Parte 2: EL SEXTO ABANDONO QUE YA NO EXISTÍA

Logan salió corriendo de la sala de descanso.

Mia fue detrás de él.

Yo los seguí sin hacer ruido.

Ya no tenía pasos.

Ya no tenía respiración.

Ya no sentía frío.

Solo flotaba unos metros por encima de ellos mientras el parque entero parecía haberse detenido.

Cuando llegamos a la piscina profunda, había empleados formando un círculo alrededor del borde.

Kevin estaba allí.

Tenía el rostro blanco.

La señora Wilson lloraba en silencio junto a una columna.

El gerente sostenía una radio con ambas manos.

Logan empujó a dos empleados.

—¿Dónde está?

Nadie contestó.

Entonces vio mi pulsera de socorrista sobre una camilla.

Se quedó inmóvil.

—No.

Kevin levantó los ojos.

—Logan…

—No.

—La encontraron cerca del drenaje.

—¡No!

Su voz resonó por todo el parque.

Mia se tapó la boca.

Logan avanzó hacia la camilla, pero el gerente se interpuso.

—No puedes acercarte.

—¡Es mi novia!

Kevin lo miró con una expresión que jamás le había visto.

—Era tu novia cuando te pedí que fueras a buscarla.

El silencio cayó.

Logan giró lentamente.

—¿Qué dijiste?

Kevin apretó los puños.

—Te dije que Sophia no había salido.

—Yo pensé que…

—También sonó su alarma.

La cara de Logan se descompuso.

—El reloj estaba fallando.

—Marcaba cero.

—Ella hacía cosas para llamar mi atención.

La señora Wilson levantó la cabeza.

—También le dije que había visto algo junto a la rejilla.

Logan retrocedió.

De pronto todos aquellos pequeños momentos que había ignorado estaban regresando para acusarlo.

La alarma.

Kevin.

La trabajadora de limpieza.

Mi ausencia.

Y su propia decisión.

“Déjala. Así aprenderá.”

Yo lo recordaba perfectamente.

Él también.

Lo vi en sus ojos.

El sistema volvió a hablarme.

—La transferencia continúa disponible.

—Todavía no.

—Las señales vitales del cuerpo original son irrecuperables.

—Lo sé.

—¿Por qué permanece?

Miré a Logan.

—Porque todavía no entiende.

En ese instante aparecieron dos responsables de seguridad del parque.

Uno llevaba una tableta.

—Necesitamos hablar con todos los socorristas de esta zona.

Logan parpadeó.

—¿Ahora?

—Ahora.

El gerente señaló hacia una oficina.

—Las cámaras estaban funcionando.

La cabeza de Logan se levantó de golpe.

Mia dejó de respirar.

Yo casi sonreí.

Habían olvidado las cámaras.


Veinte minutos después, Logan estaba sentado frente a una pantalla.

Mia a su lado.

Kevin permanecía de pie contra la pared.

El gerente reprodujo la grabación.

Primero aparecía Mia acercándose detrás de mí.

Después su pie extendiéndose justo cuando yo avanzaba por la plataforma.

Mi caída.

La imagen no necesitaba sonido para explicar lo ocurrido.

Mia se puso de pie.

—Fue un accidente.

Kevin señaló la pantalla.

—No parece accidente.

—Perdí el equilibrio.

—Tú ni siquiera estabas cerca de caer.

Mia comenzó a llorar.

Logan reaccionó automáticamente.

—No la presionen.

El gerente giró hacia él.

—¿Todavía vas a defenderla?

Logan abrió la boca.

No respondió.

El video continuó.

Yo aparecía intentando mantenerme a flote.

Después se veía a Logan entregándole el salvavidas a Mia.

La grabación tenía audio.

Su propia voz llenó la oficina.

—Tú tienes certificación avanzada. Nada hasta la orilla.

Logan cerró los ojos.

Después apareció otro fragmento.

Kevin acercándose.

Advirtiendo que yo no había salido.

Logan ordenándole que me dejara.

Luego la alarma del reloj.

El gerente pausó el video.

—¿Qué hiciste aquí?

Logan miró el suelo.

—Pensé que había arrojado el reloj al agua.

—¿Por qué?

—Habíamos discutido.

—¿Y eso te pareció suficiente para ignorar una alarma médica?

Logan no podía responder.

Mia tiró suavemente de su manga.

