mí, Lily susurró:
—¿Ese no es tu novio?
—Sí.
—Pero aquí dice que…
—Lo sé.
No lloré.
Tal vez porque ya había llorado suficiente por alguien que nunca había sido real.
Dentro de la villa comenzaron los aplausos.
Me acerqué a una ventana lateral.
Jason estaba en el centro del salón.
Sin casco amarillo.
Sin uniforme de repartidor.
Sin aquella expresión humilde con la que regresaba cada noche diciendo que había ganado ciento cincuenta yuanes.
Un hombre mayor levantó una copa.
—Hoy celebramos oficialmente la unión de las familias Jiang y Song.
Todos brindaron.
Yo pensé en los dos mil yuanes que Jason había pedido prestados para pagar mi aborto.
Dos mil.
Mientras allí descorchaban botellas que costaban cien veces más.
Entonces escuché a Evelyn.
—Jason, ¿por qué estás tan distraído?
Él sonrió.
—Estoy cansado.
—¿Sigues viendo a aquella chica?
Jason quedó en silencio.
Mi corazón también.
Evelyn dejó la copa sobre la mesa.
—Mi padre dijo que debes terminar con ella antes de nuestra boda.
—Lo haré.
Dos palabras.
Eso fue todo.
Ni siquiera necesitó pensarlo.
Evelyn pareció satisfecha.
—¿Ella sabe quién eres?
Jason soltó una risa.
—Cree que reparto comida.
Varios jóvenes cercanos rieron.
Uno preguntó:
—¿Y cuánto tiempo llevas haciendo ese teatro?
—Casi cuatro años.
Sentí que las piernas dejaban de responderme.
Cuatro años.
Toda nuestra pobreza había sido una actuación.
Los fideos compartidos.
La habitación húmeda.
Los inviernos sin calefacción.
Las noches en que yo trabajaba horas extra porque creía que él estaba agotado.
Mientras yo intentaba construir nuestro futuro, Jason estaba interpretando el papel de un hombre pobre.
Evelyn bajó la voz.
—Escuché que quedó embarazada.
Jason dejó de sonreír.
—Ya está solucionado.
Solucionado.
Así llamó a nuestro hijo.
Me llevé una mano a la boca.
Lily me sujetó antes de que cayera.
—Vámonos.
Asentí.
Ya había escuchado suficiente.
Aquella noche regresé al pequeño apartamento antes que Jason.
Saqué una maleta.
No necesité mucho espacio.
La mayoría de las cosas que poseía cabían dentro.
Guardé mi ropa.
Los documentos.
Los ochocientos yuanes que había ganado.
Después encontré una pequeña caja en el armario.
Dentro estaba el primer regalo de Jason.
Un anillo barato.
Me había dicho que costaba treinta yuanes.
Yo nunca me lo quitaba porque pensaba que representaba nuestros años difíciles.
Lo dejé sobre la mesa.
Al lado coloqué los ciento veinte yuanes que me había transferido aquella mañana.
No escribí ninguna carta.
Un hombre que había mentido durante cuatro años no merecía otra explicación.
A las once y media, Jason llamó.
No contesté.
A medianoche volvió a llamar.
Después llegaron mensajes.
“¿Dónde estás?”
“Compré pollo.”
“Regresa pronto.”
“Estoy preocupado.”
Bloqueé su número.
Me fui a vivir temporalmente con Lily.
Durante dos días no salí.
Al tercero, alguien golpeó desesperadamente la puerta.
—¡Abre!
Era Jason.
Lily me miró.
—¿Quieres que llame a seguridad?
Negué.
Abrí.
Jason tenía los ojos rojos.
—¿Qué estás haciendo?
—Terminando contigo.
—¿Por qué?
Lo miré.
Incluso entonces continuaba fingiendo.
Saqué el teléfono.
Le mostré una fotografía.
El cartel del compromiso.
Jason palideció.
—Puedo explicarlo.
—Entonces explica el aborto.
Se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Explícame por qué me dijiste que no podíamos alimentar a nuestro hijo mientras comprabas un reloj de un millón seiscientos mil para otra mujer.
