Parte 2 – EL SEGUNDO LATIDO

—¿Qué significa que no hemos terminado?

Asher apenas reconoció su propia voz.

El médico no apartó los ojos de Laney.

Hay otro bebé.

Asher quedó inmóvil.

—¿Otro?

Laney cerró los ojos.

Y aquel gesto le dio la respuesta antes de que ella pronunciara una palabra.

—Gemelos —susurró.

Asher sintió que el aire desaparecía de la habitación.

Una hija acababa de llegar al mundo.

Ahora había otro hijo.

Dos bebés cuya existencia Laney había ocultado durante siete meses.

—¿Desde cuándo lo sabes?

—Asher, ahora no.

—¿Desde cuándo?

El monitor aceleró.

—Señor Lennox —intervino el médico—, si quiere ayudarla, manténgala tranquila.

Asher tragó toda la rabia que amenazaba con salir.

Volvió a tomar la mano de Laney.

—Después hablaremos.

Ella soltó una risa agotada.

—Si todavía quieres hablar conmigo después.

No vuelvas a decidir por mí lo que quiero.

Laney lo miró.

Pero una nueva contracción la dobló.

El segundo nacimiento fue más difícil.

Laney apenas tenía fuerzas.

Asher permaneció junto a ella mientras el médico daba instrucciones.

Finalmente, otro llanto llenó la habitación.

—Niño —anunció la enfermera.

Asher cerró los ojos.

Una niña.

Un niño.

Sus hijos.

Cuando volvió a mirar a Laney, ella estaba llorando.

—¿Cómo se llaman?

Laney acarició débilmente la manta de la niña.

—Amara.

Después miró al pequeño.

—Elias.

Asher repitió los nombres en silencio.

Amara Lennox.

Elias Lennox.

Pero antes de poder acercarse, una enfermera entró apresuradamente.

—Señor Lennox, su hijo está preguntando por usted.

Malik.

Asher miró a Laney.

—Voy a verlo.

Ella asintió.

—Dile que…

Su voz se quebró.

—Dile que lo siento.

Asher salió.

Malik tenía la pierna vendada y los ojos rojos.

—¿Mamá está bien?

—Sí.

—¿Y el bebé?

Asher se sentó junto a él.

—Los bebés.

Malik abrió los ojos.

—¿Hay dos?

Asher asintió.

Por primera vez desde el accidente, Malik sonrió.

—¿Son mis hermanos?

La pregunta destrozó algo dentro de Asher.

—Sí.

—¿Puedo conocerlos?

—Cuando los médicos digan que puedes caminar.

Malik guardó silencio.

Después preguntó:

—¿Mamá volverá a desaparecer?

Asher no pudo responder.

Una hora después, cuando Malik dormía, Asher regresó a la 418.

Laney estaba despierta.

Los gemelos habían sido trasladados para observación.

—Ahora dime la verdad —dijo Asher.

Laney miró hacia la ventana.

—¿Cuál?

—Empieza por por qué desapareciste.

Ella permaneció callada.

—Me dejaste un mensaje diciendo que nuestra vida te estaba matando. Te busqué durante meses.

—Lo sé.

—Contraté investigadores.

—También lo sé.

Asher frunció el ceño.

—¿Cómo?

Laney finalmente lo miró.

—Porque alguien siempre sabía dónde estabas buscando.

Un escalofrío recorrió su espalda.

—¿Qué estás diciendo?

—Que yo no desaparecí únicamente para alejarme de ti.

Asher acercó una silla.

—Explícalo.

Laney respiró profundamente.

—Dos semanas antes de marcharme encontré documentos en tu despacho.

—¿Qué documentos?

—Transferencias. Empresas fantasma. Pagos realizados desde una subsidiaria de Lennox Global.

—Tenemos cientos de subsidiarias.

—Esas transferencias llevaban mi nombre.

Asher se quedó helado.

—Eso es imposible.

—También llevaban mi firma.

El silencio cambió.

Ya no era el silencio de un matrimonio roto.

Era otra cosa.

—Nunca autoricé pagos a tu nombre.

—Lo sé.

—¿Cuánto dinero?

—Casi nueve millones.

Asher se levantó.

—¿Por qué no me dijiste nada?

Laney soltó una amarga carcajada.

—Lo intenté.

—No.

—La noche antes de irme te llamé siete veces.

Asher recordó aquella noche.

Singapur.

Una negociación.

Había silenciado el teléfono.

—Cuando regresaste —continuó Laney—, intenté enseñarte los documentos. Pero tu jefe de seguridad llegó antes.

Asher frunció el ceño.

—¿Graham?

El rostro de Laney palideció.

—No digas su nombre aquí.

Asher sintió frío.

Graham Voss llevaba doce años trabajando para él.

Sabía dónde vivía Malik.

Conocía las rutas de sus automóviles.

Tenía acceso a los edificios de Lennox Global.

—Laney…

Ella tomó su mano.

—La mañana que desaparecí encontré un sobre debajo del limpiaparabrisas.

—¿Qué decía?

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Había una fotografía de Malik saliendo de la escuela.

Asher dejó de respirar.

—Y una nota.

—¿Qué nota?

—Decía que si hablaba contigo sobre las transferencias, la próxima fotografía sería tomada después de que alguien recogiera a nuestro hijo.

Asher se quedó completamente quieto.

Ahora comprendía.

O comenzaba a hacerlo.

—Te fuiste para protegerlo.

Laney asintió.

—Y cuando descubrí que estaba embarazada, entendí que ya no estaba protegiendo solo a Malik.

Asher se pasó una mano por el rostro.

Siete meses odiándola.

Siete meses creyendo que había abandonado a su hijo.

—¿Por qué no acudiste a la policía?

—Porque había algo más en el sobre.

Laney abrió el cajón junto a la cama y sacó una pequeña memoria USB.

—Esto.

Asher la tomó.

—¿Qué contiene?

—Pruebas de que alguien dentro de tu empresa lleva años robándote.

—¿Graham?

—No lo sé.

—Entonces ¿por qué le temes?

Laney miró hacia la puerta.

—Porque apareció en la clínica donde tuve mi primera ecografía.

Asher se puso de pie inmediatamente.

—Tenemos que sacar a Malik de aquí.

En ese instante alguien llamó.

Una enfermera entró.

Su rostro mostraba preocupación.

—Señor Lennox, tenemos un problema.

—¿Malik?

—Está bien.

Asher exhaló.

—Entonces, ¿qué ocurre?

La enfermera miró primero a Laney.

Después a él.

—Un hombre acaba de presentarse en neonatología diciendo que tiene autorización para visitar a los gemelos.

Laney perdió todo el color del rostro.

—No.

Asher apretó la memoria USB.

—¿Quién?

La enfermera tragó saliva.

Graham Voss.

Asher salió inmediatamente al pasillo.

Pero Laney gritó detrás de él.

—¡Asher, espera!

Se volvió.

Ella estaba intentando levantarse de la cama.

—¿Qué?

Laney temblaba.

—Hay algo sobre los gemelos que todavía no te he dicho.

—¿Qué podría ser más importante que esto?

Sus ojos se llenaron de terror.

Graham no vino porque descubrió que nacieron.

Una alarma comenzó a sonar en algún lugar del pasillo.

Laney apretó las sábanas.

Vino porque lleva meses esperando este día.

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