No sé cuánto tiempo permanecí sentada frente a aquella ventana.
Quizá fueron diez minutos.
Quizá una hora.
Solo recuerdo que, cuando volví a mirar mi reflejo en el cristal, ya no estaba llorando.
Algo dentro de mí se había apagado.
Durante siete años había pensado que Qin Moxuan era simplemente un hombre poco romántico.
No le gustaban las fotografías.
No celebraba aniversarios.
No quería hacer cerámica conmigo.
Nunca tenía paciencia para acompañarme de compras.
Cuando le pedía que viajáramos juntos, siempre aparecía una reunión.
Cuando quería que dibujara mi retrato, respondía que aquello era una pérdida de tiempo.
Yo había aceptado cada rechazo.
Porque estaba convencida de que así era él.
Pero aquella noche descubrí la verdad más cruel:
Qin Moxuan no era frío.
Solo era frío conmigo.
Encendí nuevamente el teléfono.
Había treinta y siete llamadas perdidas.
Diecinueve mensajes de Qin Moxuan.
【Siyue, contesta.】
【¿Qué pasó?】
【¿Por qué estás diciendo de repente que terminemos?】
【¿Estás enfadada porque no pude acompañarte en tu cumpleaños?】
Después:
【No seas infantil.】
Y finalmente:
【Tenemos la boda dentro de dos meses. No puedes bromear con algo así.】
Miré esa última frase y casi sonreí.
Nuestra boda.
Yo había elegido personalmente el hotel.
Había diseñado las invitaciones.
Había probado seis vestidos.
Incluso había preparado una sorpresa para él: un álbum con fotografías de nuestros siete años juntos.
Mientras yo organizaba nuestra boda, mi prometido construía una segunda relación con mi mejor amiga.
Abrí la conversación con la organizadora.
【Señorita Lin, quiero cancelar la boda.】
La respuesta llegó inmediatamente.
【¿Cancelar? Señorita Jiang, ¿está segura?】
【Sí.】
【Perderá parte de los depósitos.】
Miré las luces de Da Nang.
【No importa. Cancélelo todo.】
Después llamé a la joyería donde estaban nuestros anillos.
Cancelé el grabado.
Llamé al estudio de fotografía.
Cancelé la sesión prenupcial.
Finalmente abrí la aplicación bancaria y revisé la cuenta conjunta que Qin Moxuan y yo utilizábamos para los gastos de la boda.
Retiré únicamente el dinero que yo había aportado.
Ni un yuan más.
Cuando terminé, eran casi las once.
Entonces alguien golpeó violentamente la puerta.
—¡Jiang Siyue!
Mi cuerpo se tensó.
Reconocería aquella voz incluso entre miles.
Qin Moxuan.
No abrí.
—Sé que estás dentro.
Otro golpe.
—Abre la puerta.
Me levanté lentamente.
Al mirar por la mirilla, lo vi allí.
La camisa blanca que llevaba en la playa estaba ligeramente arrugada. Tenía el cabello desordenado y respiraba con dificultad.
Había venido corriendo.
Qué irónico.
Cuando yo tenía 39,8 grados de fiebre, estaba demasiado lejos para regresar.
Pero cuando mencioné terminar nuestra relación, tardó menos de una hora en encontrar mi hotel.
Abrí la puerta.
Qin Moxuan entró inmediatamente.
—¿Qué estás haciendo en Da Nang?
No respondí.
Sus ojos recorrieron mi rostro.
Entonces pareció comprender algo.
—¿Me viste?
—Sí.
Una sola palabra bastó.
Su expresión cambió.
—Siyue, puedo explicarlo.
—Perfecto.
Me senté.
—Explícalo.
Pareció sorprendido por mi tranquilidad.
—Wanqing estaba pasando su cumpleaños sola. Vine porque…
—Yo también estaba pasando mi cumpleaños sola.
Se quedó callado.
—Continúa.