—Logan…

Él apartó el brazo.

Fue la primera vez que lo vi alejarse de ella.

—No me toques.

Mia se quedó paralizada.

—Yo no sabía que Sophia estaba realmente herida.

Logan giró hacia ella.

—La hiciste caer.

—¡No quise!

Kevin soltó una risa amarga.

—La cámara acaba de mostrar lo contrario.

—¡Solo quería asustarla!

Todos guardaron silencio.

Mia comprendió demasiado tarde lo que había confesado.

—Quiero decir…

—¿Asustarla? —preguntó Logan.

—Estaba cansada de que siempre me mirara mal.

—Tú me dijiste que ella te había empujado.

Mia empezó a llorar con más fuerza.

—Porque sabía que me creerías.

Aquella frase hizo más daño que cualquier grito.

Logan simplemente la miró.

—¿Qué?

Mia bajó la cabeza.

—Siempre me crees.

Yo flotaba detrás de ellos.

Y comprendí algo extraño.

Logan por fin estaba viendo a Mia con claridad.

Pero ya era demasiado tarde.

Había necesitado perderme para hacerlo.

El sistema volvió a hablar.

—¿Desea continuar observando?

—Sí.

—Su conexión con este mundo se debilitará.

—Solo un poco más.


Esa noche, el parque cerró antes de tiempo.

La policía tomó declaraciones.

Logan fue suspendido inmediatamente mientras investigaban sus decisiones como socorrista.

Mia también quedó bajo investigación por lo ocurrido en la plataforma.

Pero yo ya no sentía satisfacción.

Solo cansancio.

Logan permaneció sentado solo en el vestuario.

Sobre la banca estaba mi gorro de secado.

El rosa.

El que le había dado a Mia.

Lo sostuvo durante mucho tiempo.

Después abrió mi casillero.

Dentro encontró una caja pequeña.

Nuestro aniversario habría sido tres días después.

La abrió.

Había dos entradas para un concierto.

Y una carta.

Logan comenzó a leer.

“Para nuestro quinto aniversario.

Sé que últimamente discutimos demasiado.

Pero todavía recuerdo al Logan que se lanzaba al agua antes de preguntarme si necesitaba ayuda.

Espero que algún día volvamos a encontrarnos.”

Sus manos comenzaron a temblar.

—Sophia…

Yo permanecí frente a él.

Podía verme.

Pero él no podía verme a mí.

—¿Por qué no me dijiste que estabas herida?

Quise reír.

—Lo intenté.

No me escuchó.

Claro.

Entonces la puerta se abrió.

Kevin entró.

—Hay alguien que quiere hablar contigo.

Logan no respondió.

—No quiero ver a nadie.

—Deberías ver a esta persona.

Una mujer mayor apareció detrás de Kevin.

Reconocí inmediatamente su rostro.

Mi madre.

El mundo dejó de moverse.

Logan se puso de pie.

—Señora Miller…

Ella no lloraba.

Eso era peor.

Caminó hasta él y colocó algo sobre la banca.

Cinco sobres.

Numerados.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Cinco.

Logan frunció el ceño.

—¿Qué es esto?

Mi madre lo miró directamente.

—Sophia me los enviaba cada vez que tú la abandonabas.

Sentí que incluso el sistema guardaba silencio.

Logan tomó el primer sobre.

—¿Abandonaba?

—Ella decía que te perdonaría cinco veces.

Su rostro perdió todo color.

Mi madre señaló el último.

—Hoy era la quinta.

Logan abrió el sobre con manos temblorosas.

Dentro había una sola página.

Y una frase al final:

“Si existe una sexta vez, significará que ya no estoy allí para perdonarte.”

Logan cayó sentado.

Yo cerré los ojos.

La voz mecánica regresó.

—El plazo para la transferencia termina ahora.

Miré una última vez a mi madre.

A Kevin.

A Logan sujetando aquella carta.

—Estoy lista.

Una luz blanca comenzó a rodearme.

Pero justo antes de desaparecer, escuché algo inesperado.

—Advertencia.

Abrí los ojos.

—¿Qué ocurre?

—El cuerpo receptor ha despertado antes de tiempo.

—¿Qué significa eso?

La luz cambió.

El sistema respondió:

—Significa que alguien más ya está dentro.

Y por primera vez desde que había muerto…

sentí miedo.

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