PARTE 2: LA DEUDA DE SU PADRE

Las puertas terminaron de abrirse.

Álvaro estaba a pocos metros.

Su expresión cambió cuando vio a Damián Santoro detrás de Lucía.

—Ven aquí —ordenó.

Lucía no se movió.

Damián salió primero del ascensor, apoyándose tranquilamente en su bastón.

—Señor Cifuentes.

Álvaro tragó saliva.

—Santoro. Esto es un asunto privado.

—Entonces debería haber elegido un garaje privado que no fuera mío.

Los dos hombres que acompañaban a Álvaro intercambiaron una mirada.

Lucía comprendió algo inquietante.

Ellos también tenían miedo de Damián.

Álvaro extendió la mano.

—Lucía, vámonos.

Ella retrocedió.

—No.

—No vuelvas a obligarme a repetirme.

Damián giró ligeramente la cabeza.

—Creo que la señorita Valdés acaba de responderle.

Álvaro perdió la paciencia.

—¡Ella es mi prometida!

—Era —corrigió Lucía.

Álvaro avanzó.

Damián ni siquiera levantó el bastón.

Dos hombres vestidos de negro aparecieron desde las sombras del garaje.

Álvaro se detuvo.

—Estás cometiendo un error, Lucía.

Ella sostuvo su mirada.

—El error duró dos años.

Damián abrió la puerta de un automóvil.

—Suba.

Lucía dudó.

Escapar con Damián Santoro era una idea absurda.

Pero quedarse era peor.

Entró.

Antes de que la puerta se cerrara, escuchó a Álvaro gritar:

—¡No sabes quién es ese hombre!

Damián sonrió.

—Curioso. Iba a decirle exactamente lo mismo sobre usted.


El automóvil abandonó el Palace.

Lucía permaneció pegada a la puerta.

—¿Adónde me lleva?

—A un lugar donde Cifuentes no puede entrar.

—Eso no responde mi pregunta.

Damián la observó.

—Su padre hacía exactamente eso.

Lucía se tensó.

—Deje de hablar de él.

Rafael Valdés había muerto doce años atrás en un accidente de carretera.

Damián sacó un teléfono.

—Su padre no murió en un accidente.

Lucía sintió que el aire desaparecía.

—¿Qué?

—El informe fue manipulado.

—Está mintiendo.

—Probablemente debería hacerlo. Sería más sencillo.

Le mostró una fotografía.

Un automóvil destrozado.

Al lado aparecía su padre, vivo, hablando con dos hombres.

La fecha era tres días posterior al supuesto accidente.

Lucía agarró el teléfono.

—Esto es imposible.

—Su padre murió cuatro días después de que usted creyera que había muerto.

—¿Dónde?

—Todavía no está preparada para esa respuesta.

Lucía lo miró con rabia.

—No vuelva a decidir qué estoy preparada para escuchar.

Por primera vez Damián sonrió de verdad.

—Definitivamente es hija de Rafael.

El coche se detuvo ante un edificio discreto.

Damián descendió.

—Tiene dos opciones. Puede marcharse y esperar que Cifuentes no la encuentre…

Miró su muñeca marcada.

—…o puede entrar y descubrir por qué su prometido sabía que planeaba escapar.

Lucía quedó inmóvil.

—¿Cómo sabe que lo sabía?

—Porque alguien llevaba meses vigilándola.


El apartamento parecía más una oficina secreta que una vivienda.

Damián colocó una carpeta sobre una mesa.

Dentro había fotografías de Lucía.

Saliendo del trabajo.

Comprando el teléfono nuevo.

Entrando en Atocha.

Incluso aparecía depositando la maleta en la consigna.

—Dios mío.

—Álvaro sabía cada paso.

Lucía encontró otra fotografía.

Su madre hablando con uno de los hombres de Álvaro.

—No.

Damián guardó silencio.

—Mi madre jamás…

—No saque conclusiones todavía.

Lucía levantó la vista.

—¿Por qué tiene usted todo esto?

Damián se acercó a una caja fuerte.

—Porque llevo doce años esperando que alguien cometa el error de acercarse demasiado a usted.

Aquella frase resultó más aterradora que tranquilizadora.

—¿Por qué?

Damián introdujo una combinación.

—Porque se lo prometí a Rafael.

Sacó un sobre envejecido.

En el frente aparecía una letra que Lucía reconocería entre millones.

Lucía.

Las piernas casi le fallaron.

—Es de mi padre.

—Sí.

—¿Desde cuándo lo tiene?

—Doce años.

Lucía levantó la mirada lentamente.