—Ella ha estado atravesando algunos problemas últimamente.
—¿Durante un año y tres meses?
Qin Moxuan palideció.
Saqué el teléfono y dejé abierta frente a él la cuenta secundaria de Xu Wanqing.
Su mandíbula se tensó.
—¿Quién te mostró esto?
Lo miré incrédula.
—¿Eso importa?
—Esa cuenta era privada.
Me reí.
—Entonces sí lo sabías.
Qin Moxuan no respondió.
Y aquel silencio fue suficiente.
—¿Desde cuándo?
—Siyue…
—¿Desde cuándo te acuestas con mi mejor amiga?
—No hables así.
Su tono se volvió repentinamente duro.
—Wanqing no es esa clase de mujer.
Me quedé mirándolo.
Después sonreí.
No porque fuera gracioso.
Sino porque finalmente entendí cuál era mi lugar.
Incluso después de descubrirlos, su primera reacción seguía siendo protegerla a ella.
—Tienes razón —dije—. No debería hablar así de ella.
Qin Moxuan pareció relajarse.
—Sabía que podríamos hablarlo.
—No terminamos por Xu Wanqing.
Su ceño se frunció.
—Entonces, ¿por qué?
—Porque ya no quiero casarme contigo.
Por primera vez apareció verdadero pánico en sus ojos.
—No digas tonterías.
—Ya cancelé el hotel.
Su rostro se endureció.
—¿Qué?
—También cancelé las fotografías y los anillos.
—¡Jiang Siyue!
Golpeó la mesa con la palma.
Me sobresalté, pero no retrocedí.
—¿Sabes cuánto tiempo llevamos preparando esa boda?
—Yo la llevaba preparando. Tú simplemente ibas a presentarte.
Respiró profundamente.
—Lo de Wanqing fue un error.
—Un error dura una noche.
Lo miré directamente.
—Lo vuestro duró quince meses.
Su rostro perdió lentamente la arrogancia.
—Nunca pensé dejarte.
Aquella frase me atravesó.
—¿Se supone que debo agradecerte eso?
—Quiero decir que siempre supe con quién iba a casarme.
—Claro.
Asentí.
—Conmigo.
Porque yo era la prometida adecuada.
La mujer que conocían sus padres.
La que podía acompañarlo a eventos empresariales.
La que nunca causaba problemas.
Mientras Xu Wanqing recibía sus dibujos, sus viajes, su paciencia y sus escapadas secretas.
Me levanté.
—Vete.
Qin Moxuan agarró mi muñeca.
—No.
Retiré la mano.
—No vuelvas a tocarme.
Algo en mi voz hizo que me soltara.
—Te daré tiempo —dijo finalmente—. Estás enfadada. Cuando volvamos a casa hablaremos.
—No voy a volver contigo.
—Siyue.
—Mi vuelo sale mañana.
—Entonces cambiaré tu billete.
—No tienes derecho.
Por primera vez, Qin Moxuan me miró como si estuviera frente a una desconocida.
Tal vez porque durante siete años nunca había dicho aquellas palabras.
Siempre cedía.
Siempre esperaba.
Siempre perdonaba.
Esta vez no.
Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir se detuvo.
—No cancelaré la boda.
—Ya está cancelada.
—Entonces reservaré otro hotel.
Lo miré.
—Puedes reservar toda la ciudad.
Mi voz salió sorprendentemente tranquila.
—Pero no tendrás novia.
La puerta se cerró con fuerza.
A la mañana siguiente regresé a casa.
Lo primero que hice fue guardar sus pertenencias en cajas.
No destruí nada.
No tiré nada.
Simplemente separé siete años de vida compartida hasta convertirlos en seis cajas perfectamente cerradas.
A las cuatro de la tarde sonó el timbre.
Pensé que sería Qin Moxuan.
Era Xu Wanqing.
Llevaba gafas de sol y sostenía una pequeña bolsa.
