Me sobresalté.
El dolor atravesó mi abdomen y tuve que apretar los dientes para no gritar.
La bebé despertó inmediatamente y comenzó a llorar.
—Tranquila, pequeña…
Intenté incorporarme, pero la herida de la cesárea me obligó a detenerme.
Entonces levanté la vista.
En la puerta estaba Huo Yishen.
Tenía el teléfono todavía pegado al oído.
Su respiración era agitada.
La chaqueta oscura estaba abierta y el cabello, normalmente impecable, aparecía desordenado.
Nunca lo había visto así.
Miró primero mi rostro.
Después el suero.
Luego las mantas.
Finalmente, sus ojos se detuvieron en la niña que lloraba entre mis brazos.
El teléfono descendió lentamente de su mano.
—Fu Wan…
Su voz sonó irreconocible.
—¿De quién es esa niña?
Sentí que todo mi cuerpo se tensaba.
Había imaginado muchas veces este momento.
En ninguna versión ocurría menos de un día después del parto, con una puerta destrozada detrás de él y mi exmarido a punto de casarse con otra mujer.
—No es asunto tuyo.
Huo Yishen entró.
—¿Cuándo nació?
—Ayer.
Su mirada descendió hasta mi abdomen.
Algo oscuro atravesó sus ojos.
Hizo una cuenta mental.
Lo vi comprenderlo.
—Ayer…
Repitió aquella palabra.
Después me miró fijamente.
—Nos divorciamos hace seis meses.
No respondí.
No hacía falta.
Huo Yishen se acercó a la cama.
—¿De cuántos meses estabas embarazada cuando firmamos el divorcio?
Mi corazón comenzó a golpear con violencia.
—Vas a casarte dentro de unos días.
—Te pregunté de cuántos meses estabas embarazada.
Su voz no fue alta.
Pero hizo que la habitación pareciera todavía más pequeña.
La niña seguía llorando.
La acomodé cuidadosamente contra mi pecho.
—Tres meses.
Huo Yishen quedó completamente inmóvil.
Por primera vez desde que lo conocía, vi desaparecer aquella máscara de indiferencia que parecía formar parte de su rostro.
—Tres…
Su garganta se movió.
—¿Ya estabas embarazada?
—Sí.
—¿Cuando firmaste el divorcio?
—Sí.
Cerró los ojos durante un instante.
Cuando volvió a abrirlos, había rabia en ellos.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Solté una risa débil.
—¿Para qué?
—¡Porque era tu esposo!
La bebé volvió a sobresaltarse.
—Baja la voz.
Huo Yishen se calló inmediatamente.
Aquello me sorprendió más que su llegada.
Me tomó varios segundos recuperar la calma.
—Tú querías divorciarte.
—Eso no responde mi pregunta.
—Entonces recuerda aquel día.
Su expresión cambió.
—¿Qué?
Lo miré.
—La mañana en que me entregaste los documentos del divorcio, yo tenía en el bolso el resultado del análisis.
El rostro de Huo Yishen perdió lentamente el color.
—Pensaba decírtelo durante la cena.
Mis dedos acariciaron la pequeña espalda de mi hija.
—Pero llegaste acompañado de un abogado.
Silencio.
—Me dijiste que nuestro matrimonio había sido un error y que no tenía sentido seguir retrasando nuestras vidas.
Huo Yishen apretó los puños.
—Yo no sabía…
—Exactamente.
Lo miré directamente.
—Nunca supiste nada porque nunca preguntaste.
La habitación quedó en silencio.
La niña finalmente dejó de llorar.
Entonces ocurrió algo que no esperaba.
Huo Yishen se acercó lentamente.
Miró su pequeño rostro.
Sus ojos se detuvieron en sus cejas, en la nariz diminuta, en aquella expresión seria que incluso dormida parecía demasiado familiar.
—Es mía.
No fue una pregunta.
Instintivamente abracé a la bebé con más fuerza.
—Es mi hija.
—Fu Wan.
—Tú vas a casarte.
Aquello finalmente lo detuvo.
Por primera vez recordé por qué había comenzado aquella llamada.
Su boda.
La mujer que ocuparía mi antiguo lugar.
—Vete.
Huo Yishen no se movió.
—¿Quién te dijo que voy a casarme?

Parpadeé.
—Tú.
—Te pregunté si vendrías.
—¿Qué diferencia hay?
Me observó durante varios segundos.
Después sacó del bolsillo una invitación.
La dejó sobre la mesa.
Miré los nombres impresos.
Y sentí que algo no encajaba.
El novio no era Huo Yishen.
Era su hermano menor.
Levanté lentamente la cabeza.
—Entonces…
—La familia organiza la boda. Quería invitarte personalmente porque mi abuela sigue preguntando por ti.
Sentí calor subir hasta mi rostro.
Pero Huo Yishen no parecía interesado en aquella confusión.
Solo miraba a la niña.
—¿Cómo se llama?
Dudé.
—Nian.
Su expresión se endureció.
Él sabía perfectamente qué significaba aquel nombre.
Recordar.
Huo Yishen apartó la mirada.
—Me ocultaste a mi hija durante seis meses.
—Tú me dejaste durante esos mismos seis meses.
—No sabía que existía.
—Y yo no sabía si te importaría.
Aquella frase lo silenció.
Entonces una enfermera entró apresuradamente.
—Señora Fu, ¿está bien? Escuchamos…
Se detuvo al ver la puerta.
Después reconoció a Huo Yishen.
—Señor Huo…
—Necesito hablar con el médico.
Me incorporé alarmada.
—No necesitas hablar con nadie.
Él me miró.
—Quiero saber si ambas están bien.
—No tienes derecho a revisar mi información médica.
Huo Yishen guardó silencio.
Luego asintió.
—Entonces pregúntale tú.
Aquello me desconcertó.
La enfermera revisó el suero y comprobó que la niña estuviera bien antes de marcharse para avisar sobre la puerta destrozada.
Huo Yishen continuó allí.
—Vete —repetí.
Esta vez caminó hacia la salida.
Pero antes de cruzarla se detuvo.
—Fu Wan.
—¿Qué?
Giró ligeramente el rostro.
—El divorcio no ocurrió por la razón que tú crees.
Sentí un escalofrío.
—Ya no importa.
—Importará cuando leas esto.
Sacó un sobre del bolsillo interior de su chaqueta y lo dejó junto a la invitación.
Después se marchó.
Esperé hasta escuchar desaparecer sus pasos.
Abrí el sobre con dedos temblorosos.
Dentro había una copia de un informe médico fechado siete meses atrás.
Leí la primera página.
Después la segunda.
Cuando llegué a la última línea, sentí que dejaba de respirar.
Era un informe de fertilidad.
El nombre era claramente visible.
HUO YISHEN.
Debajo aparecía una conclusión médica que explicaba muchas cosas.
Según aquel informe, las posibilidades de que pudiera tener hijos eran extraordinariamente bajas.
Por eso se había divorciado.
Había creído que jamás podría darme una familia.
Miré a Nian.
Después miré la fecha.
Algo estaba mal.
Muy mal.
Porque debajo del informe había una segunda hoja.
Una prueba realizada apenas una semana después.
Y esa prueba decía exactamente lo contrario.
Huo Yishen era completamente fértil.
Alguien había falsificado el primer resultado.
Entonces vi la firma de la persona que había solicitado mantener aquel informe en secreto.
Reconocí el apellido inmediatamente.
Era alguien de la familia Huo.
Y en ese instante comprendí que nuestro divorcio quizá nunca había sido realmente decisión nuestra.