PARTE 2: ESTA VEZ, ELEGÍ MI PROPIO CAMINO.

El miedo desapareció del rostro de Ethan casi tan rápido como había aparecido.

Lo sustituyó aquella expresión condescendiente que conocía demasiado bien.

—Estás enfadada. Mañana se te pasará.

Volví a encender mi tableta.

—No.

—Isabella, llevamos años sabiendo que vamos a casarnos.

—Nuestras familias llevan años diciéndolo. No es lo mismo.

Ethan frunció el ceño.

En mi vida anterior, aquella mirada habría bastado para hacerme retroceder.

Esta vez seguí dibujando.

—¿Qué quieres que haga? —preguntó—. ¿Que deje de hablar con Olivia?

Solté una pequeña risa.

—Haz lo que quieras.

Aquella respuesta pareció herirlo más que cualquier reproche.

Porque Ethan estaba acostumbrado a mis celos, a mis lágrimas y a mi espera. Lo único que nunca había imaginado era mi indiferencia.

—Entonces cancela esta tontería —ordenó—. Mi madre ya reservó el hotel.

—Ese es problema de tu madre.

—También compró el anillo.

—Devuélvanlo.

—¿Y qué les diremos a todos?

Finalmente levanté la vista.

—La verdad. Que no quiero casarme contigo.

Ethan se quedó inmóvil.

Después miró mi pantalla.

—¿Qué estás dibujando?

La apagué inmediatamente.

—Nada que tenga que ver contigo.

Salió dando un portazo.

Y por primera vez, no corrí detrás de él.


Trabajé toda la noche.

Dos casas aparecieron sobre el lienzo digital.

Una representaba la vida que otros habían elegido para mí.

La segunda estaba casi vacía.

Entre ambas nacía un camino.

Al final dibujé una joven caminando hacia el horizonte con una maleta en la mano.

No miraba atrás.

A las cuatro de la madrugada terminé.

Título: “Rumbo al Sur.”

Envié la obra junto con bocetos, pruebas de color y todo el proceso creativo.

La pantalla mostró:

“PORTAFOLIO RECIBIDO.”

Solo entonces pude respirar.

Esta vez, cada línea llevaba mi nombre.


Durante los siguientes días, Ethan dejó de buscarme.

No me sorprendió.

Olivia necesitaba terminar su proyecto para la exposición estudiantil.

Y Ethan siempre encontraba una razón para colocar sus necesidades por encima de las mías.

Lo sorprendente fue que yo tampoco lo busqué.

Al tercer día, Olivia se acercó a mí en el instituto.

—Isabella.

Se abrazaba a una carpeta enorme.

—¿Estás enfadada conmigo?

—No.

Mi respuesta pareció desconcertarla.

—Ethan dijo que quieres cancelar el compromiso.

—Correcto.

Sus ojos se abrieron.

—Pero ustedes siempre han estado juntos.

—Entonces ahora podrán dejar de estarlo.

Olivia bajó la mirada.

—Espero que no sea por mí.

Reconocí perfectamente aquel tono.

En mi vida anterior lo había escuchado cientos de veces.

Siempre parecía inocente.

Siempre conseguía colocarme en el papel de mujer celosa.

Esta vez sonreí.

—Tranquila. Si quieres a Ethan, puedes quedártelo.

Olivia palideció.

—¡Yo nunca dije eso!

—Yo tampoco dije que hubieras dicho nada.

Me alejé.

Detrás de mí no escuché respuesta.


Dos días antes del compromiso, llegó el correo que llevaba esperando.

Lo abrí con las manos temblorosas.

“Isabella Monroe: su obra ‘Rumbo al Sur’ ha sido seleccionada para la beca de excelencia artística.”

Seguí leyendo.

Matrícula cubierta.

Alojamiento.

Materiales durante el primer semestre.

Y una invitación para incorporarme anticipadamente al programa de verano.

La fecha de salida era todavía mejor.

La misma mañana del compromiso.

Solté una carcajada.

Parecía que esta nueva vida estaba ofreciéndome personalmente la puerta de salida.

Imprimí la carta.

Luego preparé mi maleta.


La mañana señalada, mi madre entró en mi habitación.

Me encontró cerrando la última cremallera.

—¿Qué significa esto?

Le entregué la carta.