—Siyue…
Intentó abrazarme.
Retrocedí.

Su mano quedó suspendida en el aire.
—Supongo que ya lo sabes.
—Sí.
Bajó la mirada.
—Nunca quise hacerte daño.
—Pero lo hiciste.
—Yo intenté alejarme.
—Quince meses es mucho tiempo intentando.
Su rostro se puso blanco.
Entonces dejó la bolsa sobre la mesa.
—He venido a devolverte algo.
Dentro estaba el collar.
El mismo que Qin Moxuan me había enviado en la fotografía.
—Moxuan lo compró originalmente para mí —susurró—. Pero ayer discutimos. Le dije que no lo quería y que debía dártelo a ti.
Me quedé inmóvil.
Así que ni siquiera había comprado dos.
Mi regalo de cumpleaños era literalmente el regalo rechazado por su amante.
—Llévatelo.
—Siyue…
—Llévatelo y vete.
Xu Wanqing comenzó a llorar.
—Hay algo más que deberías saber.
No respondí.
Ella se secó las lágrimas.
—Moxuan y yo terminamos anoche.
—Eso ya no me importa.
—Pero no terminamos porque tú nos descubrieras.
Aquello hizo que levantara la mirada.
Xu Wanqing respiró temblorosamente.
—Terminamos porque le dije que no podía seguir escondiendo algo.
—¿Qué cosa?
Antes de que respondiera, alguien abrió la puerta.
Qin Moxuan.
Tenía una llave.
Al ver a Xu Wanqing, su expresión cambió instantáneamente.
—¿Qué haces aquí?
Ella retrocedió.
—Moxuan, tiene derecho a saberlo.
—Cállate.
Nunca lo había escuchado hablarle así.
Xu Wanqing comenzó a temblar.
—No pienso seguir mintiendo por ti.
Qin Moxuan avanzó.
—Wanqing.
—Ella iba a casarse contigo sin conocer la verdad.
Me interpuse entre ambos.
—¿Qué verdad?
Ninguno respondió.
Entonces Xu Wanqing sacó el teléfono.
Abrió una fotografía antigua.
Me la mostró.
Era Qin Moxuan.
Mucho más joven.
Estaba frente a un hospital.
A su lado aparecía mi padre.
Sentí que el corazón me daba un vuelco.
Mi padre había muerto hacía ocho años.
Un año antes de que Qin Moxuan y yo nos conociéramos.
Levanté lentamente la mirada.
—¿Por qué conocías a mi padre?
Qin Moxuan cerró los ojos.
—Siyue…
—¿Por qué?
Xu Wanqing habló antes que él.
—Porque vuestro encuentro nunca fue casual.
La habitación pareció inclinarse bajo mis pies.
—¿Qué estás diciendo?
Ella deslizó el dedo por la pantalla y abrió otra fotografía.
Esta vez aparecía un documento.
En la parte superior estaba el nombre de mi padre.
Debajo había una firma.
La firma de Qin Moxuan.
Y junto a ella, una fecha de hacía ocho años.
Un año antes de nuestro primer encuentro.
—Moxuan se acercó a ti por una razón —susurró Xu Wanqing.
Qin Moxuan le arrebató el teléfono.
—¡Basta!
Pero yo ya había alcanzado a leer una línea del documento.
Solo una.
Y fue suficiente para hacerme olvidar por completo la infidelidad.
«En caso de fallecimiento de Jiang Cheng, su hija Jiang Siyue no deberá conocer la existencia de este acuerdo hasta después de contraer matrimonio con Qin Moxuan.»
Lo miré.
—¿Qué acuerdo?
Qin Moxuan no contestó.
Entonces Xu Wanqing dijo las palabras que hicieron que todo mi cuerpo se congelara.
—Siyue, tu boda nunca fue una historia de amor. Fue la última condición del contrato que tu padre firmó antes de morir.
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