PARTE 2: CUANDO VOLVIÓ A BUSCARME, YA ERA DEMASIADO TARDE.

Mason no me siguió al aeropuerto.

Eso fue lo primero que confirmó que había tomado la decisión correcta.

Mientras mi avión despegaba, recibí un único mensaje suyo.

“Cuando termines con este berrinche, llámame.”

Lo leí una vez.

Después bloqueé su número.

Dieciséis horas más tarde aterricé en Sídney.

Mi madre me esperaba junto a la salida internacional.

En cuanto me vio, abrió los brazos.

No preguntó por Mason.

No preguntó por la boda.

Simplemente me abrazó.

Y por primera vez en años sentí que no tenía que competir con nadie para merecer un lugar.

Tres días después entré en las oficinas centrales de Laurent & Hart, una de las compañías de moda más poderosas de Australia.

Dos años antes había rechazado allí el puesto de directora creativa.

Por Mason.

Él decía que una relación a distancia no funcionaría.

Yo elegí quedarme.

Ahora la empresa seguía queriéndome.

—Creí que nunca regresarías —dijo mi madre.

—Yo también.

El director ejecutivo extendió un contrato sobre la mesa.

—Ava, queremos que supervises la nueva expansión internacional.

Miré la cifra.

Era casi el triple de lo que ganaba antes.

Pero no fue el dinero lo que me hizo sonreír.

En la última página aparecía el nombre de una de las marcas asociadas.

Kingsley Sports Management.

La agencia que manejaba la carrera de Mason.

Levanté la vista.

—¿Ellos dependen de nuestra financiación?

—Para su nueva campaña global, sí.

Sentí algo parecido a ironía.

No venganza.

Solo ironía.

El hombre que había decidido “corregir mi carácter” dependía ahora de una firma que terminaría sobre mi escritorio.

Mientras tanto, Mason viajó con Sienna.

Lo supe por las fotografías que comenzaron a circular.

Playas.

Cócteles.

Yates.

Sienna abrazada a su cintura.

En una imagen llevaba incluso la camisa que yo había comprado para nuestra luna de miel.

Yo no reaccioné.

Pero internet sí.

Algunas personas preguntaron por qué un hombre recién casado estaba de vacaciones con otra mujer.

Mason respondió públicamente:

“Ava necesitaba espacio. Todo está bien entre nosotros.”

Todo estaba bien.

Curioso.

Porque esa misma mañana mi abogado había enviado la notificación formal exigiendo la devolución de mis pertenencias y dejando constancia de que nuestro matrimonio nunca había sido registrado legalmente.

No había divorcio que tramitar.

Legalmente, jamás habíamos sido marido y mujer.

Una semana después, Mason regresó.

Y descubrió que yo no había vuelto.

Fue entonces cuando comenzó a llamarme desde otros números.

Los bloqueé todos.

Después escribió a mi madre.

Ella tampoco respondió.

Finalmente apareció un correo.

“Tenemos que hablar. Lo que hiciste está afectando mi trabajo.”

Eso sí llamó mi atención.

No porque me extrañara.

No porque lamentara haberme perdido.

Porque su carrera estaba en peligro.

Respondí con cuatro palabras:

“Habla con mi oficina.”

Dos días después entró en una sala de juntas de Laurent & Hart.

Yo ya estaba sentada al otro extremo de la mesa.

Mason se detuvo.

—¿Qué haces aquí?

Cerré la carpeta frente a mí.

—Trabajo.

—No entiendo.

El director ejecutivo sonrió.

—Señor Reed, le presento a nuestra nueva directora creativa internacional, Ava Bennett.

Mason palideció.

Entonces comprendió.

El presupuesto de la campaña.

Los contratos.

Su imagen internacional.

Todo debía pasar por mi departamento.

—Esto es una broma.

—No —respondí—. Una broma fue nuestra luna de miel.

Los demás permanecieron en silencio.

Mason apretó la mandíbula.

—¿Vas a destruir mi carrera por una discusión personal?

—No.

Empujé un informe hacia él.

—Tu campaña fue suspendida porque incumpliste tres cláusulas de conducta pública.

Fotografías con Sienna.

Declaraciones contradictorias.

Exposición negativa.

No necesitaba inventar nada.

Mason había saboteado su propia imagen creyendo que yo siempre estaría allí para limpiarla.

—Ava, hablemos a solas.

—No tenemos nada personal que discutir.

—Éramos una pareja.

Lo miré fijamente.

—Tú mismo te aseguraste de que legalmente no fuéramos nada.

Aquello lo dejó sin respuesta.

La reunión terminó veinte minutos después.

Mason me esperó en el pasillo.

—Cancelaré todo con Sienna.

Seguí caminando.

—No me interesa.

—Ella fue quien insistió.

Me detuve.

—Ahí está tu problema.

Él frunció el ceño.

—¿Qué?

—Todavía crees que esto ocurrió por Sienna.

Me giré hacia él.

—Sienna no canceló nuestros boletos. Tú lo hiciste.

—Cometí un error.

—Me llamaste agotadora.

—Estaba molesto.

—Dijiste que necesitaba corregir mi carácter.

Bajó la mirada.

—No debiste leer esos mensajes.

Sonreí.

Hasta después de perderme seguía buscando una forma de convertir su crueldad en culpa mía.

—Gracias.

