A la mañana siguiente, Ethan descubrió que yo sí podía vivir sin él.
Y que Aureon quizá no podía vivir sin mi firma.
A las ocho y doce, el presidente Crawford recibió la notificación oficial.
A las ocho y diecisiete, llamó a mi madre.
A las ocho y veinte, llamó a Ethan.
Yo estaba desayunando en el hotel cuando mi teléfono empezó a vibrar.
Ethan.
Lo dejé sonar.
Volvió a llamar.
Y otra vez.
En la sexta llamada contesté.
—¿Qué hiciste?
Ni siquiera saludó.
—Buenos días, Ethan.
—¡Silverlake acaba de suspender el acuerdo!
Su respiración era rápida.
—¡Cuatro mil novecientos millones, Ava! ¿Sabes lo que significa esto para Aureon?
Tomé un sorbo de café.
—Sí.
Precisamente por eso lo había hecho.
Aureon había expandido demasiado rápido durante los últimos años. El acuerdo con mi familia no era simplemente dinero: incluía financiación, acceso a terrenos, contratos estratégicos y garantías necesarias para su siguiente etapa de crecimiento.
Sin aquello, la empresa no desaparecería de un día para otro.
Pero todos sus planes tendrían que cambiar.
—Mi padre dice que el motivo eres tú.
—El motivo oficial está escrito en la notificación.
—¡Problemas de ética personal!
Ethan bajó la voz.
—¿Vas a destruir una cooperación empresarial porque estás celosa de Chloe?
Me reí.
—Sigues sin entenderlo.
—Entonces explícamelo.
—No cancelé nada porque Chloe te guste.
Hice una pausa.
—Lo cancelé porque llevas meses utilizando mi nombre, mi familia y nuestra relación para construir una mentira mientras esperabas recibir los beneficios de ese mismo compromiso.
Ethan guardó silencio.
—Dijiste que yo te acosaba.
—Ava…
—Dijiste que utilizaba mis contactos para controlarte.
—Eso fue porque Chloe…
—Dijiste que no podías enfrentarme porque mi familia tenía poder.
Su respiración se detuvo.
—Entonces te liberé.
Silencio.
—Ya no tienes que soportarme.
Y colgué.
Cuando llegué a la sucursal de Southport una hora después, el ambiente había cambiado completamente.
Las fotografías de Ethan y Chloe seguían allí.
Pero nadie sonreía.
La mujer de cabello rizado que me había bloqueado el paso el día anterior evitó mirarme.
Chloe apareció desde el ascensor.
—¿Qué le hiciste a Ethan?
—Nada.
—Está reunido con el presidente desde hace una hora.
Se acercó.
—Todo iba perfectamente hasta que apareciste.
La miré.
—Entonces debería resultarte fácil arreglarlo cuando me vaya.
—¿Qué quieres decir?
Antes de responder, las puertas principales se abrieron.
Entró el presidente Crawford.
El padre de Ethan.
Detrás venían abogados y ejecutivos de la oficina central.
El hombre pasó junto a Chloe sin siquiera saludarla.
Se detuvo frente a mí.
—Ava.
—Señor Crawford.
—Necesitamos hablar.
Ethan apareció detrás.
—Papá, esto es un asunto entre Ava y yo.
Su padre se giró.
—Precisamente ese es el problema.
El vestíbulo quedó en silencio.
—Convertiste un acuerdo entre dos familias en un juguete para tu vida privada.
Ethan palideció.
Chloe dio un paso adelante.
—Presidente Crawford, creo que existe un malentendido. Ethan y yo realmente nos amamos.
El hombre la miró por primera vez.
—Señorita Harper, sus sentimientos no son asunto mío.
Después señaló las fotografías.
—Pero utilizar recursos de Aureon para anunciar públicamente como prometida del vicepresidente a una empleada mientras existe otro compromiso reconocido por las familias y vinculado a negociaciones corporativas sí es asunto mío.
Chloe perdió el color.
—Ethan dijo que Ava solamente era…
—¿Una compañera?
Pregunté.
Nadie respondió.
Saqué mi teléfono.
Abrí una fotografía tomada seis años antes.
Nuestras dos familias.
Ethan y yo en el centro.
El anuncio formal del compromiso sobre la mesa.
Después mostré otra.
Una carta firmada por el propio presidente Crawford reconociendo las condiciones del futuro acuerdo.
Chloe miró a Ethan.
—Me dijiste que ella estaba obsesionada contigo.
—Puedo explicarlo.
Sonreí.
Exactamente las palabras que yo esperaba.
Pero ya no quería explicaciones.
Aquella tarde debía inaugurarse oficialmente el Festival de Linternas del Amor.
