PARTE 2: LA ESPOSA QUE TODOS HABÍAN SUBESTIMADO.

Nathan permaneció inmóvil.

Durante tres años había presentado a Elena como una mujer sencilla que no entendía de negocios. Ahora Richard Collins, el hombre ante quien llevaba meses inclinando la cabeza, acababa de hacer exactamente lo contrario ante ella.

—Señor Collins… —balbuceó Nathan—. ¿Usted conoce a mi esposa?

Richard lo miró por primera vez.

—¿Su esposa?

Su sorpresa parecía auténtica.

—¿Me está diciendo que Elena Whitmore es su esposa?

Nathan tragó saliva.

—Sí.

Richard soltó lentamente el aire.

—Entonces parece que el señor Morgan omitió información bastante importante durante nuestras negociaciones.

Chloe seguía sujetándose la mejilla.

—Debe existir una confusión. La señora Morgan es ama de casa.

Richard giró hacia ella con una expresión helada.

—Señorita Bennett, le recomiendo que deje de hablar antes de empeorar su situación.

Chloe palideció.

Yo miré el Cartier de su muñeca.

—Bonito reloj.

Ella escondió instintivamente la mano.

Nathan entendió inmediatamente.

—Elena, puedo explicarlo.

—¿Explicar qué? ¿Por qué mi regalo terminó en la muñeca de tu secretaria?

—No es lo que parece.

Sonreí.

—Curioso. Esa frase siempre aparece cuando las cosas son exactamente lo que parecen.

Algunos invitados bajaron la mirada para ocultar su reacción.

Nathan se acercó.

—Podemos hablar en casa.

—No.

—Elena…

—Tú decidiste humillarme públicamente. Terminaremos esta conversación públicamente.

Richard dio un paso hacia mí.

—Señorita Whitmore, quizá deberíamos entrar. Hay ciertos asuntos relacionados con el contrato que requieren su aprobación.

Nathan frunció el ceño.

—¿Su aprobación?

Richard lo observó.

—El capital utilizado para financiar nuestra participación en el proyecto proviene de Whitmore Capital.

El rostro de Nathan perdió el color.

—Eso no puede ser.

—Puede comprobarlo en los documentos que firmó.

Nathan parecía incapaz de respirar.

Durante meses había presumido de haber conseguido por sí mismo el contrato más importante de su carrera.

Pero el dinero que hacía posible aquel acuerdo pertenecía precisamente a la familia de la esposa que había ordenado dejar en casa.

Entré en el salón.

La sala quedó en silencio.

Richard apartó personalmente una silla en la cabecera de la mesa.

—Por favor.

Nathan observó cómo me sentaba en el lugar que minutos antes él había ocupado.

Chloe intentó entrar detrás de nosotros.

—Señor Morgan…

—Ella no —dije.

Chloe se detuvo.

Nathan apretó los dientes.

—Es mi secretaria.

Richard cerró la carpeta frente a él.

—Y acaba de insultar y agredir verbalmente a una representante principal del fondo que respalda esta operación.

—¡Ella me golpeó! —protestó Chloe.

La miré.

—Después de que intentaras tocarme.

Richard hizo una señal.

El gerente del hotel se acercó inmediatamente.

—Conserve las grabaciones de seguridad del pasillo —ordenó—. Todas.

Chloe dejó de hablar.

Su seguridad desapareció.

Nathan se sentó frente a mí.

—Elena, no entiendo nada.

—Ese ha sido tu problema durante tres años.

—¿Por qué ocultaste quién eras?

Lo miré fijamente.

—Porque cuando nos conocimos dijiste que querías construir algo por tus propios méritos. Pensé que si conocías mi apellido nunca sabría si amabas a Elena o a Whitmore.

—Yo te amaba.

—¿De verdad?

Señalé hacia la puerta.

—Hace veinte minutos me pediste que me disculpara con la mujer que me llamó vergüenza delante de tus socios.

Nathan bajó la mirada.

—Cometí un error.

—No. Cometiste muchos. Este simplemente fue el primero que ocurrió delante de las personas equivocadas.

Richard abrió el contrato.

—Tenemos un asunto más urgente.

La atmósfera cambió.

—La inversión de diez millones todavía no ha sido transferida.

Nathan levantó la cabeza bruscamente.

—¿Qué?