—¿Por qué?

—Porque acabas de recordarme por qué me fui.

Me marché.

Pero Sienna todavía no había terminado.

Dos semanas después apareció en mis oficinas.

Llorando.

—Mason me culpa de todo.

La observé sin emoción.

—Eso es asunto vuestro.

—Yo pensaba que él me elegiría.

Por fin entendí.

Toda aquella rivalidad nunca había tratado realmente sobre amistad.

—Entonces quédate con él.

Sienna soltó una risa amarga.

—Ya no lo quiero.

—Qué conveniente.

—Perdió contratos. Sus patrocinadores están molestos. Sus amigos dejaron de responderle.

Se secó las lágrimas.

—No es el mismo.

Negué lentamente.

—Sí lo es.

—Solo que ahora estás viendo al hombre que siempre fue cuando dejó de ser útil tenerlo a tu lado.

Sienna se marchó sin responder.

Tres meses después, Mason perdió su principal patrocinio.

La campaña que Laurent & Hart había suspendido fue otorgada a otro deportista.

Yo no tomé esa decisión sola.

Ni siquiera tuve que hacerlo.

Los números hablaron.

La reputación habló.

Sus propias acciones hablaron.

Una tarde encontré un paquete sobre mi escritorio.

Dentro estaban los conjuntos que había diseñado para nuestra luna de miel.

Mason los había recuperado de la basura.

También había una nota.

“Todavía puedo registrar nuestro matrimonio. Podemos empezar de nuevo.”

Doblé la carta.

La puse nuevamente en la caja.

Y se la entregué a mi asistente.

—Devuélvela.

Seis meses después inauguramos nuestra primera colección bajo mi dirección.

Al terminar el desfile, mi madre me abrazó entre bastidores.

—¿Eres feliz?

Miré las luces.

Las cámaras.

Los diseños que llevaban mi nombre.

Pensé en aquella noche dentro del ascensor.

En Mason diciéndome que si me marchaba no habría boda legal.

Entonces había intentado asustarme.

Ahora entendía que me había hecho un regalo.

—Sí.

Y lo decía en serio.

Mason había creído que Australia sería mi huida.

Pero no había huido.

Había regresado a mí misma.

Aquella noche, mientras celebrábamos, mi teléfono recibió un último mensaje desde un número desconocido.

Era Mason.

“¿De verdad nunca vas a volver?”

Observé la pantalla durante unos segundos.

Después escribí:

“Ya volví. Solo que no contigo.”

Bloqueé el número.

Guardé el teléfono.

Y regresé a la celebración sin mirar atrás.

Porque algunas historias de amor terminan cuando alguien se marcha.

La nuestra terminó mucho antes.

Terminó cuando Mason creyó que podía dejarme esperando mientras elegía siempre a otra mujer.

Lo único que hice después fue tener el valor de aceptar que nunca debía haber esperado por él.

Related Posts

PARTE 2: MI ESPOSO CREÍA QUE PODÍA QUITARME LA CASA, PERO MI PADRE REVELÓ DELANTE DE TODOS QUIÉN ERA EL VERDADERO DUEÑO

Daniel se quedó mirando la escritura. Su rostro perdió el color. —Esto… esto es un error. El hombre del traje negó lentamente con la cabeza. —No, señor…

PARTE 2: MI ESPOSO ME ENCONTRÓ CON EL CEO MÁS JOVEN DE ESTADOS UNIDOS, PERO LOS PAPELES QUE FIRMÉ PODÍAN DESTRUIR SU IMPERIO

—¿Qué estás haciendo aquí? Ethan se detuvo frente a mí. Lo miré durante unos segundos. Después bajé la vista hacia su mano, donde todavía quedaba una pequeña…

PARTE 2: EL MILLONARIO DESCUBRIÓ QUE SUS GEMELOS NO HABÍAN PERDIDO LA ESPERANZA, SINO QUE LOS MÉDICOS HABÍAN DEJADO DE BUSCARLA

Evan no se movió. Miró a Aarón y luego a Simón. Ambos estaban sentados en el suelo con Rachel frente a ellos. —¿Qué quieres decir con que…

PARTE 2: LA NIÑA ENTRÓ AL TRIBUNAL CON UN CONEJO DE PELUCHE Y REVELÓ EL SECRETO QUE SU PADRE Y SU AMANTE HABÍAN OCULTADO

Clara sintió que el corazón se le detenía. —Violeta… La niña levantó la mirada. Durante unos segundos no dijo nada. Después corrió hacia Clara. —¡Clara! El alguacil…

PARTE 2: EL SECRETO QUE HABÍA CONVERTIDO MI ABANDONO EN MI MAYOR FORTUNA

El hombre cruzó la calle bajo la lluvia y se detuvo frente a mí. Era un señor de unos sesenta años, con un impermeable oscuro, zapatos gastados…

PARTE 2: MI NOVIO ME GOLPEÓ EN NUESTRA BODA, PERO NO SABÍA QUE LA MUJER QUE INTENTABA HUMILLAR YA TENÍA TODAS LAS PRUEBAS PARA DESTRUIR SU IMPERIO

El salón entero quedó inmóvil después de mis palabras. —Felicitaciones —repetí—. Acabas de cancelar tu boda. Daniel se llevó una mano al rostro. —Elena, no puedes hablar…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *