Adrián miró mi mano como si el anillo pudiera desaparecer si esperaba lo suficiente.
—¿Qué acabas de decir?
—Me casé.
Claire se incorporó lentamente.
—Elena, no tienes que inventar algo así por nosotros.
La miré.
—Créeme, Claire. Ya no haría nada por ustedes.
Adrián me agarró de la muñeca.
—¿Con quién?
Retiré la mano.
—Con Ethan Blake.
Su rostro perdió el color.
—Estás mintiendo.
Saqué una fotografía del certificado de matrimonio.
Adrián la leyó dos veces.
Claire dejó de fingir que lloraba.
—¿Ethan Blake? —susurró.
Adrián levantó la mirada.
—Anúlalo.
Casi me reí.
—¿Perdón?
—Estás enfadada. Actuaste impulsivamente. Mañana iremos a solucionarlo.
Ahí estaba otra vez.
Dando órdenes.
Decidiendo.
Organizando mi vida.
—No voy a anular nada.
—¡Llevamos cuatro años juntos!
—Y necesitaste una sola noche para embarazar a otra mujer.
—¡Te dije que estaba borracho!
—Entonces espero que el alcohol también pueda casarse contigo.
En ese momento sonó el timbre.
Era el equipo de mudanzas.
Durante las siguientes dos horas retiraron el sofá, la mesa del comedor, televisores, cuadros, electrodomésticos y prácticamente todo el dormitorio.
Adrián me siguió de habitación en habitación.
—Elena, basta.
—Factura a mi nombre.
—¡Necesitamos una cama!
—Compra una.
Cuando retiraron el colchón, Claire finalmente perdió la paciencia.
—¿No puedes dejar al menos eso? Estoy embarazada.
La miré.
—Entonces el padre de tu hijo debería proporcionarte uno.
Adrián apretó los puños.
—Antes no eras así.
—Antes estaba enamorada de ti.
Aquello consiguió silenciarlo.
Cuando salí, el apartamento parecía medio vacío.
Exactamente como nuestra relación.
Ethan me esperaba abajo.
Estaba apoyado contra su automóvil, todavía vestido con el traje del día anterior.
Al verme, abrió la puerta.
—¿Terminaste?
—Sí.
Observó mi expresión.
—¿Quieres llorar?
—No.
—¿Quieres golpear algo?
Lo pensé.
—Un poco.
Ethan señaló el asiento.
—Tengo un gimnasio en casa.
Lo miré.
—¿Esa es tu manera de consolar a tu esposa?
Sonrió.
—Todavía estoy aprendiendo.
Aquella palabra me hizo detenerme.
Esposa.
Pero con Ethan no sonaba como una obligación.
Sonaba como algo que todavía le sorprendía tener derecho a decir.
Durante el trayecto permanecimos en silencio.
Finalmente pregunté:
—¿Por qué aceptaste?
—¿Casarme contigo?
—Sí.
—Porque dijiste que sí.
—Eso no es una respuesta.
Ethan sostuvo mi mirada unos segundos antes de volverla hacia la carretera.
—Hace seis años entendí que estabas enamorada de Adrián. Hace tres dejé de insistir porque quererte no me daba derecho a hacerte sentir culpable por no elegirme.
Su voz bajó.
—Pero nunca dejé de quererte.
Sentí un nudo en la garganta.
—Ethan, no puedo prometerte que mañana vaya a sentir lo mismo.
—No te lo estoy pidiendo.
—¿Y si este matrimonio fue un error?
—Entonces cometeremos el error con respeto.
Lo miré.
—¿Qué significa eso?
—Habitaciones separadas. Tus cuentas siguen siendo tuyas. Tus decisiones también. Si dentro de seis meses quieres divorciarte, firmaré sin discutir.
Sonrió ligeramente.
—Pero mientras seas mi esposa, permíteme al menos intentar demostrarte que elegirme no fue la peor decisión de tu vida.
Por primera vez desde que descubrí el embarazo de Claire, sentí que podía respirar.
Adrián tardó cuarenta y ocho horas en aparecer en Blake Group.
Ethan estaba en una reunión cuando seguridad llamó.
—El señor Cole insiste en hablar con la señora Blake.
Señora Blake.