—¿Y nunca pensó en entregármelo?

—Su padre dejó instrucciones.

—Mi padre estaba muerto.

—Todavía no.

Silencio.

Damián colocó el sobre frente a ella.

—Lo escribió la última noche de su vida.

Lucía rompió el sello.

Dentro había una sola hoja.

“Lucía:

Si estás leyendo esto, significa que los Cifuentes finalmente han venido por ti.”

Dejó de respirar.

Continuó.

“Confía en Damián, aunque tengas razones para temerle.

No confíes en nadie que intente convencerte de que mi muerte fue un accidente.

Y, sobre todo, recuerda esto:

lo que escondí no me pertenecía. Te pertenece a ti.

Lucía levantó los ojos.

—¿Qué escondió?

Damián abrió otro compartimento de la caja fuerte.

Estaba vacío.

Su expresión cambió.

Por primera vez aquella noche, el hombre más temido de Madrid pareció verdaderamente alarmado.

—¿Qué ocurre?

Damián no respondió.

Revisó el interior.

Después llamó a alguien.

—¿Quién entró aquí?

Lucía retrocedió.

Entonces su teléfono nuevo vibró.

Nadie debía conocer aquel número.

Miró la pantalla.

Mensaje desconocido.

“¿Ya te contó Santoro cómo murió realmente tu padre?”

Debajo apareció una fotografía tomada hacía apenas segundos.

Lucía estaba sentada frente a Damián.

Alguien los estaba observando en ese mismo momento.

Llegó otro mensaje.

“Pregúntale quién sostenía el arma.”

Lucía levantó lentamente la mirada hacia Damián.

—¿Qué significa esto?

Él vio la pantalla.

Y guardó silencio.

—Damián.

Lucía retrocedió.

—¿Usted estaba con mi padre cuando murió?

El rostro de Santoro se volvió completamente inexpresivo.

—Sí.

—¿Quién lo mató?

Damián apretó el bastón.

Antes de responder, las luces se apagaron.

Se escuchó un golpe en el piso inferior.

Después otro.

Damián sacó a Lucía de la silla.

—Al suelo.

—¡Dígame quién mató a mi padre!

En la oscuridad, él respondió:

Eso es precisamente lo que alguien acaba de venir a impedir que descubra.

Entonces una voz surgió desde el otro lado de la puerta.

Una voz que Lucía conocía demasiado bien.

—Lucía.

Se quedó paralizada.

No era Álvaro.

Era su madre.

—Abre la puerta, cariño.

Damián levantó una mano indicándole que permaneciera en silencio.

Pero la mujer añadió:

No escuches a Santoro. Tu padre sigue vivo.

Related Posts

Parte 2: LA CASA QUE NUNCA ESTUVO VACÍA

Mariana mantuvo la mirada fija en la pantalla del celular. La imagen de la cámara seguía congelada en el mismo instante: la puerta del vestidor entreabierta y…

Parte 2: EL NOMBRE QUE CAMBIÓ TODO

El silencio después de aquella pregunta fue tan profundo que pude escuchar el zumbido del aire acondicionado. —¿Qué estamos haciendo con los cuatrocientos ochenta mil dólares que…

Parte 2: LA DECISIÓN QUE CAMBIÓ LA VIDA DE MAISIE

Mi madre y mi hermana no se movieron de la puerta. Yo tampoco. Durante unos segundos nadie dijo nada. Maisie seguía detrás de mí, aferrada a mi…

Parte 2: LA VOZ QUE POR FIN ROMPIÓ EL SILENCIO

—Yo. La voz de mi padre salió del teléfono con una calma que hizo que el rostro de Evan cambiara por completo. Durante unos segundos nadie se…

PARTE 2: FUI A LIMPIAR EL APARTAMENTO DE MI SUEGRA, PERO ENCONTRÉ EL SECRETO QUE CONVIRTIÓ SU AMENAZA DE DIVORCIO EN SU PEOR PESADILLA

Cuando llegué al edificio de Margaret, ya era casi medianoche. Subí las escaleras con las llaves que Ethan me había entregado y abrí la puerta. Esperaba encontrar…

PARTE 2: ME EXPULSÓ DEL GRUPO FAMILIAR POR VIGESIMOCTAVA VEZ, PERO AL DESPERTAR DESCUBRIÓ QUE HABÍA PERDIDO A SU ESPOSA Y A SU HIJA PARA SIEMPRE

Candela se quedó dormida abrazada a mi cuello. Yo esperé hasta escuchar su respiración tranquila. Después me levanté. No hice ruido. No discutí con Santiago. No recogí…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *