PARTE 2: CUANDO SUPO QUE YA ERA TARDE

La enfermera no sabía que Luc Lam Chau estaba detrás de ella.

—¿Qué acabas de decir?

Su voz hizo que las dos mujeres se congelaran.

La enfermera giró lentamente.

—Mayor general…

—¿Qué mujer embarazada murió anoche?

Nadie respondió.

Luc Lam Chau dio un paso adelante.

He preguntado qué mujer murió.

Tieu Chu apareció al final del pasillo.

Cuando vio a su superior, bajó la mirada.

—Jefe…

Luc Lam Chau lo agarró del uniforme.

—Tú intentaste entregarme un expediente esta mañana.

Los ojos de Tieu Chu se llenaron de lágrimas.

—Sí.

—¿De quién?

Silencio.

—¡Contesta!

Tieu Chu apretó los dientes.

—De la doctora Kieu.

Las manos de Luc Lam Chau quedaron inmóviles.

—¿Qué expediente?

—El registro de fallecimiento.

Por primera vez, vi desaparecer completamente el color de su rostro.

—Imposible.

Soltó al guardia.

—Anoche estaba consciente. Me agarró la chaqueta.

Tieu Chu levantó los ojos.

—Porque estaba pidiéndole que no retirara su sangre.

Luc Lam Chau retrocedió.

—No.

—Las cuatro bolsas reservadas para su parto fueron transferidas a la señorita Ta por orden suya.

—Había otro lote en camino.

—Llegó veintitrés minutos después.

Tieu Chu tragó saliva.

La doctora Kieu llevaba diecisiete minutos muerta.

El pasillo quedó en silencio.

Luc Lam Chau salió corriendo.

Yo lo seguí.

Por primera vez desde mi muerte, él corría hacia mí.

Demasiado tarde.

Entró al departamento de obstetricia empujando las puertas.

—¡Director Ly!

El director salió de una oficina.

Cuando lo reconoció, su expresión se volvió fría.

—Mayor general.

—¿Dónde está Kieu Nguyet?

El médico lo observó durante varios segundos.

—En la morgue.

Luc Lam Chau negó con la cabeza.

—Quiero verla.

—No creo que sea conveniente.

—Soy su esposo.

El director Ly soltó una risa amarga.

Anoche también lo era.

Luc Lam Chau apretó los puños.

—Lléveme con ella.


La morgue estaba helada.

El encargado abrió el compartimento.

Primero apareció la bolsa pequeña.

Después la mía.

Luc Lam Chau dejó de caminar.

No gritó.

No lloró.

Simplemente se quedó allí.

—¿Qué es eso? —preguntó señalando la bolsa pequeña.

Nadie contestó.

Él ya sabía.

—¿Era…?

El director Ly respondió:

—Un niño.

Recordé su pregunta durante la fiesta.

“¿Es niño o niña?”

Qué extraño.

Ahora tenía la respuesta.

Luc Lam Chau extendió la mano, pero no consiguió tocar la bolsa.

—¿Por qué está aquí?

El director Ly lo miró con incredulidad.

—Porque murió.

—Pregunto por qué nadie me avisó.

Tieu Chu habló detrás de nosotros.

—Lo intentamos.

Luc Lam Chau cerró los ojos.

Entonces recordó.

El expediente.

Su negativa.

“¿No ves que la señorita Ta no puede estar sin alguien a su lado?”

Sus piernas parecieron perder fuerza.

—Quiero ver a mi esposa.

El encargado dudó.

Finalmente abrió la bolsa.

Cuando Luc Lam Chau vio mi rostro, retrocedió.

—Nguyet…

Su voz se rompió.

Se acercó.

Tocó mi mejilla.

Fría.

—Despierta.

Lo observé desde el otro lado.

Qué ridículo.

Durante años había esperado que me mirara así.

Ahora finalmente lo hacía.

Cuando ya no podía verlo.

—Nguyet, deja de bromear.

El director Ly giró la cara.

Luc Lam Chau empezó a respirar rápidamente.

—Ella es médica. Sabe que no puede hacer estas cosas.

—No está haciendo nada —dijo el director—. Está muerta.