Leyó lentamente.

Su expresión pasó de la confusión al asombro.

—¿Santa Marina?

—Sí.

—Pero está a más de dos mil kilómetros.

—Lo sé.

—¿Y Ethan?

La miré.

—Mamá, esta es mi vida.

Guardó silencio.

—¿Realmente no quieres comprometerte?

—Realmente no.

Por primera vez desde que había regresado, alguien pareció escucharme.

Mi madre se sentó junto a mí.

—Entonces no lo hagas.

Sentí que se me cerraba la garganta.

En mi vida anterior nunca había pronunciado esas palabras.

Tal vez porque yo nunca había tenido el valor de pedirlas.

La abracé.

—Gracias.


A las diez de la mañana, el hotel estaba lleno de familiares.

Yo estaba en la estación.

A las diez y cuarto, comenzaron las llamadas.

Margaret.

Mi padre.

Ethan.

No respondí ninguna.

Finalmente llegó un mensaje suyo.

“¿Dónde estás? Todos están esperando.”

Respondí:

“Te dije que cancelaras el compromiso.”

La respuesta llegó inmediatamente.

“Deja de hacer el ridículo y ven.”

Miré el tablero.

Mi tren saldría en siete minutos.

Entonces llegó otro mensaje.

Era una fotografía.

Ethan estaba vestido con traje oscuro frente al salón decorado.

Junto a él aparecía Olivia.

Ella llevaba un vestido blanco.

Sentí algo extraño.

Pero no dolor.

Solo alivio.

En mi vida anterior, aquella imagen me habría destruido.

Ahora confirmaba que había tomado la decisión correcta.

Guardé el teléfono.

El tren llegó.


Ethan apareció en la estación cuando faltaba menos de un minuto para cerrar las puertas.

—¡ISABELLA!

Me giré.

Venía corriendo.

Sin chaqueta.

Con la corbata torcida.

—¿Qué estás haciendo?

Levanté mi billete.

—Me voy a estudiar.

—¿A dónde?

—Santa Marina.

Su rostro perdió el color.

—¿Elegiste Santa Marina?

—Sí.

—¡Pero acordamos quedarnos aquí!

—Tú lo acordaste.

Las puertas comenzaron a emitir la señal de cierre.

Ethan sujetó mi maleta.

—No puedes irte.

Aparté su mano.

—Mírame hacerlo.

—¿Y nuestro compromiso?

—Nunca habrá compromiso.

—Isabella…

Su voz finalmente perdió aquella arrogancia.

—¿De verdad vas a tirar todos estos años?

Lo miré durante unos segundos.

Recordé veintiún años de matrimonio.

Mis dibujos firmados por él.

Mis noches trabajando sola.

El escenario donde agradeció a Olivia por una obra creada por mí.

Y la habitación donde había muerto sin que Ethan respondiera mis llamadas.

—No estoy tirando mi vida, Ethan. Estoy recuperándola.

Las puertas se cerraron.

Él quedó al otro lado del cristal.

Por primera vez, fue Ethan quien tuvo que verme marchar.


Tres meses después, mi obra ganó el primer premio de nuevos talentos del Instituto de Arte de Santa Marina.

Mi nombre apareció solo bajo el dibujo.

ISABELLA MONROE.

Sin Ethan.

Sin Olivia.

Sin nadie apropiándose de una sola línea.

También supe que Olivia había presentado su proyecto sin la ayuda constante de Ethan.

No ganó la exposición.

Ethan tampoco consiguió la recomendación especial que esperaba.

Pero ya no era asunto mío.

Una tarde recibí un mensaje suyo.

“Ahora entiendo cuánto hacías por mí.”

Lo leí una sola vez.

Después lo eliminé.

No necesitaba que Ethan comprendiera mi valor.

Necesitaba comprenderlo yo.

Salí del instituto y caminé hacia el mar.

El cielo estaba teñido de naranja y el viento movía mi cabello.

Por un instante recordé el dibujo que había enviado para conseguir aquella beca.

Dos casas.

Un camino hacia el sur.

Una joven alejándose.

Entonces sonreí.

Porque finalmente entendí qué había faltado en aquella primera versión.

La muchacha no estaba huyendo de nadie.

Simplemente había dejado de vivir en la historia de Ethan para convertirse en la protagonista de la suya.

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