PARTE 2: EL HOMBRE AL QUE DEBÍA RECHAZAR TERMINÓ ELIGIÉNDOME.

—¿Cariño?

La forma en que repitió aquella palabra hizo que quisiera desaparecer debajo de la mesa.

Solté lentamente sus dedos.

—Bueno… quizá fue demasiado pronto.

El hombre me observó durante varios segundos.

Yo podía sentir el sudor acumulándose en mis palmas.

Finalmente habló.

—Ethan Cole.

Parpadeé.

Ese apellido me resultaba familiar.

Demasiado familiar.

Entonces los comentarios luminosos volvieron a aparecer.

【¡DIJO SU NOMBRE!】

【¡Lina acaba de llamar “cariño” al heredero del Grupo Cole!】

【¿Alguien puede explicarle que ese hombre controla media Manhattan?】

Ah.

Perfecto.

No solo estaba intentando evitar que me arrojaran al mar.

También acababa de coquetear descaradamente con uno de los hombres más poderosos de Nueva York.

Ethan inclinó ligeramente la cabeza.

—Pensé que habías venido a terminar conmigo.

—Yo también.

Sus ojos se endurecieron.

Maldición.

—Quiero decir… pensé que quizá tú pensarías eso.

—Lina.

—¿Sí?

—Eres terrible mintiendo.

Me quedé callada.

Ethan apartó la mirada hacia la ventana.

—No necesitas sentir lástima.

Aquello borró mi sonrisa.

—No siento lástima.

—Entonces, ¿por qué cambiaste de opinión después de verme?

No sabía qué responder.

Porque unos comentarios flotantes me habían informado de que rechazarlo podía terminar conmigo convertida en alimento para peces no parecía una explicación razonable.

Así que elegí la única verdad disponible.

—Porque eres mucho más guapo de lo que esperaba.

Ethan giró la cabeza bruscamente.

Sus orejas se pusieron rojas.

Tuve que morderme el labio para no sonreír.

El supuesto magnate frío y peligroso se había sonrojado.

—¿Eso es todo?

—Por ahora.

—¿Por ahora?

—Todavía tengo que descubrir si tu personalidad combina con tu cara.

Por primera vez, una sonrisa auténtica apareció en sus labios.

Pequeña.

Casi invisible.

Pero suficiente para transformar completamente su rostro.

Los comentarios explotaron.

【¡SE RIO!】

【¡Este hombre no sonreía así desde el accidente!】

【Lina, deja de preocuparte por morir. ¡Preocúpate por sobrevivir cuando este hombre se enamore!】

Decidí ignorarlos.

Ethan señaló la silla frente a él.

—Entonces siéntate.

Lo hice.

La conversación que comenzó incómoda terminó durando casi tres horas.

Descubrí que Ethan era reservado, inteligente y sorprendentemente paciente.

También descubrí algo extraño.

Sabía muchísimo sobre mí.

Mi comida favorita.

Las películas que supuestamente adoraba.

La cafetería donde supuestamente estudiaba los domingos.

Pero algunas cosas no coincidían.

—Dijiste que odiabas el café.

Miré la taza que llevaba media hora bebiendo.

—Eh…

Gracias, Samantha.

—Cambié de opinión.

Ethan entrecerró los ojos.

—También dijiste que eras alérgica a las fresas.

Miré el pastel de fresa que acababa de devorar.

Silencio.

—Me recuperé.

—¿De una alergia?

—Soy muy resistente.

Ethan me observó.

Yo sonreí.

Él no parecía convencido.

Cuando finalmente salimos, un automóvil negro esperaba junto a la acera.

Un joven alto estaba apoyado contra la puerta.

Se parecía bastante a Ethan.

Pero mientras Ethan transmitía una frialdad tranquila, aquel hombre tenía algo inquietante en los ojos.

Los comentarios aparecieron inmediatamente.

【¡NOAH COLE!】

【¡EL HERMANO!】

【¡LINA, COMPÓRTATE! ¡ESTE ES EL QUE TE IBA A TIRAR AL MAR!】

Me quedé petrificada.

Noah me examinó de arriba abajo.

—¿Ella es?

Ethan respondió con calma.

—Sí.

—Pensé que regresarías solo.

Ethan guardó silencio.

Noah me miró nuevamente.

—Curioso.

Tragué saliva.

—Mucho gusto.

—Ya veremos.

Mi sonrisa se congeló.

Definitivamente aquel hombre daba miedo.

Ethan frunció el ceño.

—Noah.

—Solo estoy saludando.

Después abrió la puerta para su hermano.

Antes de entrar, Ethan se volvió hacia mí.

—¿Puedo verte mañana?

