Cao Xiulian me miró como si acabara de escuchar el chiste más absurdo del mundo.
—¿Adjudicada legalmente?
Soltó una carcajada.
Fu Yunjie también se rio.
—Xiao Ya, ¿de verdad crees que porque mi hermano te dejó vivir allí durante dos años la casa se convirtió en tuya?
Abrí el cajón de mi escritorio.
Saqué una carpeta gris.
La puse frente a ellos.
—No me dejó vivir allí.
Levanté la vista.
—Me transfirió la propiedad completa el día del divorcio.
La sonrisa de Cao Xiulian desapareció.
—Imposible.
—Puedes comprobarlo en el registro.
Ella abrió la carpeta bruscamente.
Sus ojos recorrieron el documento.
Una vez.
Dos veces.
Cuando llegó a la firma de Fu Yunshen, su rostro cambió.
—Este desgraciado…
Fu Yunjie le arrebató los papeles.
—¿Mi hermano te regaló una casa de cuarenta millones?
—No solo la casa.
El silencio cayó de golpe.
Cao Xiulian levantó lentamente la cabeza.
—¿Qué quieres decir?
Recordé aquella mañana de hacía dos años.
Fu Yunshen y yo estábamos sentados frente al funcionario de Asuntos Civiles.
No discutimos.
No lloramos.
Él simplemente empujó hacia mí una carpeta.
Dentro estaban los documentos de la casa, dos apartamentos, un automóvil, sus ahorros y varias participaciones de una pequeña empresa que entonces apenas valía nada.
Yo me había negado.
—Yunshen, no quiero esto.
Él solo respondió:
—Quédate con todo.
—¿Y tú?
—Puedo empezar otra vez.
Pensé que era culpa.
Quizá una forma de compensarme por tres años de matrimonio fracasado.
Nunca imaginé que aquellas participaciones tendrían importancia.
Hasta ahora.
Cao Xiulian golpeó mi escritorio.
—¡Devuélvelo!
Volví al presente.
—¿Perdón?
—Todo lo que Yunshen te dio pertenece a la familia Fu.
—No.
—¡Eres una mujer divorciada!
—Precisamente.
Cerré tranquilamente la carpeta.
—Y por eso los bienes que recibí mediante el acuerdo de divorcio ya no tienen nada que ver con ustedes.
Su rostro se puso rojo.
—No te pongas arrogante. Yunshen está a punto de casarse con Song Wanqing, la hija del presidente del Grupo Song.
Ese nombre sí lo conocía.
La familia Song controlaba bancos, hoteles y empresas inmobiliarias.
—La boda será después de la salida a bolsa —continuó—. Cuando se case con Wanqing, personas como tú ni siquiera podrán acercarse a él.
—Perfecto.
Se quedó desconcertada.
—¿Perfecto?
—Eso significa que tampoco tendré que verlos a ustedes.
Fu Yunjie dio un paso hacia mí.
—No finjas que no te importa. Seguro has seguido cada noticia sobre mi hermano esperando que vuelva.
No respondí.
Porque en algo tenía razón.
Había seguido cada noticia.
Pero no porque quisiera recuperar a Fu Yunshen.
Había otra razón.
Una que ni ellos ni probablemente el propio Yunshen conocían todavía.
Mi teléfono vibró.
Un mensaje.
Número desconocido.
“Señorita Xiao, mañana a las diez se publicará oficialmente la estructura accionarial de Jingtian Technology. Le recomendamos estar disponible.”
Sentí un pequeño escalofrío.
Cao Xiulian intentó mirar la pantalla.
La bloqueé.
—¿Terminamos?
Ella recogió su bolso.
—Mañana entenderás la diferencia entre nosotros.
Antes de marcharse, señaló la invitación dorada.
—Puedes quedártela.
Sonrió con desprecio.
—Considérala un recuerdo del hombre que jamás volverás a tener.
La puerta se cerró.
Permanecí inmóvil.
Después abrí la caja fuerte situada detrás de un panel de madera.
Dentro había una carpeta que llevaba dos años sin tocar.
En la portada aparecía una frase:
ACUERDO DE TRANSFERENCIA DE PARTICIPACIONES.
Debajo estaba la firma de Fu Yunshen.
El día del divorcio, Jingtian Technology todavía no existía oficialmente.
Solo había un pequeño estudio tecnológico llamado Jingtian Innovation.
Yunshen poseía el 82 %.
Según aquel documento…
me había transferido todo.
Pero seis meses después del divorcio, Jingtian Innovation desapareció.
En su lugar apareció Jingtian Technology.
Yo había supuesto que Yunshen había fundado una compañía completamente nueva.
Hasta que, tres semanas atrás, recibí una llamada de una firma de abogados.
Me hicieron una sola pregunta.
—Señorita Xiao Ya, ¿alguna vez renunció formalmente a sus participaciones?
Respondí que no.
El abogado guardó silencio.
Después dijo:
—Entonces tendremos que revisar algo.
Nunca explicó qué.
A la mañana siguiente, mi estudio parecía normal.
Hasta las nueve cincuenta y siete.
Mi asistente, Lin Meng, entró corriendo.
—¡Jefa!
—¿Qué ocurre?
—¡Jingtian sale a bolsa hoy!