Adrián escuchó aquellas palabras.
Y explotó.
—¡Ella no es la señora Blake!
Yo estaba en recepción.
Me acerqué.
—Legalmente sí.
Adrián se giró.
Parecía no haber dormido.
—Tenemos que hablar.
—Habla.
—A solas.
—No.
—Elena…
—Te quedan dos minutos.
Su mandíbula se tensó.
—Claire se marchó.
Aquello sí me sorprendió.
—¿Por qué?
—Discutimos.
—No es asunto mío.
—El bebé…
Se detuvo.
—¿Qué pasa con el bebé?
Adrián bajó la voz.
—Puede que no sea mío.
Lo miré durante varios segundos.
Después comprendí.

Y me reí.
No pude evitarlo.
—¿Qué tiene de gracioso?
—Hace tres días querías obligarme a criar a ese niño.
—Yo creía…
—Exactamente.
Mi sonrisa desapareció.
—Tú creías que era tuyo y aun así estabas dispuesto a casarte conmigo mientras instalabas a su madre en nuestra habitación.
Di un paso hacia él.
—Que ahora hayas descubierto que Claire también pudo engañarte no cambia lo que tú me hiciste.
Adrián me miró desesperado.
—Entonces dame una oportunidad.
—Ya tuviste cuatro años.
—Puedo cambiar.
Una voz surgió detrás de nosotros.
—Ella dijo que no.
Ethan.
Adrián lo miró con odio.
—Esto es entre Elena y yo.
Ethan permaneció tranquilo.
—Entonces escuche lo que Elena acaba de decir.
No añadió nada más.
No necesitó hacerlo.
Y quizá aquello fue lo que más me impactó.
Ethan no habló por mí. Solo obligó a Adrián a escucharme.
Tres meses después, recibí una llamada de Claire.
—Necesito verte.
—No.
—Es sobre Daniel.
El nombre del hermano fallecido de Adrián hizo que me detuviera.
Acepté verla en una cafetería.
Claire llegó con una carpeta.
Su embarazo ya era evidente.
—El bebé no es de Adrián —dijo.
—Eso ya lo sé.
—Tampoco es de Daniel.
Fruncí el ceño.
—Entonces ¿qué quieres de mí?
Empujó la carpeta hacia mí.
—Quiero que entiendas por qué Adrián dijo que me confundió contigo.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
—Mintió.
Abrí la carpeta.
Había mensajes impresos.
Adrián llevaba meses escribiéndole antes de aquella noche.
No había confusión.
No había alcohol.
No había accidente.
La relación había comenzado mucho antes de nuestro compromiso.
—¿Por qué me enseñas esto?
Claire bajó los ojos.
—Porque encontré algo peor.
Sacó un documento.
Era una prueba de paternidad prenatal.
Miré el resultado.
Después el nombre.
Y sentí que el estómago se me cerraba.
El padre del bebé era alguien que conocía.
Muy bien.
—Esto no puede ser.
—Sí puede.
—¿Ethan?
Claire negó inmediatamente.
—No.
Señaló nuevamente el apellido.
Blake.
Pero el nombre no era Ethan.
Era Jonathan Blake, el padre de Ethan.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué?
Claire empezó a llorar.
—Daniel descubrió la relación antes de morir.
El ruido de la cafetería pareció desaparecer.
—¿Qué estás diciendo?
—Daniel no murió simplemente cumpliendo con su deber.
Me incliné hacia ella.
—Claire, ¿qué sabes?
Sacó su teléfono.
—Tengo el último mensaje que me envió.
Lo reprodujo.
La voz de Daniel llenó el pequeño espacio entre nosotras:
“Claire, ya sé quién es el padre. También sé por qué Jonathan Blake está pagando a Adrián. Si me ocurre algo, busca a Elena. Ella es la única que no sabe que su matrimonio con Ethan forma parte del mismo acuerdo.”
Sentí que el corazón se detenía.
Levanté lentamente la mirada.
—¿Qué acuerdo?
Claire palideció.
—Elena…
Su voz apenas fue un susurro.
—Ethan llevaba tres años esperando que dejaras a Adrián porque alguien le prometió que, cuando lo hicieras, tú terminarías casándote con él.