Sus labios se separaron.
No salió ningún sonido.
—Te vi en el club.
Por primera vez, Jason Jiang comprendió que su juego había terminado.
—No era como parecía.
Me reí.
—¿Cuál parte?
—¿El reloj?
—¿Las botellas de ciento ochenta mil?
—¿Tu compromiso?
—¿O nuestro hijo al que llamaste “solucionado”?
Jason bajó la cabeza.
—Mi familia nunca habría aceptado nuestra relación.
—Entonces debiste dejarme.
—¡Te amaba!
—No.
Mi voz salió sorprendentemente tranquila.
—Amabas tener una mujer que te eligiera cuando creía que no tenías nada.

Aquello lo hizo retroceder.
—Puedo cancelar el compromiso.
—Haz lo que quieras.
—Puedo casarme contigo.
Negué.
—Ya no quiero casarme contigo.
Jason intentó acercarse.
Lily se interpuso.
—Vete.
—Esto es entre ella y yo.
—Ya no existe un “ella y tú”.
Cerramos la puerta.
Durante semanas Jason intentó recuperarme.
Flores.
Dinero.
Joyas.
Incluso apareció con las llaves de un apartamento.
Devolví todo.
Después desaparecí de su vida.
Conseguí empleo administrativo en una empresa pequeña y retomé los estudios nocturnos que había abandonado para ayudarlo.
Dos años después, dirigía mi propio equipo.
No me hice millonaria.
No necesitaba hacerlo.
Por primera vez, cada yuan que tenía pertenecía a una vida construida sin mentiras.
Una tarde recibí una invitación empresarial.
Grupo Jiang.
Estuve a punto de rechazarla.
Pero mi empresa necesitaba aquel contrato.
Entré en la sala de reuniones.
Jason estaba sentado al otro extremo.
Cuando me vio, se levantó.
—Tú…
Ya no parecía el joven arrogante de aquella fiesta.
—Señor Jiang —dije—. Estamos aquí por negocios.
Durante la reunión apenas habló.
Al terminar, me siguió hasta el ascensor.
—Evelyn y yo nunca nos casamos.
No respondí.
—Cancelé el compromiso.
Las puertas se abrieron.
Entré.
Jason colocó una mano entre ellas.
—He pasado dos años buscándote.
Lo miré por última vez.
—Y yo pasé cuatro creyendo en alguien que nunca existió.
Retiró lentamente la mano.
Antes de que las puertas se cerraran preguntó:
—¿Alguna vez podrás perdonarme?
Pensé en aquel pequeño apartamento.
En el arroz con huevo.
En los dos mil yuanes.
Y en el hijo al que jamás llegué a conocer.
—Ya te perdoné.
Sus ojos se iluminaron.
Entonces terminé:
—Pero perdonar no significa regresar. Significa que ya no tienes poder para arruinarme otro día.
Las puertas se cerraron.
Jason quedó atrás.
Y esta vez fui yo quien se marchó sin mirar atrás.
Tres meses después, Lily llegó corriendo a mi oficina con el teléfono en la mano.
—Tienes que ver esto.
En la pantalla aparecía una noticia financiera.
“GRUPO JIANG BAJO INVESTIGACIÓN: DOCUMENTOS SECRETOS REVELAN TRANSFERENCIAS MILLONARIAS DURANTE CUATRO AÑOS.”
Sentí un escalofrío.
Cuatro años.
Exactamente el tiempo que Jason había fingido ser pobre conmigo.
Entonces mi teléfono sonó.
Número desconocido.
Contesté.
Una mujer habló al otro lado.
—¿Señorita, usted mantuvo una relación con Jason Jiang?
—Sí.
Hubo una pausa.
—Necesitamos hacerle unas preguntas.
Apreté el teléfono.
—¿Sobre qué?
La respuesta hizo desaparecer mi tranquilidad.
—Sobre los dos mil yuanes que Jason pidió prestados para su aborto. Porque, según nuestros registros, aquella deuda nunca existió.