PARTE 2: CASADA CON EL HERMANO EQUIVOCADO

Noah apareció detrás de Adrian.

Lo miró.

Me miró.

Luego señaló las actas de matrimonio.

—Necesito que alguien repita esto muy lentamente.

Chloe todavía parecía incapaz de respirar.

—¡Emma se casó con Adrian!

—Eso entendí. Lo que no entiendo es cómo mi cita a ciegas terminó casándose con mi hermano.

Quise desaparecer dentro del lavabo.

Adrian, en cambio, permanecía irritantemente tranquilo.

—Hubo una confusión.

—¿Una confusión? —gritó Chloe—. ¡Confundir sal con azúcar es una confusión! ¡Esto es matrimonio!

Desde el comedor apareció la madre de Chloe.

—¿Qué ocurre?

Chloe señaló mi vientre.

—Además, creemos que está embarazada.

Silencio.

Adrian dejó de parecer tranquilo.

Giró hacia mí.

—¿Creemos?

—Solo vomité.

—¿Cuándo fue tu última menstruación?

Abrí los ojos.

—¿Por qué todos me preguntan eso?

—Emma.

Su tono cambió.

Más bajo.

Más serio.

Hice las cuentas otra vez.

Adrian sacó inmediatamente el teléfono.

—Voy a llamar a un médico.

—¡No!

Todos me miraron.

—Primero compraré una prueba.

Chloe levantó la mano.

—Tengo una.

La observé.

—¿Por qué?

—No importa.

—Importa muchísimo.

—¡Ve al baño!


Cinco minutos después estaba mirando dos líneas.

Chloe tenía ambas manos sobre la boca.

Yo estaba sentada sobre la tapa del inodoro pensando que tres semanas atrás mi mayor problema era un exnovio infiel.

Ahora tenía marido.

Un marido multimillonario.

Que además era hermano de mi mejor amiga.

Y aparentemente estaba embarazada.

—Voy a desmayarme.

—No lo hagas —dijo Chloe—. Mi familia ya tiene suficiente material para veinte años de terapia.

La puerta sonó.

—Emma.

Adrian.

Salimos.

Le entregué la prueba.

Por primera vez desde que lo conocía, Adrian Whitmore perdió completamente la compostura.

—¿Es positivo?

—Sí.

Miró la prueba.

Después mi vientre.

Después otra vez la prueba.

—Entiendo.

Chloe bufó.

—No parece que entiendas nada.

Adrian la ignoró.

—Mañana iremos al hospital.

—Yo puedo ir sola.

Sus ojos volvieron a los míos.

—Emma, eres mi esposa.

—Accidentalmente.

—El certificado no incluye esa palabra.

Noah soltó una carcajada.

La madre de Adrian le dio un codazo.

Entonces sonó el timbre.

Una empleada abrió.

Y la última persona que quería ver apareció en la entrada.

Mason.

Mi ex.

Llevaba flores.

Otra vez.

—Emma, necesitamos hablar.

Adrian giró lentamente.

—¿Quién es?

—Mi ex.

Mason vio a Adrian y frunció el ceño.

—¿Y este?

Chloe sonrió.

—Su esposo.

La expresión de Mason fue casi satisfactoria.

—¿Qué?

Adrian caminó hacia él.

—Ella te bloqueó.

—Esto es entre Emma y yo.

—Ya no.

Mason me miró.

—¿En serio vas a continuar con esta estupidez?

—No es una estupidez.

—Te casaste con un desconocido para castigarme.

Adrian inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Castigarte?

Mason soltó una risa.

—No te emociones. Cuando se le pase el berrinche, volverá conmigo.

Algo dentro de mí terminó de romperse.

Me acerqué.

—Te vi besando a otras dos mujeres.

—Fue un error.

—Dos veces.

—Podemos arreglarlo.

—No quiero arreglarlo.

Mason señaló a Adrian.

—¿Y crees que él te ama?

La pregunta cayó demasiado cerca de una verdad incómoda.

Adrian y yo apenas nos conocíamos.

Mason sonrió al notar mi silencio.

—Exacto.

Entonces Adrian habló.

—Puede que todavía no sepa qué siente ella por mí.

Me miró.

—Pero sé perfectamente qué responsabilidad asumí cuando firmé esos documentos.

Mason palideció.

—Ahora vete.