—Existe una cláusula de aprobación final.

Richard deslizó el documento hacia mí.

Nathan siguió el movimiento con los ojos.

Entonces lo comprendió.

Mi firma estaba en la última página.

—Elena…

Su voz cambió inmediatamente.

Ya no había autoridad.

Solo miedo.

—No puedes cancelar esto por una discusión matrimonial.

—No lo haría.

Tomé la carpeta.

—Pero podría cancelarlo por fraude.

Nathan quedó inmóvil.

Chloe, desde la puerta, dejó caer su bolso.

El sonido fue pequeño.

Pero todos lo escucharon.

Richard frunció el ceño.

—¿Fraude?

Saqué mi teléfono.

Antes de salir de casa había pedido a mi equipo que revisara los documentos de Morgan Development.

No porque sospechara del contrato.

Sino porque, después de ver mi Cartier en la muñeca de Chloe, finalmente había aceptado que quizá existían muchas cosas que Nathan me ocultaba.

Habían necesitado menos de una hora para encontrar la primera irregularidad.

—Nathan declaró que Morgan Development poseía completamente los terrenos destinados a la segunda fase del proyecto.

—Los poseemos.

—No.

Deslicé una copia del registro sobre la mesa.

—Tres parcelas pertenecen a una sociedad llamada Bennett Holdings.

Chloe retrocedió.

Todas las miradas se dirigieron hacia ella.

Richard tomó el documento.

—¿Bennett?

Nathan cerró los ojos.

Yo observé a Chloe.

—¿Quieres decirles quién figura como propietaria?

Ella negó lentamente.

—No sé de qué está hablando.

—Entonces lo haré yo.

Abrí el registro corporativo.

—Chloe Bennett posee el cien por ciento de la compañía.

Un murmullo recorrió el salón.

Richard se volvió hacia Nathan.

—¿Su secretaria controla terrenos fundamentales para un proyecto que usted presentó como propiedad íntegra de su empresa?

Nathan comenzó a sudar.

—Existe una explicación.

—Estoy deseando escucharla.

Pero Chloe intervino.

—Nathan, no digas nada.

El silencio volvió a caer.

Me fijé en él.

No había dicho “señor Morgan”.

Había dicho Nathan.

Con una familiaridad imposible de esconder.

Entonces comprendí que el reloj era apenas la superficie.

Richard también lo entendió.

—Suspendan la firma —ordenó.

Nathan se levantó.

—¡No puede hacer eso!

—Puedo.

Richard señaló hacia mí.

—Y ella puede hacer algo mucho peor.

Nathan me miró desesperadamente.

—Elena, por favor. Hablemos solos.

Por un instante recordé al hombre del que me había enamorado.

Después recordé el mensaje.

“Tu presencia no es apropiada.”

Me puse de pie.

—Mañana tendrás la oportunidad de explicarlo todo ante los auditores de Whitmore Capital.

—¿Auditores?

—Revisarán cada cuenta relacionada con este proyecto.

Chloe se puso blanca.

Y entonces su teléfono, todavía sobre la mesa después de caer de su bolso, se iluminó.

Una notificación apareció en la pantalla.

Nadie habría prestado atención si Nathan no hubiera mirado primero.

Su expresión cambió por completo.

Tomó el teléfono antes de que Chloe pudiera impedirlo.

—¡Devuélvemelo!

Nathan leyó el mensaje.

Sus manos comenzaron a temblar.

—¿Qué significa esto?

Chloe dejó de respirar.

—Nathan…

Él giró la pantalla.

Era un mensaje de un contacto guardado únicamente como “D”.

“El dinero ya está fuera de Morgan Development. Mañana desaparecemos juntos. Nathan cargará con todo.”

Richard se levantó lentamente.

Yo miré a Chloe.

Después a Nathan.

Pero antes de que cualquiera pudiera hablar, las puertas del salón se abrieron.

Un hombre joven entró apresuradamente.

Nathan lo reconoció.

Y su rostro se volvió ceniza.

Yo también sabía quién era.

Daniel Morgan.

El hermano menor de mi esposo.

Daniel vio el teléfono en las manos de Nathan y se detuvo en seco.

Nathan levantó la mirada.

—D…

Su voz apenas salió.

Luego miró a Chloe.

—¿El hombre con el que pensabas escapar… es mi propio hermano?

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