Aquellas palabras finalmente lo quebraron.

—¡Entonces explíqueme cómo murió!

El director Ly sacó mi expediente.

—Herida penetrante. Hemorragia masiva. Complicaciones obstétricas. Pérdida fetal.

Pasó una página.

—Y ausencia de sangre compatible disponible durante el momento crítico.

Luc Lam Chau dejó de respirar.

—No diga eso.

—¿Por qué?

El director levantó la mirada.

—¿Porque fue usted quien firmó la retirada?

Luc Lam Chau miró su propia firma.

La misma mano que había acariciado a Ta Chi Nhu.

La misma que había presionado mi dedo ensangrentado sobre aquel documento.

—Yo pensé que ella podía esperar.

—Ella también se lo dijo.

—¿Qué?

El director Ly sacó una hoja.

—Antes de perder el conocimiento pidió que no retiraran esas bolsas.

Luc Lam Chau cerró los ojos.

—No…

—También intentó decirnos algo sobre la señorita Ta.

Sus ojos se abrieron.

—¿Qué dijo?

—No alcanzó a terminar.

Entonces una voz sonó detrás de nosotros.

—Yo sé lo que intentaba decir.

Era Tieu Chu.

Sacó un pequeño dispositivo de una bolsa de evidencia.

—Encontraron esto entre las pertenencias de la doctora Kieu.

Mi grabadora militar.

Había olvidado que la llevaba aquella noche.

Luc Lam Chau la reconoció.

—¿Qué contiene?

—La grabación comenzó antes del disparo.

El rostro del mayor general cambió.

—Reprodúcela.

Tieu Chu dudó.

—Jefe…

He dicho que la reproduzcas.

El sonido llenó la morgue.

Primero risas.

Voces de la fiesta.

Después mi voz.

Y finalmente Ta Chi Nhu.

“Cuñada, tu barriga es tan puntiaguda que debe ser un niño.”

Pausa.

Luego mi voz:

“Chi Nhu, ¿por qué tienes un arma?”

Silencio.

Y después la voz de ella, completamente diferente de aquella mujer débil que Luc Lam Chau conocía.

“Porque quiero comprobar si después de perder a este niño él todavía te elegirá a ti.”

Luc Lam Chau quedó petrificado.

Se escuchó mi respiración acelerada.

“Estás loca.”

Ta Chi Nhu rio.

“Su padre murió por Lam Chau. ¿Sabes cuántas veces he utilizado esa deuda para mantenerlo a mi lado?”

Después llegó el disparo.

Luc Lam Chau golpeó la pared.

—¡BASTA!

Pero Tieu Chu no apagó la grabación.

Porque todavía quedaban unos segundos.

La voz de Ta Chi Nhu volvió a escucharse.

Más baja.

Más fría.

“Si sobrevives, diré que tú intentaste quitarme el arma.”

La grabación terminó.

Luc Lam Chau permaneció inmóvil.

Luego se volvió hacia la puerta.

Su rostro ya no mostraba dolor.

Mostraba algo mucho más peligroso.

—¿Dónde está Chi Nhu?

Nadie respondió.

Entonces su teléfono sonó.

Era el hospital.

Contestó.

—¿Qué?

Escuchó durante varios segundos.

Su expresión cambió.

—¿Cuándo?

Colgó y salió corriendo.

Tieu Chu lo siguió.

Yo también.

Cuando llegamos a la habitación de Ta Chi Nhu, la cama estaba vacía.

La ventana abierta.

El armario, completamente limpio.

Sobre la almohada había solamente un sobre.

Luc Lam Chau lo abrió.

Dentro encontró una fotografía antigua.

En ella aparecía Ta Chi Nhu junto a su supuesto esposo muerto.

Pero había una tercera persona.

Yo.

Mucho más joven.

Vestida con uniforme militar.

En el reverso alguien había escrito:

“Pregúntale a la familia Kieu quién dio realmente la orden aquella noche.”

Luc Lam Chau levantó lentamente la mirada.

Y entonces comprendí algo que ni siquiera la muerte me había permitido descubrir.

Ta Chi Nhu no había regresado únicamente para quitarme a mi esposo.

Había venido por mí.

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