Y se fue.


A la mañana siguiente, Adrian me acompañó al hospital.

El análisis confirmó el embarazo.

Todo parecía estar bien.

Al salir, permanecimos dentro del automóvil sin hablar.

Finalmente pregunté:

—¿Por qué aceptaste casarte conmigo?

—Tú lo propusiste.

—Podías decir que no.

—Podía.

—Entonces, ¿por qué no lo hiciste?

Adrian miró por la ventana.

—Porque te reconocí.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

—Yo sabía quién eras antes del hotel.

El estómago se me hundió.

—No entiendo.

—Chloe habla de ti constantemente. Había visto fotografías.

—Entonces sabías que yo debía encontrarme con Noah.

—Sí.

Lo miré horrorizada.

—¡¿Y no dijiste nada?!

—Intenté hacerlo.

—¡Terminamos en un hotel!

—Habías bebido.

—¡Tú también!

Adrian guardó silencio.

—¿Y a la mañana siguiente?

—Cuando propusiste asumir la responsabilidad casándote conmigo, pensé que estabas bromeando.

—Pero aceptaste.

—Sí.

—¿Por qué?

Esta vez tardó demasiado.

—Porque ya estaba considerando proponerte un matrimonio contractual.

Me quedé inmóvil.

—¿Perdón?

Sacó una carpeta del compartimento lateral.

—Whitmore Holdings está preparando su salida a bolsa. Algunos miembros del consejo consideran mi situación personal un problema.

—¿Y necesitabas esposa?

—Necesitaba estabilidad pública.

La rabia empezó a subir por mi pecho.

—Entonces me utilizaste.

—No.

—¡Te casaste conmigo porque necesitabas una esposa conveniente!

—Emma…

Abrí la puerta.

—No me sigas.


Regresé a casa de Chloe sola.

Esa noche empaqué.

No quería el apartamento de Adrian.

No quería su dinero.

Y definitivamente no quería convertirme en una pieza de una estrategia corporativa.

Pero mientras guardaba ropa, Chloe entró.

—Antes de irte, deberías ver esto.

Me entregó una carpeta vieja.

Dentro había fotografías.

Yo.

En la graduación universitaria de Chloe.

Yo durante un viaje de verano.

Yo sosteniendo una tarta de cumpleaños.

En varias, Adrian aparecía al fondo.

Siempre mirándome.

—¿Qué es esto?

—Mi hermano lleva preguntando por ti desde hace dos años.

Sentí que el corazón tropezaba.

—Pero dijo…

—Adrian es un idiota emocional. Eso no significa que te eligiera al azar.

Una voz llegó desde la puerta.

—No lo hice.

Adrian estaba allí.

Sin traje.

Sin esa armadura de presidente ejecutivo.

—El matrimonio contractual era una posibilidad —dijo—. Pero jamás había decidido con quién. Hasta aquella noche.

—Eso no mejora mucho las cosas.

—Lo sé.

Se acercó, pero mantuvo distancia.

—No voy a obligarte a quedarte. Si quieres divorciarte, firmaré.

Miró brevemente mi vientre.

—Y asumiré todas mis responsabilidades sin utilizar al bebé para retenerte.

Por primera vez, no tenía una respuesta rápida.

—¿Y si no quiero divorciarme todavía?

Adrian levantó los ojos.

Chloe sonrió detrás de mí y salió discretamente.

—Entonces —dijo él— podríamos intentar conocernos en el orden correcto.

—¿Primero citas y después matrimonio?

—Algo así.

—Ya arruinamos bastante el orden.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Podemos improvisar.

Mi teléfono vibró.

Pensé que sería Mason.

No lo era.

Era un mensaje de un número desconocido.

Abrí la fotografía adjunta.

Mostraba a Adrian entrando en el Registro Civil conmigo tres semanas atrás.

Debajo había una frase:

“Pregúntale a tu marido por qué el encuentro con el hombre equivocado fue preparado desde el principio.”

Mi sonrisa desapareció.

Adrian vio mi expresión.

—¿Qué ocurre?

Le mostré la pantalla.

Y por segunda vez desde que lo conocía, vi desaparecer todo el color de su rostro.

Porque debajo del mensaje acababa de llegar otra fotografía.

Era Adrian hablando con Mason la noche anterior a nuestro primer encuentro.

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