PARTE 2: LA MUJER DE LA BOTELLA ERA ALGUIEN DE MI PROPIA FAMILIA.

Encontré el auto de Ethan estacionado detrás de la estación de servicio.

Marcus estaba junto a la entrada, pálido, con ambas manos sobre la cabeza. Cuando me vio acercarme, caminó hacia mí rápidamente.

—Claire, antes de entrar tienes que prometerme que vas a mantener la calma.

—¿Dónde está Ethan?

Marcus miró hacia el interior.

—En el baño.

—¿Y la mujer?

Su silencio respondió antes que sus palabras.

—Está sentada junto a las máquinas de café.

Entré.

La mujer estaba de espaldas.

Llevaba un abrigo beige y sostenía varias servilletas contra la boca mientras bebía agua. Sobre la mesa había una botella de soda.

La botella de Ethan.

Entonces la mujer levantó la cabeza.

Me detuve en seco.

—¿Mamá?

Mi madre, Diane, me miró como si hubiera visto un fantasma.

—Claire…

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

—¿Qué haces aquí?

Marcus cerró los ojos.

Mi madre dejó lentamente el vaso sobre la mesa.

—Puedo explicarlo.

—Entonces empieza.

—No aquí.

Solté una risa seca.

—Encontré tu labial en la botella de mi esposo y ahora te encuentro viajando con él a las diez de la noche. Creo que este lugar es perfecto.

—No es lo que estás pensando.

—¿Entonces qué estoy pensando?

Mi madre bajó la mirada.

En ese momento Ethan apareció desde el pasillo.

Cuando me vio, se quedó completamente inmóvil.

—Claire.

—No te acerques.

Obedeció.

Eso me asustó todavía más.

Porque Ethan nunca obedecía cuando estaba convencido de poder controlar una conversación.

—Quiero saber la verdad —dije—. Ahora.

Mi madre comenzó a llorar.

—Tu padre no murió como te contamos.

Aquellas palabras borraron de golpe todas las preguntas que llevaba preparadas.

—¿Qué?

Mi padre había muerto cuando yo tenía dieciséis años.

Un accidente automovilístico.

Durante años conservé la última fotografía que nos tomamos juntos.

—Mamá, ¿qué acabas de decir?

Diane se llevó una mano al pecho.

—El hombre que murió aquella noche era tu padre legal. Pero no tu padre biológico.

Miré a Ethan.

—¿Qué tiene eso que ver contigo?

Él sacó lentamente un sobre del bolsillo interior de su chaqueta.

—Todo.

Lo dejó sobre la mesa.

Dentro había fotografías antiguas, copias de transferencias bancarias y una prueba de ADN.

Tomé la primera fotografía.

Mi madre aparecía mucho más joven junto a un hombre que reconocí inmediatamente.

Richard Reed. El padre de Ethan.

Sentí náuseas.

—No.

Ethan levantó ambas manos.

—Lee la prueba.

No quería hacerlo.

Pero lo hice.

Mis ojos encontraron primero nuestros nombres.

Después el resultado.

La habitación pareció inclinarse.

—¿Qué significa esto?

Marcus se acercó.

—Significa que Ethan descubrió hace tres meses que Richard pudo haber sido tu padre biológico.

Miré a mi esposo.

—¿Somos…?

—No.

Ethan respondió inmediatamente.

—La segunda prueba lo descartó. Mi padre no era tu padre.

Respiré otra vez.

Pero el alivio duró apenas unos segundos.

—Entonces ¿por qué seguían investigando?

Mi madre comenzó a llorar con más fuerza.

—Porque Richard me pagó durante años para guardar silencio.

Ethan señaló las transferencias.

—Cuando murió mi padre, encontré pagos mensuales enviados a una cuenta que pertenecía a Diane. Pensé lo peor.

—¿Que tu padre tenía una aventura con mi madre?

Asintió.

—Después encontré cartas.

Mi madre cerró los ojos.

—Richard estaba protegiéndonos.

—¿De quién?

Nadie respondió.

Golpeé la mesa con la palma.

—¿DE QUIÉN?

Marcus miró hacia las ventanas.

—Claire, deberíamos irnos.

—No pienso moverme hasta saber qué está pasando.

Ethan se acercó lentamente.

—Los viajes a Cincinnati nunca fueron reuniones comerciales.