—Lo sé.
—No, no entiende.
Colocó su tableta frente a mí.
La transmisión mostraba el edificio de la bolsa.
Periodistas.
Inversores.
Ejecutivos.
En primera fila estaba Fu Yunshen.
No lo veía en persona desde hacía dos años.
Parecía diferente.
Más delgado.
Más frío.
Vestía un traje negro y mantenía aquella expresión tranquila que siempre había tenido cuando estaba bajo presión.
A su lado estaba Song Wanqing.
Hermosa.
Elegante.
Perfecta.
Cao Xiulian y Fu Yunjie estaban detrás de ellos, sonriendo para las cámaras.
El presentador anunció:
—Con una valoración estimada superior al billón de yuanes, Jingtian Technology se convierte en una de las salidas a bolsa más importantes de los últimos años.
Lin Meng prácticamente gritaba.
—¡Su exmarido es increíble!
Yo observé la pantalla sin hablar.
Entonces comenzó la rueda de prensa.
Un periodista preguntó:
—Señor Fu, ¿puede confirmar los rumores sobre su próxima boda con la señorita Song?
Song Wanqing sonrió.
Fu Yunshen permaneció inexpresivo.
Antes de que pudiera responder, alguien se acercó al escenario y le susurró algo.
Por primera vez, vi cambiar su expresión.
—¿Qué pasó? —preguntó Lin Meng.
No lo sabía.
Un murmullo empezó a extenderse entre los periodistas.
Los teléfonos comenzaron a sonar.

Entonces apareció una nueva pantalla detrás del escenario.
ESTRUCTURA ACCIONARIAL DE JINGTIAN TECHNOLOGY.
Fu Yunjie sonreía.
Cao Xiulian también.
Hasta que apareció el primer nombre.
Lin Meng dejó caer su taza.
Yo sentí que el corazón me daba un golpe.
1. XIAO YA — 51 %.
Silencio.
Después, caos.
—¡¿Qué?!
—¡¿Quién es Xiao Ya?!
—¡Tiene el control absoluto!
—¡Entonces Fu Yunshen no es el principal accionista!
La cámara enfocó a Cao Xiulian.
Su rostro estaba completamente blanco.
Fu Yunjie parecía incapaz de respirar.
Song Wanqing dejó de sonreír.
Pero yo solo miraba a Fu Yunshen.
Él no parecía sorprendido.
Me estaba mirando directamente a través de la cámara.
Como si hubiera sabido desde el principio que ese día llegaría.
Mi teléfono comenzó a sonar.
Primero un periodista.
Luego otro.
Después cinco llamadas simultáneas.
Lin Meng me miró como si no me conociera.
—Jefa…
Su voz tembló.
—¿Usted posee la mitad de Jingtian?
—Yo tampoco lo sabía.
Entonces llegó otra llamada.
Esta vez reconocí el número.
Era el abogado que me había contactado semanas atrás.
Contesté.
—Señorita Xiao, ya se publicó.
—Explíqueme qué está pasando.
—Jingtian Technology no es jurídicamente una empresa completamente nueva.
Me puse de pie.
—¿Qué significa eso?
—Fue creada mediante una reorganización de Jingtian Innovation.
Miré el antiguo contrato.
El abogado continuó:
—Las participaciones originales fueron convertidas proporcionalmente durante varias rondas de financiación.
—Pero yo nunca participé en ninguna ronda.
—No necesitaba hacerlo.
Mi respiración se detuvo.
—Porque Fu Yunshen dejó instrucciones irrevocables antes de la reorganización.
—¿Qué instrucciones?
Hubo unos segundos de silencio.
—Que su participación jamás pudiera diluirse por debajo del 51 %.
Cerré los ojos.
De pronto, el divorcio dejó de tener sentido.
La casa.
Los apartamentos.
El dinero.
Las acciones.
¿Por qué entregarme todo?
—¿Por qué haría algo así?
—Eso debería preguntárselo al señor Fu.
En ese momento alguien golpeó la puerta.
Tres veces.
Lentamente.
Lin Meng abrió.
Un hombre de traje entró.
—Señorita Xiao Ya.
Me entregó un sobre negro.
—El señor Fu me pidió que se lo entregara únicamente después de que la empresa saliera a bolsa.
Mis dedos temblaron al abrirlo.
Dentro había una llave antigua.
Y una nota escrita por Fu Yunshen.
Solo decía:
“Xiao Ya, si estás leyendo esto, significa que ya descubrieron las acciones.”
Debajo había otra línea.
“No confíes en mi madre. No confíes en Yunjie. Y, sobre todo, no vendas la casa.”
Sentí frío.
Le di la vuelta a la hoja.
Había una última frase.
“Lo que escondí debajo de esa casa es la verdadera razón por la que me divorcié de ti.”
Y antes de que pudiera reaccionar, Lin Meng señaló la pantalla.
—Jefa…
La transmisión había cambiado.
Fu Yunshen acababa de abandonar la ceremonia.
Los periodistas corrían detrás de él.
Pero un automóvil negro se detuvo frente al edificio.
Dos hombres bajaron.
Mostraron una identificación.
Y Fu Yunshen levantó las manos lentamente mientras uno de ellos se acercaba para detenerlo.