No tuve que pensarlo.

—Sí.

Sus ojos se suavizaron.

—Te escribiré.

Cuando el automóvil desapareció, finalmente pude respirar.

Mi teléfono vibró inmediatamente.

Samantha.

“¿Terminaste con él?”

Miré el mensaje.

Luego escribí:

“No.”

Tres puntos aparecieron casi inmediatamente.

“¿QUÉ?”

Sonreí.

“Decidí darle una oportunidad.”

El teléfono comenzó a sonar.

No contesté.


Durante las siguientes semanas, Ethan y yo nos vimos casi todos los días.

Y cuanto más lo conocía, más olvidaba la razón absurda por la que había aceptado aquella primera cita.

Nunca utilizó su dinero para impresionarme.

Recordaba cada cosa que yo decía.

Cuando descubrió que trabajaba hasta tarde, comenzó a enviarme cena.

Cuando mencioné que mi computadora estaba fallando, apareció una nueva en mi apartamento.

—Ethan, esto cuesta más que mi matrícula anual.

—Entonces espero que funcione bien.

—No puedes comprarme cosas así.

Me miró seriamente.

—Puedo.

—Ese no era el punto.

Sus labios se curvaron.

Pero también empezó a notar las inconsistencias.

Una noche, mientras cenábamos, dejó el tenedor sobre el plato.

—Lina.

—¿Sí?

—¿Por qué siento que estoy conociéndote por primera vez?

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué quieres decir?

—La persona con la que hablé durante ocho meses escribía diferente.

Sentí frío.

—Las personas son diferentes por mensaje.

—Quizá.

Sacó su teléfono.

—Pero hay cosas que no cambian.

Giró la pantalla.

Una fotografía enviada meses atrás.

Mi fotografía.

Samantha la había sacado de mis redes sociales.

Ethan deslizó el dedo.

Otra.

Después otra.

Todas eran mías.

Pero las palabras habían sido de Samantha.

Me quedé sin aire.

Ya lo sabía.

—¿Desde cuándo sospechas?

—Desde nuestra primera cita.

—¿Y por qué seguiste viéndome?

Ethan guardó silencio durante varios segundos.

Luego extendió la mano y tomó la mía.

—Porque la mujer que conocí en persona me gustó mucho más que la mujer de los mensajes.

Mi corazón golpeó con fuerza.

—Ethan…

—Solo quiero saber por qué.

Bajé la mirada.

Ya no podía proteger a Samantha.

Así que le conté todo.

La cuenta falsa.

Las fotografías.

La silla de ruedas.

La petición de terminar con él.

Cuando terminé, Ethan parecía extrañamente tranquilo.

Demasiado tranquilo.

—Así que Samantha nunca quiso conocerme.

—No después de descubrir tu condición.

Sus dedos se tensaron.

Entonces su teléfono vibró.

Miró la pantalla.

Su expresión cambió.

—¿Qué pasa?

Ethan levantó lentamente los ojos.

—Mi hermano acaba de investigar esa cuenta.

Sentí un escalofrío.

—¿Y?

—Encontró algo.

Giró el teléfono hacia mí.

Había transferencias bancarias, conversaciones y capturas de pantalla.

Samantha no había empezado a hablar con Ethan por casualidad.

Alguien le había pagado para acercarse a él.

Y el dinero provenía de una empresa vinculada a la familia Cole.

—No entiendo —susurré.

Ethan tomó mi mano.

—Yo tampoco.

Entonces alguien golpeó violentamente la puerta del restaurante privado.

Noah entró acompañado por dos hombres.

Su expresión era aterradora.

—Ethan, tenemos que irnos.

—¿Qué ocurrió?

Noah me miró.

Esta vez no había desprecio en sus ojos.

Había preocupación.

—La chica que usó las fotos de Lina desapareció hace una hora.

Me puse de pie.

—¿Samantha?

Noah asintió.

Después dejó una fotografía sobre la mesa.

Era una imagen captada por una cámara de seguridad.

Samantha aparecía entrando en un automóvil.

Y el hombre que le abría la puerta era alguien que Ethan reconoció inmediatamente.

Su rostro perdió todo el color.

—No puede ser.

—¿Quién es? —pregunté.

Ethan levantó los ojos hacia mí.

—El hombre que provocó el accidente que me dejó en esta silla de ruedas.

Antes de que pudiera reaccionar, mi teléfono vibró.

Número desconocido.

Abrí el mensaje.

Solo contenía una fotografía de Samantha atada a una silla y una frase.

“LINA HARPER. AHORA QUE OCUPASTE SU LUGAR, TAMBIÉN HEREDASTE SU DEUDA.”

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