Sentí un escalofrío.

—¿Dónde ibas?

—A visitar a un investigador privado.

—¿Durante cuánto tiempo?

—Cinco meses.

Cinco meses de mentiras.

Cinco meses de maletas.

Cinco meses besándome en la frente antes de salir.

—¿Y mamá iba contigo?

—Solo las últimas semanas.

Miré la botella.

Finalmente todo encajó.

El labial.

Mi madre había bebido de ella durante el viaje.

No existía ninguna amante.

Pero algo mucho peor había ocupado su lugar.

—¿Qué estaban investigando?

Ethan tomó aire.

—Tu verdadero padre.

Sentí que las piernas me fallaban.

Me senté.

—Me dijiste que Richard no lo era.

—No lo era.

Mi madre me tomó la mano.

La retiré inmediatamente.

—No me toques.

Su rostro se quebró.

—Perdóname.

—Dime su nombre.

—Claire…

—DIME SU NOMBRE.

Mi madre abrió la boca.

Pero Ethan la interrumpió.

—Antes tienes que saber otra cosa.

Sacó su teléfono.

Había una fotografía tomada desde lejos.

Mostraba a un hombre entrando en un edificio.

Era mayor, de cabello gris.

No reconocí su rostro.

—¿Quién es?

Ethan amplió la imagen.

—El hombre que Diane asegura que es tu padre biológico.

—¿Está vivo?

Mi madre asintió.

—Sí.

Sentí lágrimas calientes bajar por mis mejillas.

Durante veintisiete años había creído que jamás volvería a tener un padre.

Y ahora descubría que uno quizá había estado vivo todo ese tiempo.

—¿Por qué nunca me buscó?

Mi madre volvió a llorar.

—Porque no sabía que existías.

Entonces Marcus se acercó rápidamente a la ventana.

—Ethan.

Su tono hizo que todos guardáramos silencio.

—Tenemos compañía.

Un vehículo negro acababa de detenerse junto al auto de Ethan.

Dos hombres descendieron.

Mi esposo palideció.

—Nos encontraron.

—¿Quiénes?

Ethan guardó los documentos apresuradamente.

—Claire, toma tus llaves.

—No voy a ninguna parte.

Me sujetó por los hombros.

—Escúchame. El investigador desapareció ayer.

El miedo en sus ojos era real.

—¿Desapareció?

—Y alguien entró esta mañana en su oficina.

Mi madre se puso de pie.

—Tenemos que irnos.

Uno de los hombres comenzó a caminar hacia la estación.

Marcus bloqueó la puerta lateral con una silla.

Yo miré a Ethan.

—¿Qué descubrió el investigador?

Ethan sacó del sobre una última fotografía.

La colocó frente a mí.

El hombre de cabello gris aparecía estrechando la mano de alguien.

Reconocí inmediatamente al segundo hombre.

Era el jefe de Ethan.

El multimillonario fundador de la compañía para la que mi esposo trabajaba desde hacía ocho años.

Debajo había una fecha.

Tres días antes.

—¿Qué significa esto?

Ethan me miró.

—Significa que tu padre sabe quién eres.

Se escucharon golpes en la puerta.

Mi madre comenzó a temblar.

—Eso no es lo peor.

La miré.

—¿Qué puede ser peor?

Diane abrió su bolso y sacó una carta amarillenta.

—Richard me hizo prometer que jamás te entregaría esto, salvo que alguien descubriera la verdad.

Me tendió la carta.

Reconocí mi nombre escrito en el sobre.

CLAIRE.

Los golpes volvieron a sonar.

Más fuertes.

Abrí la carta.

Solo había una frase.

“SI CLAIRE DESCUBRE QUIÉN ES SU PADRE, NO DEJES QUE SE ACERQUE A ÉL. ÉL YA INTENTÓ MATARLA UNA VEZ.”

Levanté lentamente los ojos hacia mi madre.

—¿Una vez?

Antes de que pudiera responder, alguien golpeó violentamente la puerta lateral.

Y entonces escuchamos una voz desde afuera.

Una voz masculina, tranquila y envejecida.

—Claire, sé que estás ahí.

Mi madre perdió completamente el color.

Me agarró del brazo y susurró:

—Es él.

Miré hacia la puerta mientras el picaporte comenzaba a moverse.

Mi padre biológico había venido a buscarme.

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