Ethan había preparado una sorpresa para Chloe.
Todo Southport terminó viéndola.
Solo que no ocurrió como había planeado.
Sobre el escenario principal había miles de personas.
Las cámaras transmitían en directo.
Chloe apareció con un vestido blanco.
Ethan subió después.
Yo observaba desde una zona lateral porque tenía programada una reunión con representantes de la central.
Entonces Chloe tomó el micrófono.
—Durante estos meses hubo muchas personas que cuestionaron nuestra relación.
Miró a Ethan.
—Pero quiero creer que el amor verdadero no debe esconderse.
El público aplaudió.
Ethan parecía incómodo.
Chloe continuó:
—Ethan, ayer dijiste delante de todos que me protegerías.
Extendió la mano.
—Diles ahora quién es la mujer que amas.
La multitud empezó a gritar.
Ethan miró hacia los ejecutivos.
Después vio a su padre.
Finalmente me vio a mí.
Era demasiado tarde para retroceder.

Chloe sonrió.
—Ethan.
Él tomó el micrófono.
—La mujer que amo es Chloe Harper.
Aplausos.
Linternas elevándose.
Teléfonos grabando.
Chloe llorando de felicidad.
Yo saqué el mío.
Escribí a mi madre:
“Ya no queda ninguna duda. Finaliza la retirada.”
Presioné enviar.
Eso fue todo.
Seis años terminaron con un mensaje.
Dos horas después, Ethan apareció en mi hotel.
—¡Ava!
Intentó entrar.
No se lo permití.
—¿Qué quieres?
—El acuerdo fue retirado definitivamente.
—Lo sé.
—Mi padre convocó una reunión extraordinaria.
—También lo sé.
—Quieren apartarme de Southport.
Eso no lo sabía.
Pero tampoco me sorprendió.
—Entonces deberías hablar con tu padre.
Ethan me miró como si no pudiera reconocerme.
—¿Cómo puedes estar tan tranquila?
—Porque ya lloré suficiente antes de entender lo que estabas haciendo.
—¡Fueron seis años!
—Exactamente.
Me quité el anillo.
El mismo que Ethan había enviado anticipadamente a Silverlake creyendo que yo estaría esperando para casarme.
Mi madre había mandado devolvérmelo aquella mañana.
Lo puse en su mano.
—Seis años en los que podías haberme dicho simplemente que amabas a otra persona.
Ethan cerró los dedos alrededor del anillo.
—No podía.
—¿Por los 4.900 millones?
No contestó.
Ahí estaba la verdad.
—Querías a Chloe.
Lo miré.
—Pero también querías conservarme hasta que mi familia firmara.
—No fue así.
—Entonces dime que habrías renunciado al acuerdo antes de recibirlo.
Silencio.
—Dímelo.
No pudo.
Cerré la puerta.
Las consecuencias no ocurrieron porque mi familia exigiera destruir a Ethan.
No fue necesario.
El consejo de Aureon revisó el proyecto de Southport y la manera en que se habían utilizado recursos corporativos para promocionar públicamente su relación.
Ethan perdió la dirección del proyecto.
Chloe dejó la empresa poco después.
La cooperación de 4.900 millones jamás se firmó en las condiciones originales. Mi familia terminó destinando su capital a otras oportunidades.
Meses después, Ethan regresó a Silverlake.
Me esperó frente al edificio de mi empresa.
Parecía distinto.
Más delgado.
Menos arrogante.
—Ava.
Seguí caminando.
—Solo cinco minutos.
Me detuve.
—Habla.
—Chloe y yo terminamos.
No sentí nada.
Eso pareció dolerle más que cualquier reproche.
—Descubrí que tenía razón —continuó—. Confundí que siempre estuvieras conmigo con que nunca pudieras marcharte.
Asentí.
—Sí.
—¿Alguna posibilidad?
Lo miré.
Recordé Southport.
Las fotografías.
Los dulces rodando por el suelo.
Su voz ordenándome disculparme.
Y aquella frase:
Ava no puede vivir sin mí.
Sonreí.
—Ethan, tú elegiste delante de toda una ciudad.
Hice una pausa.
—Yo solamente respeté tu elección.
Seguí caminando.
Esta vez no me llamó.
Porque finalmente había comprendido algo que debería haber entendido seis años antes:
Los 4.900 millones nunca fueron el precio de casarse conmigo.
Eran la confianza que nuestras familias estaban dispuestas a depositar en un hombre que había prometido ser digno de ella.
Y Ethan no perdió aquel acuerdo porque amara a Chloe.
Lo perdió porque quiso quedarse con el amor de una mujer, el futuro de otra y el dinero de ambas familias al mismo tiempo.